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Viajes de Valentina: Todos los caminos conducen a La Restinga

 En kayak, silenciosa y lentamente / Pisapasito

En kayak, silenciosa y lentamente / Pisapasito

El viaje de la niñez que más recuerdo en Margarita es el de las lanchitas por los canales de La Restinga. Imprescindible siquiera una vez en la vida. Otra opción es recorrer la laguna en el silencio y la lentitud de un kayak. La tercera ruta es por tierra desde la entrada de San Francisco, entre la vegetación xerófita, los flamencos y las cotorras, y con baños de mar

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Si en Mérida nos llevaban al teleférico –cuando existía– en Margarita el paseo a la Laguna de La Restinga era un clásico en familia, la máxima novedad. Aún recuerdo los canales, el margariteño explicando el Túnel del Amor, el Beso, los manglares acercándose a la lanchita, el trayecto lento para no perturbar a la fauna y disfrutar el recorrido.

Todavía es una ricura hacerlo. Está bien organizado, porque hay una asociación de lancheros con los botes identificados con números, salen por orden, la tarifa se indica en el cartel, hay estacionamiento, baño y tienditas. Se paga un monto si es sólo el paseo y otro si van hasta la playa y luego te buscan. Yo sugiero bajarse en la playa, darse un buen baño y comer ostras. Si bien hay otras formas de llegar a la playa de La Restinga, ninguna sustituye a la otra. Son versiones que debemos probar.

A brazo limpio

Alfredo Lemoine es el creador de Arenas Tropicales, una empresa pequeña y cumplidora que organiza paseos en kayak por la Laguna de La Restinga. Te buscan tempranito o fijan un punto de encuentro, lleva los equipos, el refrigerio y da las instrucciones del recorrido con un mapa perfecto.
Es otra dimensión del paseo. Andar en kayaks pequeñitos permite navegar por canales muy estrechos donde a veces debes acostarte para poder pasar. Como van en silencio, la fauna ni se da cuenta de que andamos por ahí, así que casi está dispuesta a modelar. Es una navegación lenta, sin afán, pasando por las lagunas Fermines, La Tortuga, el Caño Mata Siete y Las Maras para llegar a Caño Largo, un túnel angosto entre los mangles. Son cerca de tres horas de silencio y lentitud, un compartir cercano con la naturaleza, una emoción de estar ahí sin que lo noten.

Algunas aves que podrán ver son los pelícanos, las tijeretas, el chicuaco enmascarado, los playeritos y el carpintero. La gran novedad es el regreso de los flamencos, rosados, esbeltos, preciosos, inmóviles por toda la laguna. Se fueron una temporada, regresaron contentos y todos queremos que sea para siempre. Así que no podemos mortificarlos con persecuciones ni ruidos molestos.

Otra novedad en este paseo es saber que existen cinco especies de mangle. En La Restinga verán cuatro: el rojo, el blanco, el negro y el de botoncillo. Lo rico de andar con Alfredo es que conoce la fauna y la flora, jamás se cansa de compartirla con los kayakistas, es observador agudo y generoso con el conocimiento, como todo buen guía. Es tremendo paseo para acercar a los niños a la naturaleza. Aprenden a admirarla y respetarla.

Por tierra sin afán

Otra versión de viaje a La Restinga es por tierra. Llegan a Macanao, toman la vía de San Francisco y donde ven la torre entran por un camino de tierra a mano derecha, en el Puesto de Control de Comején. Está en muy buen estado. No queremos que los rustiqueros se pongan con la necedad de meterse en la salina a hacer trompos y tampoco en la arena de la playa. Hay que ser bien ocioso y ridículo.

Es un paseo lento, para observar la vegetación xerófita. Ahorita están floreados los cactus. Son unas flores amarillas, lindísimas, al lado de la frutica roja. Sabanas extensas de desierto, con arbolitos bajos porque así es la vegetación en estas zonas áridas. Mucho viento. A un lado queda el mar, esta playa gigante donde abundan los guacucos. Seguramente verán pescadores cocinando estas conchas bajo techos elaborados con bolsas negras de plástico. Hay montañas de conchitas. En una época entrabas a la playa, metías la mano y la sacabas repleta de guacucos grandotes. Han acabado con casi todos.

Más adelante verán la laguna a mano derecha. Hermosos los flamencos. Son muchísimos. Preferimos no acercarnos demasiado para evitar perturbarles el regreso. Me parece que si llevan sus bicicletas, es un paseo sabroso y moderado para toda la familia. Puede haber recreos breves con baños de mar. El problema es la basura que trae la marea. Mucho plástico por toda la costa. Al final están los kiosquitos de La Restinga, el mismo sitio a donde se llega con las lanchas. Hay estacionamiento, restaurante e hicieron unos baños públicos nuevecitos. También queda el módulo de Inparques.

Las ostreras están molestas

Hace aproximadamente tres años estuve por aquí conversando con las ostreras y nos contaron que tenían la Asociación de Ostreras de La Restinga. Era tremenda iniciativa pues sólo ellas estaban autorizadas para sacar las ostras, sólo vendían las que sacaban cada día, no se guardaba nada de un día para otro y sólo extraían las que tenían el tamaño adecuado. Eran 27 ostreras. Pues la asociación se acabó. La presidente no vivía aquí, era de Chacachacare, jamás estaba cuando había problemas.

Siguen siendo las mujeres las únicas autorizadas para sacar las ostras, pero muchas mandan a los hijos, los hermanos o los maridos. “Hay que quitar a los menores para resolver el problema. Salen corriendo cada vez que alguien llega. Yo negocio mis ostras. Yo defiendo mi trabajo. Los menores no respetan. No van ni siquiera a la escuela”, cuenta Antonia, una de las viejas ostreras con quien hablamos hace algunos años. Explica que saca un tobo diario porque no llega mucha gente. En temporada alta venden hasta dos baldes. Lo que no se vende se saca y se mete en frascos. Ya no les venden a los demás ostreros de Margarita. Cuenta Antonia que estos se meten de madrugada en los caños y las sacan ellos mismos.

Antonia está furiosa porque les quieren tumbar las casas. En La Restinga viven 35 familias. Hay 35 casas. Las quieren arrimar más a la playa, hacerles unas “chozas de palomas”. “¿Dónde vamos a meter a la familia, los peroles? Aquí nadie va a dejar que lo saquen de su casa”, termina enfática Antonia mientras recoge sus ostras porque ya va siendo hora de irse.

A pesar del enredo y de que es una lástima que dejaran morir la Asociación de Ostreras, yo sigo pensando que La Restinga es la gloria de los comedores de ostras. Son frescas, te las sirven en su bandeja con las docenas que pidas sin la angustia de que te van a engañar, estas frente al mar y tienes la garantía de que son fresquitas del día. Es el mejor precio. Ahorita en junio estaban a 15 bolívares la docena.

Datos vitales

Parque Nacional Laguna de La Restinga
En toda la entrada a Macanao
Horario: Todos los días 8:00 am a 5:00 pm.
Teléfonos: (0295) 611 5378/ 264 0382, 0895

Arenas Tropicales
Teléfonos: (0414) 0929278, 7927691
Correo: arenastropicales@gmail.com
Web: www.arenastropicales.com