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La glamorosa vida de las aeromozas

Programas podrían procesar los datos de pasajeros para detectar a sospechosos

Viajar alrededor del mundo con maquillaje y peinado perfectos. Itinerarios de vuelos alternados con días libres, uniformes de reconocidos diseñadores y cursos de formación en seguridad y etiqueta caracterizan los días de este reducido grupo de mujeres

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¡Bienvenidos a bordo! Con ese gentil saludo, repetido en una extensa lista de idiomas, las aeromozas de las líneas aéreas reciben a los pasajeros. Ese saludo es –quizás– uno de los hitos más importantes de la travesía, pues además de ser un ameno protocolo de bienvenida, les recuerda a los viajeros que ellas son las guías cuando se presenta alguna duda o situación de emergencia. Pero ser azafata también es un trabajo dotado de cierto halo de fantasía y misterio, un rol que durante décadas contribuyó a la independencia y reconocimiento de la mujer.

De ida y vuelta. “En tránsito permanente”. Esta frase resume lo que era –y aún es– el día a día de una aeromoza, sin rutina fija y, según la programación, con un destino diferente cada semana. Mirtha Chejin, aeromoza retirada con más de veinte años de experiencia en la antigua aerolínea venezolana Viasa, explica: “Todo comienza con el itinerario de vuelo, que cambia mes a mes e incluye rutas largas y con escalas, generalmente a Europa o Suramérica, combinadas con otras cortas que se pueden hacer en un mismo día, como por ejemplo el Caribe, y todas las conexiones que se derivan de estos”.

Así bien, entre el cambio de estaciones en los hemisferios y los husos horarios, el trabajo se mezcla con el turismo para el cual, al contar con las credenciales necesarias por los convenios establecidos entre compañías, se multiplican las opciones disponibles. Los días laborales –en aire y tierra– se alternan con los libres, “que pueden oscilar entre uno, para distancias próximas, hasta doce para el continente asiático y europeo”, señala Chejin. Ese es uno de los principales atractivos de la profesión pues, aunque se suman horas de vuelo y riesgos considerables, se visitan lugares contrastantes, repletos de sorpresas y, por demás, interesantes. Tours por las zonas históricas de grandes capitales como Londres, Praga o Buenos Aires, safaris por África, recorridos por mercaditos costeros en San Francisco y la Costa de Amalfi y la posibilidad de conocer y aprender de personas de otras culturas.

Imagen y estilo de vida. La moda y el glamour son dos aspectos frecuentemente asociados a las aeromozas. Desde los años sesenta, con el impulso comercial de los viajes en avión, el rol de las azafatas ganó en importancia, y uno de los elementos distintivos ha sido, desde siempre, la imagen. Los uniformes, en primer lugar, son piezas creadas –en la mayoría de los casos– por diseñadores de fama mundial como Christian Dior o Carolina Herrera. Tradicionalmente se componen de un conjunto de falda y chaqueta, camisa, delantal de servicio, zapatos de tacón, pañuelos como accesorios, cartera y un bolso que hace las veces de maletín de mano. “Antes se contaba con guantes y un sombrero pequeño, el clásico modelo Jackie Kennedy, con las iniciales bordadas. Ahora se puede elegir usar pantalón”, dice Chejin.

Además, el código de etiqueta especifica que el cabello debe recogerse en moños sencillos y cuidar el maquillaje. Por ende, las azafatas siempre dan una imagen impecable y representan la belleza de sus países. La elegancia se evidencia también en el estilo personal y en el comportamiento. Al viajar constantemente se tiene la ocasión de ir de compras a algunas de las tiendas y boutiques más exclusivas del mundo y estar al tanto de las últimas tendencias de la moda. Si eso se une a los cursos de protocolo y modelaje, actividades culturales como conciertos, visitas a museos y otras como la participación como extras en películas, fiestas y el trato con diplomáticos y personalidades del deporte, literatura y del jet set, se comprende porqué las aeromozas son consideradas íconos femeninos.

Profesionalismo. Si bien la figura de la azafata es mejor conocida como la anfitriona del vuelo y ayudante de la tripulación de pilotos, con un estilo de vida desenfadado, ellas también cumplen un importante papel. Mirtha Chejin dice: “Hay muchas que son profesionales universitarias, abogadas, biólogas, psicólogas y son azafatas como segundo trabajo”. El proceso de selección, hablar inglés u otros idiomas, los cursos de salvamento y simulacros de emergencia, las habilidades para moderar el comportamiento de los pasajeros, ser diligente y disciplinada, son sólo algunas de las características que las define.

Luego de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos se produjeron muchos cambios en la normativa de la aeronáutica mundial y, ciertamente, se perdió algo del encanto pasado. Sin embargo, las aeromozas han desempeñado un rol capital en la sociedad moderna. Han sido testigos de la historia, miembros de misiones para organismos de resistencia y de paz y, algo perceptible en la actualidad, han logrado igualdad laboral con respecto a los hombres. “Es una vida de fantasía en la cual puedes hacer cosas que de otro modo serían imposibles”, recuerda Mirtha Chejin. Ellas son parte de la experiencia de viajar y, una vez en el extranjero, despiden a los turistas con un familiar “¡Gracias por volar con nosotros!”.

Uniformes de museo

Los cambios a lo largo de la historia de la aviación mundial, además del estilo en los uniformes de las aeromozas y la estética femenina, se pueden observar en las exposiciones que se organizan en museos internacionales como el Arte Moderno (MOMA) en Nueva York o el Museo del Traje en Madrid. Además, están las colecciones de los museos virtuales en Internet, como el de Cliff Muskiet, con más de 1.100 piezas de 445 aerolíneas distintas.

Entre los más icónicos destaca el de United Airlines de 1968, un juvenil y corto vestido de color rojo coral con acentos en beige y acompañado de un sombrero con visera. Los patrones sencillos y mezcla de colores intensos son típicos de ese tiempo. Los modelos de Air France, diseñados, entre otros, por Nina Ricci y Muriel Philippe Farges, se distinguen por el uso de estampados menudos en los tradicionales colores de Francia –azul índigo, blanco y rojo–. Vestidos, conjuntos de falda y chaqueta y –hoy en día– pantalón y chaqueta se han renovado con dos distintivos particulares, el pañuelo de seda como accesorio para el cuello, con elegantes nudos, y los cinturones delgados, ambos sinónimos de elegancia y chic parisino.

Pan Am es otra aerolínea que forma parte de la cultura popular. Desde 1960 hasta 1991 sus azafatas se distinguieron por usar sofisticados trajes de falda y chaqueta, en color azul claro, camisa blanca, guantes y un sombrero –tipo cofia– con el logo de la empresa. Jumpers en color caqui en la década de 1970 y luego pantalones y faldas de tachones anchos combinados con camisas manga larga y, siempre, con la distintiva pañoleta se recuerdan como uno de los más populares entre los viajeros.

Fuente: http://uniformfreak.com.

Millas acumuladas
Como en toda carrera, los ascensos se suceden regularmente. Los rangos son: aeromoza de turista o sobrecargo, aeromoza de primera clase, jefe de cabina de turista, jefe de cabina se primera clase y, finalmente, coordinador general.  

Onda retro
Películas, series de televisión, aunque de corta duración como Pan Am, accesorios y piezas de vestir inspiradas en la estética de las década de los sesenta, setenta y ochenta son otras de las tendencias actuales.

Fuentes:
Mirtha Chejin
Correo electrónico: echejin@yahoo.com