• Caracas (Venezuela)

Viajes

Al instante

El exótico y fascinante delta del Orinoco

El exótico y fascinante delta del Orinoco

El exótico y fascinante delta del Orinoco

No entiendo por qué los venezolanos siguen sin atreverse a andar por estos parajes, tierra de waraos donde se pueden emprender travesías fluviales sin tráfico y admirar noches plenas de estrellas

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Se extinguen. El IVIC y el zooEn épocas remotas era tradición pedir permiso a los dioses para cortar el árbol, sólo algunos waraos ungidos por la diosa podían hacer las curiaras, había un rito de iniciación y al morir, muchos eran enterrados junto a su tronco fl otante con el cual habían surcado las aguas del delta del Orinoco, hogar ancestral de esta etnia. Pero hace unos años llegaron los "balaú" desde Guyana. Unas lanchitas de madera picuditas, sencillas de hacer, rápidas, livianas y económicas.

¿Cómo llegar? Ahora que hay un vuelo a Tucupita con Albatros es regio aterrizar en su aeropuerto más arregladito y junto al río. Ahí esperan las lanchas. Otra opción es ir hasta Maturín, tomar la carretera del sur hasta Boca de Uracoa y ahí los buscan las lanchas.

lógico Bararida se mortifi can por la extinción del cardenalito. A Hedelvy la angustia la desaparición de las tortugas.

A Thomas Blohm lo perturbaba tanto que acabaran con el caimán del Orinoco, que creó Masaguaral para reproducirlos en cautiverio. Como nunca falta un roto para un descosido, ahora están en peligro las curiaras de los waraos.

Fueron entrando con timidez hace una década. Sólo se podían "importar" de Guyana o comprarlas a algún guyanés que las hacía. Ahora son las dueñas del delta. En muchas comunidades warao las fabrican. Todos quieren la suya.

Atrás quedaron los ancestros, los dioses, el vínculo entre el indígena y su curiara. Sólo se ven las pequeñas, utilizadas por los niños para aprender el arte del remo, por las familias para navegar por los caños más angostos o por los pescadores.

Da tristeza. Es igualito a ver desaparecer los peñeros porque resuelven utilizar lanchas.

Ya ocurre en el Amazonas. Se acabó la lentitud de los bongos.

Ahora se utilizan las voladoras.

El afán es la velocidad. ¿Qué tiene de malo la lentitud? ¿Dónde queda el tiempo para mirar? La conclusión: apúrense en ir o jamás conocerán las curiaras.

En la desembocadura. Aterrizamos en el aeropuerto de Tucupita. Del avión directo a la lancha y a partir de ese instante, la vida transcurre sobre el agua. Es la plenitud. Nada quita la risa. Sólo la sorpresa al llegar al campamento Orinoco Delta Lodge. Abres la boca estupefacto.

Cada vez que voy me pasa lo mismo. La churuata principal es inmensa. Hacia un lado y otro se deslizan los corredores junto al río que conducen a las habitaciones. Son churuatas con techo de palma de temiche que se cambia cada 7 u 8 años. Llegan hasta abajo para resguardar la intimidad, pues las paredes son de tela metálica para que entre la brisa.

De noche refresca, escuchas el río, y al amanecer te despiertas con un alboroto de loros, que vuelan cerca, alguna lancha que llega y el sol. Pidan unas churuatas que están sobre el río. Son 35 habitaciones.

Ahora están terminando La Jungle Suite de dos niveles. Una delicia. Se han mantenido las construcciones con materiales de la zona. Y se asume el clima.

Que refresque el viento. No un aire acondicionado que cambia la temperatura corporal de un guamazo. Sus dueños respetan la naturaleza. La comida muy sabrosa. Las waraos se esmeran en las atenciones.

¿Qué se hace? El mayor placer es contemplar el mundo. Le siguen las travesías de río. Desde Orinoco Delta Lodge salimos rumbo al campamento Yakara, a dos horas por el río. En alguna parte nos detenemos a ver si logramos pescar pirañas.

Luego visitamos algunas comunidades. En Winamorena viven cerca de 500 waraos. Mélida teje un cejoro para atrapar cangrejos. Con mamure hacen muebles y sombreros, El pescado salado se llama paisano.

También pescan morocoto.

Con curucay curan el dolor de cabeza. Se hierve la corteza. Es desolador comprobar las precarias condiciones en las que viven. Parece que el único modernismo que ha llegado es el balaú. Además de los tanques para recolectar el agua. Y toda la basura que generan desde que llegaron las chucherías y los refrescos. En La comunidad de Las Culebritas nos ofrecen artesanía.

Nuestro guía se llama Clemente. Habla inglés para entenderse con la cantidad de checos y polacos que llegan entre septiembre y febrero.

Yakara es muy sencillo. Algunos sólo pasan el día. Nosotros nos quedamos una noche. El hospedaje es en chinchorros, todos en una churuata. Caminamos por la selva inundada para entender esta geografía tan difícil. Te desplazas entre raíces, se hunden los pies en las botas, la humedad acosa y el paisaje abruma. Lo más conmovedor fue la travesía nocturna en la lancha. Muy despacio por caños angostos y con un techo de estrellas. Recomiendo los recorridos deltanos de la gente de Orinoco Delta. Aparte de estos dos campamentos que visitamos, tienen Atlantic Lodge frente a Pedernales. Es otra experiencia. Estás muy cerca de la desembocadura, ves los restos de las exploraciones petroleras y caminas por el pueblito de Pedernales.

Sigue resultando incomprensible para mí que los venezolanos no se den este regalo de conocer y admirar la desembocadura de nuestro río mayor. Es fascinante.