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Vuelta a Cumaná

Llegar finalmente a Cumaná, la ciudad de 500 años, es motivo para congraciarse con el espíritu viajero / Foto Tirso Padilla

Llegar finalmente a Cumaná, la ciudad de 500 años, es motivo para congraciarse con el espíritu viajero / Foto Tirso Padilla

En una visita a la primogénita del continente, en sus 500 años de fundación, no pueden faltar un recorrido por el Castillo de San Antonio, un paseo por la playa de San Luis y la casa del poeta Andrés Eloy Blanco

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Vuelta a la patria. Es lo que se siente al recorrer ese vasto territorio desde Caracas hasta Güiria, pasando por toda la troncal 9. Esa ensoñación afectiva, que recrea el poema de Pérez Bonalde, inunda el espíritu y qué mejor manera de colmarla que ir a la mismísima Cumaná, capital del estado Sucre, que este 27 de noviembre cumple 500 años de fundada.

Una intriga para los viajeros que van por carretera desde la zona central es ver –¡conocer!– como se va uniendo el litoral con la tierra firme, el pedacito de mar incrustado en el ámbito de calles, en fin, el mar y la tierra mezclándose hasta confundirse. Para descifrar ese enigma se pasa por lugares dignos del gentilicio venezolano; ventas de empanadas, dulces de coco, la inexcusable venta de arepas a la leña de El Guapo y el tiempo pasa tan sencillo, tan rápido, que de pronto se llega a Mochima, donde las maravillas visuales dan paso a otro estado mental, el éxtasis en su máxima acepción.

 

Testigos naturales. Llegar finalmente a Cumaná, la ciudad de 500 años, es motivo para congraciarse con el espíritu viajero. La brisa marina es testigo fiel de tantos caminos tan cerquita del mar que acompañan todo el viaje, barquitos coloridos en tantas bahías pequeñas, pescadores lanzando sus redes, y el sol, ese compañero presente con sus rayos fulminantes. Otra vez se presenta Pérez Bonalde al divisar la línea del más allá, aquella donde la vista se pierde y un barco petrolero se difumina en la inmensidad de Dios.

Visitar la casa del poeta Andrés Eloy Blanco en Cumaná es prioridad porque es considerado por muchos el mejor poeta del siglo XX. Sorpresa mayúscula es la restauración de la casa-museo, por lo que por ahora solo se puede acceder al monumento que está en la entrada y el parral que inspiró el poema Las doce uvas de la noche vieja, popularmente conocido como Las uvas del tiempo.

Otra cosa es el Museo del Mar: mucha desinformación, muchos cambios, y dudas por doquier para al final comprobar que ya no existe o estará en una nueva sede aún por definir. Una frustración similar produce la Fábrica de Tabacos Bermúdez: no permiten el acceso del público para ver la confección del tabaco.

Donde no cabe la frustración es en la playa de San Luis, un espectáculo vibrante por su arena rojiza y por su longitud que se pierde de vista.

El Castillo de San Antonio protege a la ciudad mucho tiempo después de su hechura por su majestuosidad. Muy cuidado y motivo de orgullo cumanés. Construido para proteger a Cumaná de cuanto bicho malo pasara con aviesas intenciones por las costas. El guía, por demás encantador, no desaprovecha oportunidad para hacer referencia que hasta el mismísimo José Antonio Páez estuvo preso allí.

Una deuda en la parada que se hace en Cumaná es disfrutar a cabalidad de los sitios nocturnos y los grandes restaurantes de comida a base de productos del mar. ¿El motivo? La inseguridad.

Hospedaje: La Casa Hotel, limpiecito y barato

Dirección: avenida Gran Mariscal frente a Farmatodo

Teléfonos: (0293) 431 7220 / 8602