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Los viajes de Valentina: Para ver el mar desde el Ávila

Las habitaciones de Miradas / Cortesía: Pisapasito

Las habitaciones de Miradas / Cortesía: Pisapasito

La nostalgia recurrente de todo caraqueño que se muda de ciudad, la pared vegetal que nos separa del mar. Así es el Ávila, nuestro cerro mayor. En tres entregas les cuento lo que ofrece Galipán, antiguo refugio de agricultores y productores de flores, y hoy gran jolgorio para la visita con sus ofertas gastronómicas y sus posadas de montaña

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Jesús nació viendo el mar por un lado y Caracas por el otro. Desde los 3 años de edad andaba de su cuenta por los caminos silvestres. Le tocó bajar a esas luces que veía de lejos cuando tuvo que ir al liceo. Los galipaneros se sienten vulnerables en la capital. Procuran no alejarse de San Bernardino, donde recogen a los pasajeros al lado del hotel Ávila. Ahí empezó esta "Vuelta por Galipán" con Jesús Viana, uno de los muchos conductores de las camionetas 4x4 que andan por estos caminos del Parque Nacional El Ávila.

Me explica que son aproximadamente 3.000 habitantes, todos nacidos por allá arriba.

Antes tenían una asociación de vecinos, pero desde 2010 se organizaron en 4 consejos comunales. Reciben y procesan los reclamos de la comunidad, hacen proyectos de vialidad, viviendas, residencia. Si antes se ocupaban de cultivar eucaliptos, pinos, bromelias, girasoles, hortalizas, verduras y plátanos, a partir de 2009 el oficio es prestar servicio a la visita.

Bajando hacia La Guaira. Resolvemos visitar primero lo que queda más retirado vía La Guaira. No bajamos hasta El Jardín de las Piedras Soñadoras porque lo conozco y me encanta.

Tarahumara es el hogar de Jorge y Julieta García. Desde 1998 abrieron su restaurante con especialidades mexicanas. Hicieron famoso su plato de antojitos mexicanos con tostadas, tamales y flautas, pero se esmeran con el pollo en mole. También cocinan carnes y pollos.

Abren para almuerzo los fines de semana desde las 12:00 m hasta las 6:00 pm. Lunes a viernes y cenas sólo por reservación. Ofrecen 2 cabañitas para gozarse la montaña. Una matrimonial a Bs 1.200 por pareja, Bs 400 la persona adicional, incluye desayuno. La otra es familiar, se acomodan hasta 8 personas, tiene 2 baños, Direct TV, neverita ejecutiva y chimenea. Ambas preciosas con detalles en madera obra de Jorge, que ha sido su diseñador, constructor y albañil. Saliendo converso con Oswaldo González, productor agrícola. Cultiva cambures, verduras, hortalizas, naranjas y mandarinas. La tierra es generosa y todo se da bien.

En el sector Paso de Luna queda Recoveco, el restaurante que ha sabido aprovechar las bondades del cerro. Las mesas y sillas donde se acomodan apenas 40 comensales están al descampado, protegidas por un toldo o unas sombrillas que se colocan al momento. Hay que llevar abrigos porque el clima es inestable. El menú de degustación es de 9 platos para gozarlos durante 3 horas, conversandito felices. Pueden probar un gazpacho con pantomaca y copa deshidratada, tortellinis rellenos de hongos portobello, magret de pato o un dorado sellado con vegetales y salsa a base de xoxochas. Son Bs. 1.200 por persona. Hay una cabañita sólo para parejas que se amen con delirio. Patiecito privado y desayuno con vista al mar, por Bs. 2.400 la noche. Me fascinó.

Eventos y miradas. Un poco más arriba llegarán a Espacio Galipán, con el Picacho metido en la terraza con tal contundencia que juras que al estirar el brazo lo rozas. Ofrecen un salón amplio y cómodo para eventos con un ventanal atómico para admirar el paisaje.

Tiene capacidad para 150 personas si lo acomodan como auditorio y para 80 con mesas de trabajo. Ofrecen todos los equipos requeridos para conferencias. Justo al lado tienen el Café con Ser, restaurante abierto a la montaña, el cielo y el mar, con música en vivo los fines de semana, comida fusión y capacidad para 60 personas.

En la entrada está siempre Eleonora Moreno, para ofrecer Amatiel Artesanías. Hay que probar sus mermeladas de patilla, pimienta negra, hilos de naranja California y menta fresca, o la que hace al combinar piña, jengibre, hilos de naranja y pimienta rosada. Para calentar el cuerpo tiene a la venta sus licores de café, rosas, coco, té verde y naranja California. Son más de 15 años de experiencia.

Ahí mismo vi los trabajos de orfebrería de Daniela Torres y Gabriel Tomas. Hacen zarcillos en filigrana, collares, pulseras y espejitos. Delicado y minucioso.

Seguimos camino en una mañana luminosa para entrar al restaurante y posada Miradas, en el sector San Antonio.

Un terreno inmenso, una vista extraordinaria y la oportunidad perdida de sentar un precedente arquitectónico en Galipán. Con razón a Fruto Vivas le consterna que piensen que se trata de su diseño. Las 10 habitaciones se hicieron en lo alto para ver el paisaje, pero sobre unas estructuras de metal que irrumpen en el paisaje con verdadero estruendo. Procuran taparlas con vegetación.

Hubiera sido todo un gesto revisar alguna revista de hostales de montaña. El restaurante es amplio, grato, abierto al paisaje ­su mayor fortaleza ­con sillas blancas y mesas grandes.

Con frecuencia reciben grupos grandes. La atención es muy familiar porque los dueños son madre, padre e hijos: Joan, Hernán, Hermes y Esther, galipaneros de siempre y muy gentiles. Ofrecen degustaciones de carnes ­solomo, lomito y punta­ acompañadas de papas colombianas y pimientos morrones. Tienen un salón para eventos con capacidad para 100 personas y hace poco abrieron panadería. El menú completo sale por Bs. 350 y una degustación para 2 por Bs. 420.

Por la Vieja Hacienda. Extraordinaria la decisión de sus dueños ­la familia Marín­ de conservar las paredes de la Vieja Hacienda y el nombre. Luce precioso el módulo de habitaciones detrás de los muros de ladrillos y el restaurante al fondo y a un lado. Lindos y bien cuidados los jardines.

Muy grande el estacionamiento. Sabrosos los espacios para caminar. El padre de los Marín compró esta finca cuando tenía 17 años de edad y se instaló con su mujer, de 13 añitos, para cultivar flores. Criaron 12 hijos, aunque fueron 16 partos. Con razón la madre murió a los 47 años. El caballero ­Andrés Marín­ amaneció bailando joropo cuando cumplió los 89. Confía en repetir la proeza a los 90. Me gustaron las 14 habitaciones con su balconcito, 2 ambientes, Direct TV, agua caliente y Wi Fi. Creo que hay que poner algo en el balcón para sentarse o echarse. Se los comenté. Las habitaciones cuestan entre Bs 900 y 1.800, desde la estandar hasta la suite que tiene hasta jacuzzi. Me impactó la pulcritud. El restaurante es muy grato, con vista franca de mar y montaña, comida mediterránea "presentada al estilo gourmet", como dice el chef. Cultivan sus propias hierbas, las carnes son excelentes, recomiendan el cordero, el conejo y las pastas. Un menú completo puede costar entre Bs 400 y 600. Miércoles a domingo abren desde el mediodía y lunes y martes para grupos corporativos. La capacidad es de 160 personas. Abajo hay un espacio excelente para todo tipo de eventos.