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El espíritu natural de Pipa

Sobre la avenida de los Golfinhos, en la calle principal, se concentran la mayoría de los bares y tiendas de ropa

Sobre la avenida de los Golfinhos, en la calle principal, se concentran la mayoría de los bares y tiendas de ropa

En el noreste de Brasil, este poblado costeño exhibe hermosas playas con áreas para el surf y observación de tortugas y delfines. Todo lejos de las multitudes turísticas

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A 85 kilómetros de la ciudad de Natal, en el estado de Rio Grande do Norte, Pipa es un pueblito de pescadores y agricultores al noreste de Brasil que con el tiempo –y una ayudita de la naturaleza–, comenzó a dedicarse cada vez más al turismo.

Verano todo el año, la temperatura media anual ronda los 28°C, con 300 días de sol asegurado. La temporada alta se extiende entre diciembre y finales de febrero, pero se renueva en julio y agosto, cuando aterrizan los turistas europeos. Junio es la temporada baja, época de lluvias, pero de esas que se arman y desarman en un rato. La humedad se apodera del aire embriagador, pero el verano no se mancha.

Hace unos cinco años atrás, los habitantes de Pipa crearon el Área de Protección Ambiental (APA), 320 hectáreas de bosque atlántico intocable, al que añadieron una zona de amortización a su alrededor. “En los primeros 100 metros solo se puede construir 5% del terreno, en los 100 metros siguientes, 10%, y así sucesivamente. Además, en Pipa no se pueden construir más que 2 pisos hacia arriba”, explica Alberto de Sousa, al frente de la posada Alto da Pipa.

Con forma de tonel. La bautizaron así los primeros portugueses que llegaron a estas costas, cuando divisaron una roca con forma de tonel (pipa, en portugués).

Sobre la avenida de los Golfinhos, la calle principal, se concentran la mayoría de los bares y tiendas de ropa, negocios de artesanías locales y restaurantes de cocina internacional que se mezclan con otros de comidas típicas, donde por ejemplo se puede saborear un exquisito peixe con feijoada en una terraza con vista privilegiada al mar.

Desde allí, basta descender unas escaleras para acceder caminando al menos a cuatro playas. Algunas con más viento que otras; con olas y sin olas, con acantilados, más alejadas, solitarias, con cangrejos, tortugas marinas y ¡delfines!

La del centro es la más cercana, y también la más concurrida por ser la favorita de los lugareños. Allí está el fondeadero de donde salen las excursiones en lancha y funcionan numerosos bares y barracas. Vista desde arriba ofrece una panorámica excelente de la costa, ideal para fotos, pero si se busca tranquilidad seguramente no se encuentre en esa playa.

Para surfear. Caminando por la costa, a 500 metros rumbo al sur, se accede a Praia do Amor, entre las mejores cinco playas de Brasil para surfear por las características de sus olas. Cuando la marea está baja se forman piscinas naturales para nadar, pero atención, porque cuando la marea sube resulta muy peligrosa por las corrientes que succionan hacia adentro.

Hay quienes dicen que su nombre se debe a la forma de corazón que dibuja la bahía, aunque la versión más difundida cuenta que antiguamente allí funcionaba un hotel para enamorados.

Imperdible: la Biblioteca da Praia, una biblioteca con techo de hojas de palmera y una selección de los mejores autores para consultar a orillas del mar.

Un poco más al norte se accede a la Praia do Madeiro. Para llegar hay que atravesar un pedregal derrumbado junto a los acantilados que dificulta bastante el paso, pero vale la pena. Al otro lado, la vegetación avanza sobre el enorme acantilado que enmarca una de las playas más alucinantes de Pipa, por la exuberancia de la vegetación y ese tropicalismo espectacular que impregna todo el paisaje. Un punto recomendado para la práctica de surf y stand up paddle al que también se puede acceder en unas vans que salen del centro.

Para ver el crepúsculo del atardecer sobre el océano hay que llegar hasta Tibau do Sul. Basta caminar 7 kilómetros por la arena suave, y a orillas del mar verde, llenarse los pulmones de ese aire tropical embriagador.

Show de delfines

Hacia el norte, la Bahía dos Golfinhos es la más tranquila para nadar, con muy pocas olas, y una mínima estructura para pasar el día muy feliz. Entre chapuzón y chapuzón, apenas una línea de sombrillas con tumbonas, venta de cervezas, caipirinhas y pinchos de camarones. Solo es cuestión de entregarse a la contemplación bajo la sombra, tarde o temprano los delfines harán su aparición para arrancar exclamaciones adentro y afuera del agua. “Pipa es un área de alimentación, donde se forman pequeñas ensenadas que cercan a los peces; quedan arrinconados y los delfines llegan hasta aquí para alimentarse”, explica Alberto de Sousa.