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Una bitácora de Positano

Positano en Italia

Positano en Italia

Ese pueblo de casas pintadas de atardecer que miran al azul del Mediterráneo es uno de los encantos de la Costiera Amalfitana. Acá, un decálogo de pistas imperdibles para descubrirla entre sus callejuelas de paredes blancas y trinitarias coloradas

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Bajo la pérgola de trinitarias. En ese pasillo que lleva al mar en Positano, justo bajo la pérgola de enredadas y coloridas bouganville , que es como le dicen en italiano a las trinitarias, hay varios mercaderes mediterráneos. Desde mesas y exhibidores que reposan en las paredes de esa caminería, en las que las trinitarias apenas dejan cernir la luz del sol, se consiguen exquisitos abalorios de las antípodas: pulseras africanas, zarcillos turcos, anillos marroquíes. Uno contiguo al otro, los puestos asoman amatistas en tallas, corales en ramas, cuentas de turquesas. Ostentan una fascinante selección de collares y brazaletes traídos desde Grecia hasta Egipto. No es difícil revisar el inventario de cada puesto para descubrir una bella excentricidad. Hay que comparar precios y no hay que olvidar regatear un poco.


2
Un bocado mediterráneo. Al momento de una pausa para tomar descanso y degustar alguna especialidad de la región en la Via dei Mulini, con más de seis décadas de prosapia, está La Zagara, una pasticceria típica que desde 1950 presume de una producción que sale de sus propias cocinas. Allí se puede ir por un bellini o rossini a la caída del sol, por un panino capresa , un saltimbocca de prosciutto y mortadela o una pizzetta Margherita . Para consentir el paladar se puede ordenar una panna cotta , un cannolo siciliano, una delizia a limone propio de la Costiera Amalfitana o algún babá napolitano en sus versiones al ron o rellenos de panna .


3
La cúpula que gobierna el mar. Peldaños abajo en las estrechas escalinatas custodiadas de mercaderes está la breve plaza Flavio Gioia, con un mirador desde el que se puede ver el azul de las aguas del mar Tirreno. Frente a la plaza y bajo el cielo del Mediterráneo está la iglesia Santa Maria Assunta que recibe visitantes a diario.

El templo amarillo, el de la cúpula mayólica que brilla con el sol, el que gobierna a Positano, el de la leyenda de los marineros, el de la Madonna que quiso quedarse en ese rincón de la costa, está allí desde el siglo X para quienes quieran lanzar una plegaria cerca del mar.


4
Los fazzoletti de Positano. No hay que abandonar Positano sin algún fazzoletto , las típicas pañoletas italianas de bellas fantasia , que es como le dicen los del país de la bota a los estampados. Un ítem para no olvidar y para buscar bien en los comercios de la zona. Los clásicos son los de prints florales y de bacterias, pero son muchos los modelos para elegir. Hay que contar con un fazzoletto para amarrárselo en la cabeza o cubrirse el cabello y completar el look veraniego. Algunos comercios se han valido de los tradicionales fazzoletti para diseñar bermudas, shorts, vestidos y hasta trajes de baño.


5
En Vespa por la Costiera. La trepidante vía de la Strada Stadale 163, con sus curvas de vértigo y la infinitud del mar Tirreno al borde, invita a los más aventureros a un apasionado paseo en scooter por ese asfalto temerario en sinuosidades y generoso en panorámicas de excepción.

Una expedición excitante en motorino , a la italiana, en una clásica Vespa que alquilan por día, es sólo para diestros al volante. Los miradores dan una pausa al recorrido para ­en ese sosiego de las emociones­ poder contemplar el avasallador azul que abraza la costa en su inmensidad.


6
Perchero veraniego. Camino arriba por las calles de Positano justo al borde de una curva, en la vía Pasitea, está La bottega di Brunella, un negocio con 40 años de tradición en costuras de autor. Allí tienen una selección de diseños veraniegos ajenos a los comunes con cortes modernos y líneas avant garde en textiles ligeros como el lino, el algodón, la seda y el rame, todos traídos de la región de Caserta. Los tejidos no faltan en las propuestas de esta boutique que cuenta al fondo con su propio laboratorio de diseño en el que lavan los textiles para generar nuevas texturas y hacen experimentos con teñidos artesanales.

7
Una escapada a Capri. En la orilla de Playa Grande es posible la aventura a la isla de Capri para ir en un paseo de ida y vuelta o para quedarse un par de días.

En un kiosco anuncian los horarios y la cantidad de viajes que hacen a diario y que cambian según la temporada. Si la intención es ir por una jornada una opción es consultar un tour para recorrerla con un guía. La travesía entre Positano y Capri en ferry toma entre 30 o 40 minutos. Hay que anticiparse a hacer una reserva con tiempo y consultar siempre los días de huelga, que no faltan.


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Un limoncello en la maleta. El orgullo de la Costiera Amalfitana, el limoncello, es elaborado con los limones de la región, esos sembrados en los despeñaderos al borde de la Strada Stadale 163 que mira al Mediterráneo. En Positano las presentaciones de limoncello son innumerables, se consiguen en botellas en tamaños variados en los comercios de la calles de lado y lado. No hay que dejar de llevar al menos una botella en la maleta.


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La buona tavola . El buen gusto de la mesa positanese se descubre en las terrazas de los restaurantes frente a Playa Grande o en algún rincón de las calles de esta aldea frente al mar que es Positano. Basta con leer las pizarras o menús de entrada de las trattoria para anticipar la buena cocina que allí se consigue, en la que los pescados frescos no faltan. Todo con los sabores propios de las especias de la región que cultivan en sus montañas. En una pausa después de horas bajo el sol Mediterráneo se puede ir por alguna fritura de calamares o de camarones.

Otra opción es una frittura di paranza , hechas de pescados pequeños. Y entre las especialidades al dente están los bavette al granchio ­ bavette al cangrejo en salsa o en blanco­ o un spaghetti con pomodorini e basilico , elaborados con tomates cherry como los tipo piennolo que cultivan en Montepertuso y un puñado de albahaca fresca.

10
El monte de la Virgen. Un poco más arriba en Montepertuso, a 1.137 pies del nivel del Mediterráneo, y después de 1.500 escalones, está el monte Gambera, "la montaña del hueco", una formación rocosa de más de 500 metros de altura con unos hoyos naturales como pocos en el mundo. Esa montaña sagrada para los creyentes fue el escenario, según la leyenda, de la batalla entre la Virgen y el Diablo. Se puede organizar un tour en una visita guiada, sentarse en la mesa de alguna trattoria antes del trayecto y los aficionados a los deportes extremos pueden consultar las actividades de montañismo.