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El carnaval también apasiona en el Mediterráneo

Carroza The King of Music durante un desfile del año pasado / Foto EFE/Sebastien Nogier

Carroza The King of Music durante un desfile del año pasado / Foto EFE/Sebastien Nogier

Arropada por la brisa suave del Mediterráneo y como contrapunto previo a la austeridad cristiana de la Cuaresma, la localidad de Niza celebra desde la Edad Media el carnaval más afamado de Francia, este año entre el 13 y 28 de febrero

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Durante dos semanas de invierno, entre los próximos 13 al 28 de febrero, gigantes, cabezudos, carrozas y flores sumergirán la ciudad francesa de Niza en una farándula de guasa y poesía visual a cargo de los artesanos que, cada año, diseñan las gigantescas carrozas a partir de moldes recubiertos de papel pintado, que se mueven mecánicamente al ritmo de la algarabía callejera.

Aunque la primera mención al carnaval de Niza data de 1294, cuando Charles d'Anjou, el conde de la Provenza, indicó haber pasado “los alegres días de carnaval” en esa ciudad bañada por el Mediterráneo, el primer cortejo se organizó formalmente en 1830 y se considera que el carnaval, en su forma moderna, data de 1873, cuando Andriot Saëtone fundó el Comité de Fiestas.

Desde entonces, y con las únicas interrupciones de la dos Guerras Mundiales y de la guerra del Golfo pérsico en 1991, la localidad fundada por el emperador romano Augusto en el año 14 a.C. con el nombre de Cemenelum se convierte, cada año, en el epicentro carnavalesco de la Costa Azul francesa.

Su programa que se apoya en tres grandes eventos: la fantasía diurna de las carrozas del desfile Corso Carnavalesco, la animación nocturna en torno a esos gigantescos carros cargados de desenfreno y, por último, la original Batalla de Flores.

La ciudad, con Plaza Masséna como núcleo del jolgorio, se entrega a 18 carrozas alegóricas de hasta 16 metros de altura, con un diseño acorde con un epígrafe temático que varía cada año y que subraya que “cada carnaval es una producción original y efímera”.

La edición de 2016 estará consagrada al “Rey de los medios de comunicación” y se desarrollará del 13 al 28 de febrero, en competencia directa con el normando carnaval de Dunkerque, el otro gran foco de las fiestas de disfraces invernales en Francia, que fundamenta su hidalguía en las juergas de los marineros antes de desaparecer durante meses en las frías aguas del atlántico.

En Niza, donde la puesta en escena del carnaval prima sobre el sabor popular de su réplica en Dunquerque, más de un millar de músicos y bailarines desfilarán por la Promenade des Anglais (Paseo de los Ingleses) al ritmo de las carrozas.

Estas las confeccionan cada año y durante meses en los talleres de la Maison du Carnaval, donde los artesanos se esmeran en un quehacer con parecido no tan lejano a las Fallas de Valencia (España), pero sin fuego mediante.

Este año Niza explorará el tema de la libertad de expresión, con caravanas dedicadas a la telerrealidad y a las mediáticas vidas del expatrón del Fondo Monetario Internacional (FMI) Dominique Strauss-Kahn y del exprimer ministro de Italia Silvio Berlusconi, mundialmente famosos por el impacto de sus correrías sexuales en la prensa.

Pero el descontrol carnavalesco, laxo en la redención de los pecados, tendrá una nota triste en 2016: estará envuelto por un importante contingente de seguridad por la amenaza terrorista que pesa sobre Francia, en estado de emergencia desde los atentados yihjadistas del pasado 13 de noviembre en París.