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Los Viajes De Valentina. Carora conserva su abolengo

En Provincia se llama la tienda de Edgar Ramírez / Pisapasito

En Provincia se llama la tienda de Edgar Ramírez / Pisapasito

Me cautiva el sentido de pertenencia de los caroreños. Seguramente a eso se debe lo bien conservada que está la ciudad, el esmero en la atención de los dueños de las posadas, el empeño en mantener los únicos granizados de mamón del país y la pasión colectiva por la música

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El centro de Carora fue diseñado para caminar. 

Admirar las fachadas de las viejas casas, tomar fresco bajo los árboles de la plaza, leer las placas en las edificaciones importantes, entrar un momento a la iglesia para dar gracias a los santos, conversar con los vecinos y hasta cruzar algún portal, porque los caroreños son tan gentiles que pueden invitar a conocer el patio de sus hogares sólo para echar los cuentos de la familia. 

El tradicional Club Torres abre su restaurante el público con una comida de tradición y unos salones que conservan el encanto de otra época. La gente adora su teatro Alirio Díaz donde se celebra el festival de guitarra. Cualquier espectáculo musical congregará a los habitantes, ya sea en la plaza, el teatro, el club o en la casa de cualquier vecino. Son musicales. Adoran los granizados de mamón, que ya no están en la plaza sino en la avenida Francisco de Miranda. Pero para la próxima cosecha regresarán a la plaza. 

Posaderos esmerados. Yuyita Riera trabajó por años en el teatro Alirio Díaz, pero cuando estaba por retirarse resolvió que quería comprar una casa para convertirla en posada. La fachada art déco en la calle Sucre le hacía ojitos cada vez que pasaba. "La compré sin verla por dentro. Soñaba con esa fachada. Me dieron las llaves cuando firmé la compra en el registro. Abrimos la puerta y conseguimos esta maravilla", cuenta orgullosa de su posada con 10 habitaciones lindísimas, un patio en el medio, corredores luminosos, los pisos originales, los salones, los techos altos y el plan de hacerle su restaurante en el patio de atrás. En las noches pueden armarse veladas musicales con los huéspedes y uno de los trabajadores que toca la guitarra. 

Un poco más allá ­en la misma calle Lara­ Jorge De Brito y María Noriega de De Brito abrieron su posada Los Olivos en una casa sabrosa, con un patio fresco atrás donde se sirven los desayunos criollos bajo la sombra de los árboles, habitaciones cómodas cuyos muebles fueron hechos en su totalidad por Jorge. "Mi mujer quería una posada y yo hago lo que ella dice", explica contento. "Ahora entiendo que no es un retiro sino un trabajo, pero si mis últimos años son conociendo y atendiendo tanta gente bonita, yo soy feliz", completa María. Es tal cual como llegar a la casa de unos familiares. 

Por aquí mismo queda la posada El Morocho, una casa extraordinaria que no tuvo la fortuna de contar con la asesoría de un arquitecto para su remodelación. La fachada es un muestrario de estilos y materiales, el salón principal es muy recargado, el piso es precioso ­lo mejor de la casa, gracias al cielo lo mantuvieron­ y atienden con esmero. Ahora hicieron un inmenso restaurante al lado, de lo más concurrido. 

Hacia otra zona, pero igual en el centro de Carora, queda la posada El Cují. Es un auténtico alarde de buen gusto. Su dueño y anfitrión es Edgar Ramírez, oriundo de Maracaibo pero con años en Carora. Conocedor de antigüedades, coleccionista de muebles de los años cuarenta y cincuenta, ha logrado una armonía delicada y gloriosa en las habitaciones, los salones, la cocina y el patio. No entiendes a qué se debe tanto bienestar. Créanme que es por la estética. La atención. 

La piscinita. El desayuno con sabores caroreños. Como seguramente quieren comprar todo lo que tiene, pídanle ir a su tienda En Provincia. Un tesoro. Muebles ingleses, daneses, art déco... Compré seis sillas para mi comedor que son un delirio. Sorprendente que una tienda así quede en Carora. Sólo Edgar pudo lograrlo. 

La historia del lomo prensado. Adelis Sisiruca logró que el lomo prensado se conociera en todo el país, pues lo servía en su restaurante en las cercanías de Carora. José Gregorio Adames ­caroreño empedernido­ quiso conservar la tradición del emblemático plato, así que lo sirve en su pequeña finca en toda la entrada de la autopista Lara-Zulia, en el corredor de su casa, bajo la sombra de 30 matas de mango, sólo viernes, sábados y domingos desde las 9:00 am hasta las 4:00 pm. 

El plato es digno de aplausos. 

El lomo prensado hecho en prensa manual se sirve sobre una salsita de semeruco y se acompaña con una ensalada de mango, tomate verde y cilantro, el caviar caroreño (puré de caraotas) plátano dulce sobre un trozo de queso de cabra, tiritas de arepa peladas fritas, como si fueran papitas. Nunca faltan el suero en tapara y el picante. La cerveza se coloca en una cavita con hielo para que no tengan que estar pidiendo una y otra vez. Mi única sugerencia fue que colocara unos cuantos chinchorros bajo las matas de mango. Esa comilona merece un reposo. Su afán es defender los sabores caroreños. Ofrece otros platos. 

Hacia Altagracia. Es un detalle loquísimo. Tan pronto como sales de la plaza Bolívar de Carora en dirección a Altagracia, la ciudad se termina. Ocurre de repente. Cruzas el puente Bolívar, a unos metros de la plaza, y aparece el campo, los cactus, los cujíes, los chivos. Y así sigue hasta que llegas a Altagracia. 

En esta carretera deben detenerse en el sector Guaimure para que compren las conservas de leche de cabra pura, de buche (fruto del cardón) con piña, coco con piña y coco con leche. Las venden Erika y Elisa, dos damas decentísimas y hacendosas que se paran frente a su casa todos los días desde las 8:30 am hasta las 6:00 pm a ofrecer lo que hacen sus manos. Temprano tienen pasteles de jamón, queso, panes dulces y catalinas. Por aquí están los viñedos de Altagracia. Las vendimias son un plan perfecto para combinar con este recorrido por Carora. Ahorita es época. Reserven y dejen que el orgullo les alborote el paladar.