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El acento inglés de Mary Shelley

La urbe era un frecuentado destino de verano a principios del siglo XX

La urbe era un frecuentado destino de verano a principios del siglo XX

La autora de Frankenstein está enterrada en esta ciudad a la que acuden muchos estudiantes a aprender la lengua de Shakespeare. Un enclave costero encantador y muy british

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Por las calles de esta ciudad es habitual encontrar grupos de estudiantes paseando o tomando el lunch entre clase y clase de inglés. Con 183.000 habitantes y situada en el sur de Inglaterra, en la costa de Dorset, Bournemouth fue un frecuentado centro de veraneo a principios de siglo XX y ofrece un interesante patrimonio art déco y playas magníficas. Su aeropuerto está conectado con diversas ciudades españolas a través de compañías low cost.

Huevos revueltos, salchichas y té. Nada mejor que comenzar la jornada con un opíparo desayuno estilo inglés en uno de los pubs más tradicionales y frecuentados por los estudiantes de Bournemouth por sus precios ajustados y Wi Fi gratis. El Mary Shelley se encuentra justo delante de la iglesia de St. Peter’s (1844), en cuyo cementerio está la tumba de la escritora de Frankenstein, Mary Shelley (1797-1851), que reposa junto a su marido, el poeta Percy Shelley (el hijo de ambos construyó una casa en la ciudad, pero la autora nunca la habitó).

Un globo aerostático. Bournemouth está hecha de jardines. Los más pequeños, pero más céntricos y concurridos, son los Lower Gardens, nexo de unión entre la zona de ocio del Pier, junto al que se halla el Oceanario, el área comercial de The Triangle, que alberga la agradable Bournemouth Library, y The Square, centro vital de la ciudad. Merece la pena hacer un alto en el café anexo a la biblioteca, donde sirven cualquier tipo de té, sándwiches y pies caseros deliciosos. Si el sol acompaña, puede hacer un picnic en Lower Gardens y disfrutarlo sentados en la hierba bajo un enorme globo cautivo, el Bournemouth Baloon, que se ha convertido en el símbolo de la ciudad (precio de vuelo, adultos: 14,59 euros; niños: 8,75).

La gran plataforma de madera. Paseando por Lower Gardens hacia el sur se llega al Bournemouth Pier, una extensa plataforma de madera sobre el mar, al más clásico estilo de Brighton, y que vivió mejores tiempos. Alberga algunas atracciones, tiendas y un teatro. Cerca de allí se alquilan bicicletas para recorrer uno de los senderos urbanos más bonitos que existen. Bournemouth posee más de 11 kilómetros de playas de arena blanca. Para llegar hasta el otro Pier, el de Boscombe –un popular y activo barrio–, se toma el Undercliff Drive y se pedalea poco más de tres kilómetros. Casetas de madera de principios de siglo, pintadas de alegres colores –algunas originales–, acogen a familias enteras que acuden a la playa con la quimera de broncearse. Al llegar a Boscombe, y tras tomar una pinta de cerveza en cualquier pub, se vuelve al punto de partida, pero esta vez por el Overcliff Drive. El sendero, que discurre por encima de los acantilados, descubre una ciudad distinta, la de las mansiones construidas a finales del siglo XIX y principios del XX por los acaudalados veraneantes londinenses. Entre ellas destaca el caserón de los Russell-Cotes, hoy museo.

El sello de Bill Bryson. Antes de abandonar el palacete tome un refresco en la terraza que da al jardín, más que nada para sentir que se pertenece a otro tiempo. Se sigue por Bath Street hasta el Bournemouth Pavilion. Construido en 1920, encarna la vida cultural de la ciudad. Es teatro, cine, sala de fiestas, lugar de encuentro para cualquier acto social mínimamente trascendente en Bournemouth, y es la sede principal del Arts Sea Festival, que en 2013 va a celebrarse entre el 20 de septiembre y el 12 de octubre. Una vez devuelta la bicicleta, dedique  un par de horas a las compras por las calles Old Christchurch, Gervis Place, Comercial Road y The Arcade. En este pasaje cubierto no se resista a la tentación de entrar en la librería Waterstones, con una completísima sección de libros de viaje encabezada por Bill Bryson, el viajero y escritor norteamericano que tanto ha hablado sobre Dorset y Bournemouth.

Palacetes art déco. La ciudad posee un patrimonio de edificios art déco a tener en cuenta. La mayoría se construyó entre 1920 y 1940, siguiendo la estela del polifacético arquitecto escocés Charles Rennie Mackintosh (1868-1928). Cerca del centro, en Richmond Street, está la antigua sede del periódico local The Echo, y el paseo por los senderos del East and West Cliff descubre simetrías, tipografías y bellos interiores déco. El hotel The Cumberland, aunque restaurado, conserva intacta su fachada. Se puede tomar algo en el Ventana Bar, con vistas magníficas al océano, gracias a su emplazamiento en la parte alta del East Cliff.

Isla de boy-scouts. A 10 minutos en autobús desde el centro de Bournemouth hay dos localidades marineras cuya visita es muy aconsejable. En el oeste se halla Poole, junto a una gran bahía que es uno de los puertos naturales más grandes del mundo. En medio destaca la isla Bronwsea, a la que se accede en transbordador. Hace más de cien años, Robert Baden-Powell, el creador del movimiento Boy Scout, eligió esta isla del condado de Dorset para organizar el primer campamento. En el extremo opuesto a Poole está Christchurch, otra interesante población portuaria con las ruinas de un castillo normando, el palacio neogótico de Highcliff Castle (1830), el monasterio medieval The Priory (1093) y un casco antiguo al más puro estilo inglés.

Lillie Langtry. De vuelta a Bournemouth, prepárese para una experiencia real en el Langtry Manor, un hotel encantador ubicado en un edificio de 1877 que fue construido por el príncipe de Gales y futuro rey Eduardo VII para su amante oficial, la actriz Lillie Langtry. Los sábados sirven el llamado Banquete Eduardiano, con cocina muy a la inglesa. Otra opción no menos británica es desplazarse hasta el otro extremo de la ciudad, en Westbourne, y probar uno de los mejores fish & chips en Chez Fred, toda una institución en Bournemouth. Después de la cena, y para acabar la noche, se toma un taxi para llegar a la siguiente parada, el Chaplin’s & The Celler Bar de Boscombe.