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Aquel día en Roma

La capital italiana podría ser el escenario perfecto para enamorarse perdidamente, pero también para envolver de eternidad un recuerdo de profunda amistad

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- Y, ¿si paramos en Roma? – dijo Isabel sonriendo.

- ¿Roma? – respondí con otra pregunta

- Sí… ¿Te imaginas?

En un vuelo de Alitalia, con suerte, se pueden degustar helados durante todo el viaje como un abreboca a lo que se podrá encontrar al llegar a Roma

En Roma te enamoras, se come delicioso, y las fotografías quedan increíbles para las redes sociales, por supuesto. Eso sí, es para caminarla… en bus no se podría disfrutar igual a su gente: los halagos de los galanes italianos, el encanto de sus mujeres, el aroma de la comida por las veredas, ni andar a orilla del Tíber (Tevere), como quien se guía por un hilo de agua por todos los alrededores de esta ciudad europea.

Entonces, la opción es andar y andar horas por la urbe romana y descubrir sus rincones, da igual durante cuánto tiempo, bien puede ser el día entero.

Roma en 1 día. Al menos esa fue la idea de Isabel Gracia, una periodista madrileña de cabello rubio, ojos azules, delgada y de piel blanca, esta descripción no le gusta tanto como que le digan simplemente: ¡catira!, sí, a lo venezolano, tal vez le suene gracioso.

Lo cierto, es que no nos encontrábamos aquí en la centelleante Caracas, ni en la especial ciudad española en la que ella nació, si no, en Italia… y el día estuvo literalmente lleno de locuras. Solo sostenido con la cuerda de la amistad, esa que pese a todo siempre te hace poner en pie y hacer el camino.

Entre tantas cosas que se pueden encontrar en Roma, de las más memorables es por ejemplo comer gelatos (así, gelatos, sépalo decir en italiano) en las escaleras de la Piazza di Spagna frente la concurrida Via dei Condotti.

Hay innumerables gelaterias por toda Roma, la idea es encontrar una en la que se deguste un sabor artiglianal –artesanal en español–, algo que no se debe pasar por alto pues Italia es conocida como la cuna del helado –aunque Persia, China o Afganistán se disputan la paternidad–, y además Sicilia o Florencia sean popularmente conocidas como sus creadoras.

En la capital romana también se disfruta este postre. Petrini es el lugar más reputado. Los sabores van desde cioccolato, fragola o nocciola.

El recorrido continuó en la famosa Piazza Novona, construida hace casi dos milenios y recinto que servía al Certamen Capitolinum en honor al dios Júpiter. Majestuosamente decorada con tres fuentes; la de los Cuatro Ríos, que tiene un obelisco de 17 metros de alto construido en Egipto; la Fuente de Neptuno y la Fuente del Moro. La plaza está escoltada por la Iglesia Santa Inés en Agonía y el Palazzo Pamphili (actual embajada de Brasil). Por cierto, fuente se dice fontana en italiano, y al hablar de ellas se debe mencionar a la Fontana di Trevi, una construcción ambiciosa perteneciente al período barroco.

- La tradición es lanzar monedas, me cuenta Isabel de manera entusiasta.

- Entonces lanzaremos dos, contesté cómplice.

Para siempre Roma. En el histórico barrio del Trastévere, tomamos un café que nos dio la suficiente energía para seguir adelante. Hicimos una parada en uno de sus tantos mercadillos, en los que se exhibía pasta, por supuesto, de varios colores, verde, naranja, rojo; de distintos tamaños y diversas como tornillitos, redondas, o para ser específicos: rigatoni, macarrroni, tortiglioni, penne, fusilli, rotini, farfalle, etcétera. Estupendo.

Y comimos pizza, ¿cómo no? La comida rápida más reconocida a nivel internacional junto con los perros calientes. Uno tiene que probar la napolitana, que es la especialidad tradicional garantizada.

Luego de caminar durante horas, y entender el mapa, pasamos dos calles, y al girar a nuestra derecha veíamos imponente al Vaticano, se erigía magnifico ante nuestros ojos y alucinamos durante minutos. No dudamos en ver de cerca la sede de la Santa Iglesia Católica.

Hacía mucho calor aquel día, estábamos en pleno verano, aunque el bronceado de nuestras pieles obedecía a que anteriormente habíamos estado en las inigualables playas caribeñas de Venezuela.

Justamente, cuando estábamos en el centro de la plaza de San Pedro, las llamadas tormentas de agosto aparecieron y un diluvio repentino nos dejó las ropas empapadas, nos tratamos de resguardar, pero fue tarde ya. Estallamos en risas: “Dios nos estaba bendiciendo, o quizá para ser modestos ha sido que le disgustó nuestra presencia, no lo sabremos”, bromeamos.

Al final nos encontramos en el Coliseo, una de las maravillas del mundo que más impacta, pero fue el Foro Romano en la zona central– el que nos llevó más tiempo pues nos detuvimos a imaginar el Imperio que allí existió. Minutos de silencio, de fantasía, como todo este pequeño viaje, que sirvió de puente entre América y Europa.

Pues interesa poco si es en Caracas frente a la estatua ecuestre del Libertador Simón Bolivar degustando unas cocadas; en el Templo de Debod en Madrid comiendo churros; en la Iglesia de San Francisco en La Paz tomando un api, o allí admirando al Museo de Palatino disfrutando un helado… lo importante es que mires a tu vera y descubras una sonrisa de camaradería. Emancipadora, misteriosa, devota o eterna… así es la amistad.


Postre milenario

El tipo de helado dependerá del ingenio, de su elaboración. Sus sabores varían desde el vainilla –que hace pareja ideal con casi todos los demás–, el chocolate o las avellanas. Se debe disfrutar su textura, la sensación de frío a caliente en el paladar, lo cremoso, etéreo y sublime que puede llegar a ser este postre milenario y ladrón de miradas y gustos que lo convierte en el amigo perfecto de alegrías, nostalgias, pecados y deseos.