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La ciudad de Pilsen es más que cerveza

Todo converge en una inmensa plaza rectangular, dominada por la Iglesia gótica de San Bartolomé / Foto: EFE

Todo converge en una inmensa plaza rectangular, dominada por la Iglesia gótica de San Bartolomé / Foto: EFE

Este año la ciudad checa comparte con Mons, en Bélgica, el título de Capital Cultural de Europa. Es un destino turístico que ofrece arte y espectáculos en los más diversos escenarios

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Con unos 600 eventos, la ciudad de Pilsen, en la República Checa, famosa por la calidad de sus cervezas, se presenta este año como Capital Cultural Europea convertida en un luminoso y distendido destino turístico que ofrece arte y espectáculos en los más diversos escenarios.

Con 168.000 habitantes, está ubicada al suroeste de Bohemia y a 82 kilómetros de Praga. Fue fundada a finales del siglo XIII y está asentada sobre cinco ríos: Mze, Radbuza, Úhlava, Úslava y Berounka.

La calidad de sus aguas subterráneas espoleó a los maestros cerveceros desde antaño a cocer y fermentar la bebida dorada, casi siempre al estilo de la lager bávara, un tipo de cerveza que es almacenada en bodegas durante la última fase de su formación.

La Pils pesa. Tanto, que la empresa Pilsner Urquell, fundada a mediados del siglo XIX y hoy integrada en la multinacional SAB Miller, es el patrocinador principal del certamen cultural, además de actividades científicas y de beneficencia.

Con obras de teatro, conciertos, exposiciones, eventos y composiciones de luz en lugares públicos, Pilsen reivindica una imagen de marca más allá del símbolo de su cerveza y su industria de bienes de equipo.

Teatro y parques temáticos. Entre las exhibiciones destaca el Festival de la luz, que alegra por la noche el panorama de la ribera del Radbuza, así como el videomapping (espectáculo artístico que proyecta imágenes de 3D a superficies reales) sobre la fachada del Museo de Bohemia Occidental.

Varias naves industriales en desuso, que pertenecen por ejemplo a una papelera, cervecera o depósito de autobuses, han sido transformadas en centros de la cultura con otros tantos montajes de luz, bajo el lema Factorías de la imaginación.

Un teatro de nueva planta, bautizado como Josef Kayetan Tyl (DJKT), nombre del autor dramático y periodista que escribió la letra del himno nacional checo Kde domov muj (Donde está mi hogar), ha comenzado su actividad con dos auditorios.

 

El edifico, que alberga la Nueva Escena (460 asientos) y la Pequeña Escena (120 asientos), sigue un diseño del arquitecto racionalista alemán Ludwig Mies van der Rohe, y se suma al Gran Teatro (444 asientos), de estilo neorenacentista, fundado en 1902.

“Pilsen es una gran metrópolis en términos nacionales, y aquí el teatro tiene un rica tradición”, explica Blanka Kremenova, del DJKT, que los naturales de Pilsen apodan Emmental, en alusión al queso de ese nombre, por la forma agujereada de su fachada.

“Los abonados envejecen y hay que buscar reemplazos. Por eso nos orientamos al espectador joven a través de funciones en la Pequeña Escena que son más de cámara, de vanguardia e independientes”, explica Kremenova.

Las ideas han sido otro de los polos temáticos de la capitalidad cultural, y han inspirado -no solo con ocasión de este certamen- varias iniciativas, entre las que destacan los parques temáticos para enseñar la ciencia de forma amena (Techmania y Planetario).

Es la misma línea hay también centros de creación artística y diseño o la renovación de exquisiteces arquitectónicas que en su tiempo marcaron una vanguardia, como los interiores de Adolf Loos.

Techmania acoge muestras permanentes como el Edutorium (Física, Química, Óptica) y temáticas sobre energías renovables, el hombre contra el animal, el mundo acuático, y otras temporales como Movie World (El mundo del cine).

Pilsen quiere crear condiciones para que vuelvan a surgir aquí las ideas, como la entonces novedosa receta Pilsner Urquell, una cerveza con personalidad propia que desde 1842 ha contribuido a hacer más conocido el nombre del lugar.

Por esas mismas fechas, un científico local, Frantisek Krizik, perfeccionó la lámpara de arco voltaico, predecesora de la bombilla.

Y el ingeniero pilseano Emil Skoda aprovechó el bagaje industrial para crear su emporio Skoda, con cuya acería se pudieron hacer partes de barcos comerciales y de guerra, y equipos para azucareras.

Skoda se orientó luego a locomotoras, trolebuses, tranvías, turbinas, maquinaria textil, máquinas herramientas y equipos para centrales nucleares.

Pero la ciudad no es solo cerveza e industria. Tiene también rincones coquetos, algunos de los cuales han aprovechado esta sonada efemérides para sacudirse el polvo del tiempo y el desinterés por el arte vanguardista que prevaleció durante el régimen comunista.

“Hace diez años era una ciudad gris” y si atraía a alguien, era a empresarios del ramo de bienes de equipo, o a amantes de la cerveza, reconoce Adela Kusilikova, una portavoz del ayuntamiento de Pilsen.

Atractiva arquitectura. De paseo los aledaños de las viejas murallas se pueden visitar parajes curiosos, como el parque Pilsen-Venecia, un teatro al aire libre con el gran mural Teatro del Mundo, que habla de los anales de la ciudad, o casas de solera de estilo secesión y ecléctico y que han sido remozadas.

Callejeando por la ciudad medieval, que tiene un perímetro de 2,8 kilómetros, todo converge en una inmensa plaza rectangular, una de las mayores del país, dominada por la iglesia gótica de San Bartolomé y rodeada por fachadas de bella factura, algunas renacentistas, como la del ayuntamiento, si bien la mayoría son barrocas o posteriores.

En una de las capillas exteriores de la catedral hay una imagen del Querubín de la suerte, donde los lugareños acuden a formular deseos mientras soban la imagen del ángel, ya muy desgastada.

De los catorce pisos y casas que el arquitecto Adolf Loos (1870-1933) diseñó en Pilsen, la ciudad ha logrado recuperar hasta ahora cinco. Loos diseñó sobre todo casas, y casi en ningún lugar se han conservado sus diseños interiores.