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Zagreb ofrece un museo único para la diversión

Todos pueden participar en las ilusiones / Foto EFE

Todos pueden participar en las ilusiones / Foto EFE

El de las Ilusiones es un museo, donde uno se puede divertir y aprender al mismo tiempo

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Los turistas que visitan Zagreb deben incluir en su agenda el Museo de Ilusiones, único en toda la región, si quieren experimentar una diversión creativa y educativa para todas las edades.

“No van a creer sus ojos lo que van a ver”, promete la joven guía Dragitza Rastegorac, peruana de orígenes croatas que hace un año vive y trabaja en Croacia, pero que se dirige a los asistentes solo con su cabeza, sin cuerpo.

Tras esas primeras palabras, esa cabeza asegura que no hay que llamar a la policía ya que es parte de un cuerpo completo, y la guía aparece acto seguido de cuerpo entero.

Se trata de una de las ilusiones que cada visitante puede probar personalmente, y de todo se pueden hacer fotos y grabar videos.

“Éste es el primer Museo de Ilusiones en esta parte de Europa. El de Barcelona es el primero más cercano, y también hay uno en Londres, pero son diferentes”, explica Rastegorac.

Con más de 70 muestras, este mundo fascinante de imágenes y sensaciones que carecen de verdadera realidad pero que son sugeridas por los sentidos, hace vivir lo imposible, hasta el punto de no creer lo que se ve. Se trata de un museo interactivo y educativo que invita a los visitantes a participar, tocar, y si quieren, bailar y chillar.

Y es también educativo, ya que cada muestra tiene su explicación científica de cómo y porqué se produce la ilusión. Enseña mucho acerca de la percepción humana y el funcionamiento del cerebro, y nos hace recordar que todo lo que vemos y percibimos, son al final solo suposiciones.

En los dos pisos de este museo situado en el centro de Zagreb se exponen más de 40 ilusiones ópticas y una de las mayores colecciones de hologramas en Europa, incluidos retratos y “horror-gramas”.

Al bailar una muchacha en el Infinity Room (habitación infinita), los espejos la convierten en 1.111 danzantes que se interponen y suceden en un juego infinito.

Uno puede ver lo que es un pozo sin fondo, agua que corre hacia arriba, y marearse al caminar por la habitación antigravitación como si perdiera el suelo bajo los pies, diversión inmensa para los niños.

Un muchacho intercambia narices con su novia en un extraño espejismo, y otro visitante ríe de sorpresa al agarrar pleno vacío cuando trata de levantar el camión-juguete que está delante.

Un pequeño vive por fin el momento de convertirse en gigante y su gran hermano mayor en enano.

“Quería ver qué hacer con mi niña en Zagreb... no quise un típico museo de arte histórico. Este nos encanta”, dijo una visitante de Colombia, acompañada de su hija y madre.

Se ofrece también un “centro fitness para el cerebro”, con enigmas, rompecabezas extraños y juegos didácticos, cuyas réplicas pueden comprarse a la salida.

La última ilusión que quiere provocar en el museo, y que bien lo logra, es que el tiempo vuele: una o dos horas se pasan como si fueran diez minutos, tal es la fascinación y concentración de los visitantes.