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Viena conmemora su primer parque democrático

Lo que había sido un bosque primitivo y luego un coto de caza se transformó en parque para todos por un decreto de 1766 del emperador José II / Foto EFE

Lo que había sido un bosque primitivo y luego un coto de caza se transformó en parque para todos por un decreto de 1766 del emperador José II / Foto EFE

El Prater de Viena cumple ahora 250 años como un lugar de descanso, diversión y deporte donde las clases sociales se difuminan

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De coto de caza imperial reservado a la élite a ser uno de los primeros parques públicos en Europa. El Prater de Viena cumple ahora 250 años como un lugar de descanso, diversión y deporte donde las clases sociales se difuminan.

Lo que había sido un bosque primitivo y luego un coto de caza se transformó en parque para todos gracias a un decreto del 7 de abril de 1766 del emperador José II, un absolutista bastante liberal para la época y con tendencia a tener gestos hacia el pueblo.

Con una superficie aproximada de seis kilómetros cuadrados, el Prater (del latín 'pratum', prado) acoge una enorme zona verde, un parque de atracciones, un planetario e instalaciones deportivas, entre ellas una gran piscina pública y el estadio Ernst Happel, donde en 2008 España ganó la final de la Eurocopa.

Una exposición en el Museo de Viena conmemora este aniversario con un recorrido por su cronología a través de estampas costumbristas de la época, carteles de los espectáculos y objetos del parque que reflejan, a su vez, la historia de Austria.

En los siglos XVIII y XIX el Prater se convirtió en un espacio democratizador ya que “no había muchos lugares en Viena donde se pudiera ver una mezcla de personas de diferentes clases sociales”, asegura la comisaria de la exposición, Ursula Storch.

A mediados del XIX, tenía ya nueve carruseles, quince boleras, tres columpios, tres teatros de marionetas y numerosos locales de vino y cerveza.

“Había tres cafeterías donde se mezclaban personas de clase alta o baja para tomar café, disfrutar de espectáculos y música en directo. Las diferencias entre las clases sociales no eran importantes en el Prater. Allí había más libertad”, explica Peter Stuiber, responsable de prensa de la exposición.

El parque de atracciones, conocido como el Wurstelprater, es visitado cada año por más de cuatro millones de personas.

“Todavía hay siete empresas familiares que insisten en mantener la esencia tradicional del parque de atracciones. Para ellos, es más una identificación personal que un trabajo. Esto diferencia al Prater de otros parques de atracciones en Europa”, asegura Storch.

La noria gigante que custodia una de las entradas al recinto fue construida en 1897 con motivo del 50 aniversario de la llegada al trono del emperador Francisco José.

La imagen de su estructura de acero sobresaliendo en una ciudad arrasada por la Segunda Guerra Mundial, es una de las más famosas de la película El tercer hombre de Orson Welles.

“El hecho de que la noria sobreviviera a la Segunda Guerra Mundial la convirtió en un símbolo para Viena”, cuenta Storch.

Actualmente, es una de las construcciones que más turistas atrae, en la que además de admirar Viena desde las alturas, también se puede cenar en sus vagones e incluso alquilarlos para fiestas.

Durante el primer siglo desde su apertura, el Prater fue escenario de pruebas con globos aerostáticos, espectáculos de fuegos artificiales y exhibiciones de animales exóticos.

Las primeras películas que se vieron en Austria fueron proyectadas en una barraca de feria en el Prater.

Visitar el Prater significaba para los vieneses de principios del siglo XIX viajar a otras ciudades europeas sin salir de casa.

“Panorama”, una de las primeras atracciones, transportaba a sus visitantes a Praga, París o Londres a través de una pintura panorámica donde podían ver los monumentos emblemáticos como si el espectador estuviera en un mirador a gran altura.

Otra de las atracciones más famosas fue “Venecia en Viena”, una recreación de la ciudad italiana con canales y góndolas incluidas.

“El Prater fue el centro de viajes imaginarios en Viena y un lugar donde podías aprender mucho sobre el mundo”, opina Storch.

El Prater acogió la gran Exposición Universal de 1873, para la que se construyeron más de 100 pabellones y edificios.

Tras la Primera Guerra Mundial, el parque se convirtió en el reflejo de Austria: un país pequeño con la economía hundida.

“"La situación de Austria cambió por completo, se acabó la monarquía, llegó la crisis mundial y la gente no tenía dinero para ir al parque de atracciones como antes. El Prater perdió su importancia”, comenta Storch.

Después de la Segunda Guerra Mundial y la crisis de posguerra, el Prater volvió a ser lo que hoy es: uno de los pulmones verdes y sociales de la capital austríaca.

Para conmemorar este aniversario, el próximo 9 de abril tendrá lugar un gran desfile floral con más de cien calesas, motocicletas y carros antiguos, además de las tres exposiciones dedicadas al tema que exhiben tres museos de Viena.