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Los encantos naturales de Taiwán

Una de las formas geológicas que se pueden apreciar en el cabo de Yehliu, denominada “La cabeza de la reina” / Foto: Diego Caballo

Una de las formas geológicas que se pueden apreciar en el cabo de Yehliu, denominada “La cabeza de la reina” / Foto: Diego Caballo

En el cabo de Yehliu, situado al noreste, en los alrededores de la ciudad de Wanli, se puede visitar la Cabeza de la Reina, imagen icónica de la isla, que es parte de otras formaciones rocosas que conforman un paisaje geológico de alto valor

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En Taiwán el atractivo turístico no se concentra en su capital, Taipei. La localidad de Tainan fue su capital entre los siglos XVII y XIX, durante la dinastía Qing, y es la ciudad más antigua del país, por lo que conserva gran número de edificios históricos y es la cuarta urbe más poblada, abarrotada de carros, bicicletas y motos. Se trata de una población costera bañada por el mar de la China Meridional.

Su clima subtropical favorece el crecimiento de orquídeas, arrozales y azúcar, y tiene pequeñas islitas menores alrededor, como Isla Orquídea, y arrecifes de coral, que es sinónimo de aguas puras.

En ella viven aborígenes que mantienen sus tradiciones y cultivan diversas clases de flores, especialmente orquídeas.

En el cabo de Yehliu, situado al noreste, en los alrededores de la ciudad de Wanli, se puede visitar la Cabeza de la Reina, imagen icónica de la isla, que es parte de otras formaciones rocosas que conforman un paisaje geológico de alto valor, dentro del parque de Yehliu.

Se trata de una pequeña península que se adentra en el océano, donde los múltiples visitantes y la tradición popular han ido bautizando las diferentes y espectaculares piedras, muchas de las cuales contienen fósiles, con evocadores nombres como nidos de abeja, rocas hongo, jengibre o rocas vela.

Los agentes atmosféricos, las olas y los tifones siguen y seguirán moldeando formas y figuras fantásticas para deleite de los miles de turistas que visitan la zona a diario.

El centro geográfico o kilómetro cero de la isla lo ocupa el Lago del Sol y la Luna. Tiene un perímetro de 33 kilómetros y es la mayor extensión de agua del interior de Taiwán. Se llama así porque la parte este tiene forma de Sol, mientras que la mitad oeste se parece a la Luna.

Sus aguas de color esmeralda y su entorno de montañas verdes hacen de este lugar romántico un destino imprescindible para los gustos más exigentes y para las soñadas lunas de miel. En el centro del lago hay una islita llamada La Luz, anteriormente isla de Jade. Se ve desde las embarcaciones que ofrecen diferentes excursiones, pero no se puede visitar al tratarse de un lugar sagrado, donde la tribu sao acude a venerar a sus ancestros. Tampoco está permitido bañarse en el lago, salvo una vez al año durante el Carnaval de Natación del Lago del Sol y la Luna, una carrera de 3 kilómetros que forma parte del calendario festivo del Lago.

A menos de dos kilómetros está el Centro de Interpretación Villa de la Cultura Aborigen de Formosa. Allí, los aborígenes, con sus atuendos guerreros, reproducen su música y ofrecen una buena gastronomía de tribus nativas de la zona.

El período colonial japonés introdujo el té negro, tan apreciado mundialmente, una variedad de té que se da muy bien en la zona gracias al microclima del lago, zona en la que también existe un centro de investigación de esta planta que merece la pena visitar.

Con más de 300 clases de peces, que incluye un salmón autóctono altamente apreciado, ofrece una flora exuberante, con perales, melocotoneros, manzanos y diversos vegetales, además del ciruelo y su flor blanca, tomada por algunos como símbolo de la isla ya que, cuanto más frío hace, más florece, como una metáfora de supervivencia y lucha.

En sus cercanías se encuentra el templo Wen Wu, único en Taiwán donde se puede ver una imagen o estatua de Confucio, además de la Escalera del Año, con sus 365 peldaños que nos conducen hasta el lago.

También es muy aconsejable visitar Isla Verde, a 33 kilómetros de la costa oriental taiwanesa, que fue penitenciaría y ahora destino cotizado turístico, donde la cárcel se conserva como museo y referencia.