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Zacatecas corazón de plata

Un tren lleva a los visitantes 500 metros hacia el centro de la cantera, que hoy luce como museo  | Foto Visit Mexico

Un tren lleva a los visitantes 500 metros hacia el centro de la cantera, que hoy luce como museo | Foto Visit Mexico

Una de las ciudades coloniales mejor conservadas de México, invita a sumergirse en antiguas minas  devenidas en museos y discotecas

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Zacatecas, que el poeta Ramón López Valverde imaginó con “rostro de cantera y corazón de plata”, es un vergel de callejuelas empedradas en caprichoso ordenamiento que se pelean para erigirse como la mejor postal de la ciudad que las cobija. Reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1993, la traza lleva puestas las marcas de la prosperidad hispánica. La plata bañada por la noche –y una iluminación que redobla su esplendor– configura el entorno de una novela de época.

Su ubicación estratégica –centro norte del país– le granjeó a Zacatecas y a la cercana ciudad de Guadalupe un papel fundamental en el proceso de conquista y evangelización del país. Pero fueron las riquezas del subsuelo las que la catapultaron como capital de la minería mexicana, un status que detentó durante cinco siglos. De aquellos años hasta hoy reviste como uno de los mayores productores de plata del mundo, aparte de guardar galerías de cobre, oro, zinc, ónix o piedras preciosas únicas como la wollastonita, gema presente solo en la India y Estados Unidos.

Ese tramo de la historia se evoca a través de la visita a la mina El Edén, epicentro de la actividad minera desde 1586 hasta 1960 y reconvertida en uno de los mayores atractivos de la ciudad. Los turistas pueden acceder a su cuarto nivel, ya que los tres inferiores están inundados, para recorrer un trayecto de más de medio kilómetro.

Un tren lleva a los visitantes 500 metros hacia el centro de la cantera, que hoy luce como museo y representación de su saga de pico y pala en busca de sus perlas. Cuando se inauguró hace diez años, su puesta en valor incluyó la apertura del Mina Club, única discoteca en el mundo inserta en un yacimiento.

El paseo prevé la visita a un museo de minerales de todo el mundo, con piezas de belleza sobrenatural, como una catedral de cuarzo, cascos de baquelita, la lírica de la criptonita, el ágata o la galena, que destella como los trajes de luces de los toreros. En el medio interrumpe la marcha la escultura de un buscador de oro. Los guías repiten a coro que quien toque las pepitas con la mano derecha se hace rico.

Las paredes reflejan, como un queso gruyère, las dentelladas de siglos de machaque en busca de brillo. En una de las vetas hay un santuario que homenajea al Santo Niño de Atocha, protector de los pequeños, fundamentales en la cadena de montaje de la extracción. En otra está esculpida la figura de Roque, una leyenda inspirada en un gobernador, creada para crear temor entre la tropa y evitar los robos.

 

Desde el cielo. Al salir de la mina y volver a la superficie, los visitantes se encuentran con un teleférico que permite avistar la ciudad desde otra perspectiva y descubrir las tramas de su pasado. Puesto en operaciones en 1979, el teleférico da la medida de todos los entreveros fraguados en la historia y sus respectivas traducciones arquitectónicas. El dispositivo planea en la misma área poblada por los indígenas zacatecos que prestaron el nombre a la ciudad, a la provincia y al Estado.

Irrumpen en cámara lenta los asentamientos de las más diversas órdenes religiosas que mutaron en cárceles o escuelas según las circunstancias. O las edificaciones barrocas que pasaron a ser neoclásicas por recomendación de los borbones. También los asomos de gótico, los vestigios de la Inquisición y el pulso del tiempo que difumina las penas y embellece el conjunto. El centro histórico y su entorno son el foco de este paseo de aproximadamente 700 metros.

Desde arriba destella la bella catedral del siglo XVIII, sonrojada de piedra caliza por la luz del sol, la Ciudadela del Arte, el Archivo Histórico de Zacatecas y el trayecto finaliza en la explanada del cerro de La Bufa. En uno de los vértices se parapeta la recientemente inaugurada Cámara Oscura, un periscopio que emula un Google Earth analógico y brinda otra percepción aérea en tiempo real.

Joyas y accesorios

En el antiguo casco de la Hacienda de Bernárdez funciona el Centro Platero, donde decenas de artesanos ofrecen sus joyas y accesorios a base del tesoro nacional. Allí se formaron muchos de los más destacados orfebres mexicanos y las piezas se venden a precios razonables.