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Así se escucha Miami

Fotos Archivo/TheWynwoodWalls

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Las playas y las tiendas de la Ciudad del Sol han dado paso a la música: la salsa, el pop y la electrónica definen cada zona y le aportan personalidad. Incluso la académica tiene un puesto especial

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Miami es musical. No estruendosa, musical. Su gente identifica los años ochenta como el despunte de la cultura en la metrópoli que en tiempos recientes se ha afianzado. La Ciudad del Sol dejó de ser solo playa y tiendas con descuentos tentadores. La música se ha convertido en protagonista.

La popular calle Ocean Drive es el punto de partida ideal para quien quiera conocer el corazón de Miami. Rihanna, Beyoncé, David Guetta y hasta Shakira son la melodía de fondo de un paisaje compuesto por edificaciones art déco de un lado y con el mar delineando el horizonte por el otro.

Entre restaurantes, algunas tiendas, casas convertidas en museos –como la de Versace– y hoteles llenos de historia, el bulevar de Ocean Drive se hace placentero de punta a punta.

La fama de la calle quizás provenga de su versatilidad: ha sido escenario de series policiales como CSI Miami; de películas como Caracortada, protagonizada por Al Pacino; e infinidad de videos musicales, entre ellos el grabado por los venezolanos Chino y Nacho del tema “Mi chica ideal”.

 

El arte. En una onda más clásica, las notas de Prokofiev y las de Tchaikovsky inundan por estos días las salas de ensayo del Miami City Ballet. Del 21 al 23 de noviembre, en el Dreyfoos Concert Hall del Kravis Center la compañía llevará a las tablas la trágica historia de amor de Romeo y Julieta. Y el mes que viene, del 6 al 14, los bailarines se convertirán en muñecos, ratones y hadas para dar vida a la tradicional historia decembrina de El Cascanueces.

La sede del Miami City Ballet, en Miami Beach, invita a entrar o al menos a interesarse por lo que se escucha y ve desde afuera. El salón principal tiene ventanas panorámicas transparentes por las que los transeúntes pueden curiosear.

También a la vista de todos trabajan los músicos de la New World Symphony. Con una sede estrenada hace 4 años, la orquesta de más de 57 años de trayectoria, es reconocida en Estados Unidos por hacer cooperaciones entre música académica y otros géneros musicales.

El parque que está en la entrada del edificio tiene capacidad para 2.500 personas. Algunos días, en los jardines se proyectan imágenes con música en vivo. El picnic y las mascotas están permitidos.

Con ese mismo formato, dan clases de yoga y reciben a grupos de ciclistas que terminan sus recorridos en la New World Symphony y recuperan energías escuchando buena música.

 

Otras culturas. Las calles de Wynwood, al norte del centro de Miami, son transgresoras, un lienzo a cielo abierto. Sus muros tienen grandes diseños de artistas callejeros. Los graffitis inundan las paredes de lo que solía ser un barrio de puertorriqueños.

“No Woman, No Cry”, del legendario Bob Marley, suena en más de una galería de arte, y el rostro del jamaiquino está plasmado en varias paredes. En la movida nocturna, el club indie Electric Pickle se define como un “emporio musical”, aunque sobre todo ofrece exponentes –famosos y otros no tanto– del género electrónico.

El segundo sábado de cada mes, las calles de Wynwood se inundan de visitantes que hacen el ya conocido Art Walk (caminata de arte). Las galerías abren hasta tarde, al igual que los bares.

Otro barrio latino es el de la Pequeña Habana. Allí la salsa es la dueña y señora, cada local tiene una canción diferente, pero casi todas del mismo género. Celia Cruz cantó en la plaza de la Calle Ocho poco antes de morir y en la versión cubana del Paseo de la Fama hollywoodense se incluyen artistas como Tito Puente, la propia Cruz y Willy Chirino. Hasta María Conchita Alonso tiene una estrella.

Salsa, clásica, pop o electrónica, Miami tiene un sonido para cada quien. Es cuestión de saber escuchar.