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Emergencia en el AF 368

Avión de Air France/AFP

Avión de Air France/AFP

Air France sorteó con tanta habilidad un problema técnico entre París y Maiquetía que evitó una situación de pánico colectivo

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Ese domingo, cerca de 300 pasajeros embarcaron en ParÍs en el Airbus de Air France identificado con el número AF368. La aeronave los traería a Caracas luego de cerca de 9 horas de travesía a 33.000 pies de altura sobre el Atlántico.

No habían transcurrido sino pocos minutos después del despegue cuando el capitán de la nave anunció a sus pasajeros que, debido a una avería en el sistema de agua caliente del equipo, no podrían servirse bebidas calientes durante el vuelo. Una sucesión de hechos fortuitos, posteriormente, fueron sumándose a lo largo de las primeras horas para trastornar ligeramente la comodidad de los viajeros. El agua caliente en los baños dejó de funcionar, las pantallas de los equipos de video se fue a negro en buena parte de la aeronave, la luz de los pasillos amenazó con apagarse en más de una ocasión.

En la cabina del piloto, sin embargo, venían haciéndole frente a una seria contingencia. Una fuga incontenible de agua que amenazaba la seguridad del vuelo. Fue así como, ya bien adentrados sobre el océano que separa a Europa de América, el jefe de la aeronave decidió informar a los pasajeros de las novedades: “Tenemos que hacer regresar nuestra aeronave al aeropuerto más cercano, a la base militar de Lajes en las islas Azores en Portugal, debido a que una indetenible fuga de agua en la cola del avión pudiera causar inconvenientes indeseados de carácter eléctrico a nuestro vuelo”.

Para los 300 pasajeros, observar a través de las ventanillas el vaciado de la carga de combustible –lo que era indispensable para llevar a cabo un aterrizaje de emergencia seguro– fue un evento intranquilizante. Sin embargo la serenidad del lenguaje usado por los diestros comandantes y la información precisa, suficiente y detallada de los hechos sobrevenidos que fue suministrada a las personas allí atrapadas, fueron capaces de transmitir la seguridad de que la situación estaba siendo manejada técnica y profesionalmente de la mejor manera. Una hora más tarde el Airbus se posaba en la pista del aeropuerto de Lajes sin que un solo incidente de pánico se hubiera producido.

Lo que hubiera podido ser una dramática experiencia en el vuelo 368 no pasó de ser un episodio que permitió a todos los viajeros percatarse de lo vital que puede ser un abordaje adecuado de una crisis en la que, en todo momento, la seguridad y la tranquilidad del pasajero fue esencial y prioritario. Al desembarcar en Maiquetía, esperaba a cada pasajero una carta personalizada de Air France presentando excusas por el inconveniente.