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Los atractivos misterios de Nemrut, en Turquía

Las reliquias arqueológicas de Nemrut, en Turquía | EFE

Las reliquias arqueológicas de Nemrut, en Turquía | EFE

Las frágiles estatuas de dos mil años aún aguardan por una solución para resguardarlas

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Leones y águilas, reyes y dioses rodean una montaña artificial de unos 50 metros de altura, un perfecto cono. Es el Monte Nemrut en el sureste de Turquía, un lugar donde se cruzan la Grecia clásica y los reyes persas, la arquitectura y los misterios arqueológicos.

Nemrut, un monte artificial a 2.200 metros sobre el nivel del mar, es una instalación del siglo I a.C., erigida por el rey Antíoco I de Comagene, un reino que fusionaba tradiciones helénicas, persas y armenias.

Se cree que la tumba del propio rey se halla en el interior del impresionante cono, de 50 metros de alto y 145 de diámetro, pero es imposible de excavar: toda la colina consiste de pequeños fragmentos de piedra entre las que no se pueden abrir zanjas ni galerías sin destruir todo el monumento.

A pesar de que no se ha podido revelar el misterio, lo que queda a la vista es suficientemente impactante: decenas de esculturas talladas en piedra calcárea que siembran sendas terrazas al este y al oeste del imponente cono.

En cada terraza, una hilera de pedestales y cuerpos construidos con toscos bloques de piedra componen lo que antiguamente debió de ser un impresionante desfile real, flanqueado por águilas y leones, pero los dos mil años transcurridos no han dejado títere con cabeza.

Al pie de los zócalos están las testas: caras bigotudas con extraños gorros puntiagudos que representan a Zeus, Hércules, Apolo o sus equivalentes persas y zoroastras, una diosa identificada como Comagene, la patrona del reino, y desde luego el propio rey Antíoco.

El lugar está inscrito desde 1987 como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, que destaca su “valor artístico único” y describe “la creación del paisaje del monte Nemrut como una de las empresas más colosales de la época helenística”.

El monte es parque natural desde 1988 y ha sido acondicionado para las visitas con una carretera asfaltada, un pequeño complejo hotelero y de tiendas a una respetuosa distancia del monte, así como dos caminos que facilitan un ascenso a pie de unos diez minutos hasta los recintos históricos.

Pero no hace falta ser experto para distinguir las enormes grietas en la porosa piedra calcárea de las impresionantes cabezas que parecen acusar sus dos mil años a la intemperie.

Al rescate

La profesora Nerihan Sahin Güçhan, de la universidad ODTÜ de Ankara, tiene una idea para salvar las estatuas: junto a su equipo ha desarrollado un mortero que puede consolidar la superficie de la piedra calcárea y arenisca y protegerla contra la erosión. Además propone cubrir las estatuas durante los cuatro meses de invierno, en los que el lugar está cerrado a las visitas, para evitar que la nieve se cuele en las fisuras y se produzca el nocivo ciclo de infiltración, congelación y fundido.