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Visite el desierto donde nadaron las ballenas

Una imagen del esqueleto del antepasado de las ballenas / Foto EFE/Francesca Cicardi

Una imagen del esqueleto del antepasado de las ballenas / Foto EFE/Francesca Cicardi

Wadi al Hitan, el Valle de las Ballenas en árabe, situado en el desierto egipcio a unos 200 kilómetros al suroeste de El Cairo, es un inmenso yacimiento de fósiles de cetáceos y un paraje natural de gran valor y belleza

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Hace 40 millones de años Wadi al Hitan, el Valle de las Ballenas, estaba cubierto de agua y habitado por cetáceos y otros animales marinos, como lo atestigua la gran cantidad de fósiles hallados en sus rocas y arenas, algunos de los cuales han sido fundamentales para explicar la evolución de los antepasados de las ballenas y como transitaron del medio terrestre al medio acuático en la prehistoria.

Mohamed Sameh, director del equipo de expertos encargado desde el año 2000 de sacar a la luz los secretos que guarda el valle, explicó que en estos 15 años han hallado más de 1.500 yacimientos en los que había fósiles, en un área de 200 kilómetros.

“Hemos encontrado muchísimos restos, no solo en horizontal sino también en vertical, en las montañas y en las formaciones rocosas”, asegura entusiasta.

El relieve del Valle de las Ballenas, con sus dunas y piedras labradas por el viento y el paso del tiempo, recuerdan los arrecifes de coral del mar Rojo y las arenas del fondo marino.

Sameh relata cómo los restos hallados en Wadi al Hitan a lo largo de los pasados años han sido limpiados y restaurados progresivamente, y exhibidos en el “museo al aire libre”, donde los visitantes pueden observar los fósiles en su entorno natural donde fueron encontrados.

“En un principio fue un reto que los turistas no dañaran el lugar, al que se podía acceder en auto hasta que fue prohibido y se delimitó un espacio protegido de 21 kilómetros, debidamente señalizado”, explica Sameh.

Ahora, los vehículos solo pueden llegar hasta el centro de visitantes –donde hay una taquilla, una cafetería y unos baños– y, desde este punto, los visitantes pueden realizar un recorrido a pie entre los esqueletos, colocados sobre la arena con un cartel descriptivo.

Para complementar el museo al aire libre, recientemente ha sido inaugurado el Museo de Fósiles y Cambio Climático de Wadi al Hitan, en el que está expuesto el esqueleto completo más grande encontrado hasta el momento de un Basilosaurus, antepasado de las ballenas.

El espectacular animal, de 18 metros de longitud, ha sido reconstruido de forma íntegra, y conserva hasta la más pequeñas vértebras de la cola, tal y como se puede observar a través de una vitrina circular que alberga el protagonista del museo.

El experto medioambiental explica que el Basilosaurus fue hallado en 2015 en una zona donde empezaron a excavar porque sabían de antemano que pertenecía a una determinada época por los sedimentos y formaciones rocosas y, poco a poco, fueron sacando los huesos del animal de debajo de la arena y los recompusieron en un tiempo récord de 15 meses.

Asimismo, hallaron restos óseos de criaturas marinas en el interior del estómago del gran mamífero, “lo que revela el tipo de alimentación y la fauna que existía en la zona hace 40 millones de años. Por ejemplo, la gran cantidad de colmillos de tiburones encontrados junto al Basilosaurio hace pensar que estos depredadores se alimentaron del mamífero”, añade el experto.

Además de hospedar a la gran ballena, el Museo de Wadi al Hitan muestra el impacto del cambio climático sobre la Tierra y la evolución de los cetáceos y otros animales primitivos que habitaron el valle, con el objetivo de dar a conocer su historia única, pero también concienciar sobre este fenómeno más actual que nunca.

El director del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Egipto, Ignacio Artaza, destaca que Wadi al Hitan “tiene un valor cultural incalculable y por ello la ONU ha apoyado desde 2005 su desarrollo y su conservación, en colaboración con el Gobierno egipcio”.

Con el establecimiento del museo de Wadi al Hitan, el primero de este tipo en Egipto y en todo Oriente Medio, se busca convertir el valle en un área nacional protegida con estándares internacionales, para que atraiga el ecoturismo y contribuya a la economía de las comunidades locales.

Wadi al Hitan pretende ser un modelo de parque natural en Egipto, donde ni las autoridades ni los ciudadanos han estado especialmente interesados o preocupados por el cuidado del patrimonio natural y el medio ambiente hasta hace poco.

“El PUND apoya al Gobierno egipcio para que siga invirtiendo y destinando fondos a las áreas protegidas y mejore las instalaciones” de las mismas, asegura Artaza.

Si bien los primeros indicios de la presencia de fósiles en Wadi al Hitan aparecieron a principios del siglo XX, no fue hasta 1983 cuando se descubrió el primer esqueleto de ballena, lo cual despertó un gran interés alrededor de la zona, que aún así permaneció sin explotar y sin proteger.

Solo más recientemente, el valle ha recibido atención a nivel nacional e internacional, especialmente tras ser considerado patrimonio histórico de la humanidad por la Unesco en 2005 y ser reconocido como protectorado por el Gobierno egipcio tres años más tarde.

El Valle de las Ballenas está incluido en el parque natural de Wadi al Rayan, declarado oficialmente en 1989, de 1.759 kilómetros cuadrados y en el que se encuentra el oasis de Al Fayum, así como las únicas cascadas permanentes de Egipto y otros atractivos naturales que hacen de este un paraje único.

Su cercanía a la capital lo ha convertido en un destino predilecto para excursiones y escapadas, sobre todo para los turistas locales, pero es el Valle de las Ballenas el que atrae a los visitantes extranjeros.

Asimismo, la región tiene una importancia histórica y en ella se han encontrado restos arqueológicos de los antiguos egipcios, de los griegos y los romanos, porque Al Fayum era un lugar de paso entre el valle del Nilo, al este, y los oasis occidentales.

También tienen un valor ecológico destacado por la riqueza de su flora y fauna, entre las que destacan las más de 170 especies de aves, gracias a los dos grandes lagos que hacen que esta zona desértica esté llena de vida.