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Venezuela, paraíso emplumado

Venezuela, paraíso emplumado

Venezuela, paraíso emplumado

A las 9:30 am en los jardines Topotepuy, ubicados en el sector El Volcán en Caracas, no se escuchan ambulancias ni cornetas de carros. Desde la cúspide de ese "tepuy" sólo se percibe el cantar de los colibríes machos

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El avistamiento de aves abre las puertas a una faceta diferente del turismo. Sólo necesita tener espíritu aventurero y conocimientos básicos de avifauna. Todo lo demás lo pone la naturaleza

A las 9:30 am en los jardines Topotepuy, ubicados en el sector El Volcán en Caracas, no se escuchan ambulancias ni cornetas de carros. Desde la cúspide de ese "tepuy" sólo se percibe el cantar de los colibríes machos.

Leopoldo García ­uno de los primeros guías de ecoturismo en Venezuela­ se acerca sigilosamente con su cámara fotográfica para capturar ­con varios click­ al tucusito reposando sobre la rama, mientras yo observo la escena a distancia, con unos potentes binoculares. Las criaturas no se incomodan con nuestra presencia una vez que se acostumbran; de hecho, cuando se sienten observados, posan con mayor galantería luciendo sus colores tornasolados.

Verlos comer es un espectáculo. En el vertedero con agua azucarada ­que coloca el cuidador Luis Cortés todas las mañanas­ se posan hasta tres especies diferentes de colibríes: las hembras heliodoxa ni se inmutan cuando tienen cerca a su contrincante, cada una introduce su fino pico en el dispensador y se alimenta en cuestión de segundos. Los machos orejivioletas desatan una batalla campal y baten sus alas con tanta prisa que el zumbido que producen pudiera asustar si se está próximo a ellos.

Así, con ninguna experiencia y mucha curiosidad me encontraba en mi primer avistamiento de aves conocido en inglés como birdwatching.

La lección de casi cinco horas sirvió para aprender lo esencial: 1. Tener buena vista y oído es fundamental. 2. Es más fácil ubicarlas y luego observarlas con los binoculares. 3.

Un buen guía de campo ahorra tiempo en la búsqueda.

Se requiere paciencia para encontrar la especie predilecta y fotografiarla.

Cualquier lugar es propicio para admirar la avifauna. Caracas, por ejemplo, ofrece opciones como el Ávila, el Parque del Este, el Jardín Botánico y Topotepuy. Sin embargo, para quienes adoptan este hobbie surge la inquietud de viajar a otras regiones para identificar especies endémicas, conocer sus comportamientos y el contexto en que se desarrollan. Y la mejor forma de realizar esta actividad es de la mano de expertos que dominan las pericias del birdwatching y los destinos acondicionados en el país.

Eruditos de la observación. Phill Gunson es un inglés que tiene 53 años observando aves.

Empezó cuando tenía 7 años de edad por la influencia de su abuelo materno durante sus vacaciones en la costa de Gales. La afición por sostener los largavistas no desapareció después de llegar a Venezuela hace 13 años; por el contrario, cuando las oportunidades de conocer rincones exóticos y aves nuevas tocaron a su puerta no lo pensó dos veces.

"Lo más interesante del avistamiento en Venezuela es que no todos los comportamientos de las aves están especificados en los libros. Una vez en Lara observé una bandada de gavilanes de la que se desconocía que transitaban por esa región antes de dispersarse por movimiento migratorio", dice Gunson. Afirma que en otras latitudes donde hay cientos de observadores se imposibilita hacer descubrimientos de esa índole. Aquí, por tratarse de una disciplina poco explorada, cualquier aficionado atento y curioso es capaz de determinar aspectos que se ignoran en las guías especializadas.

Para que el avistamiento sea más efectivo Gunson recomienda tener nociones sobre la clasificación de las aves: tamaño, localización, forma y conducta. Esto facilitará la búsqueda en la guía si surgen dudas. La obra de William Phelps Una guía de las aves de Venezuela es considerada desde 1978 como la Biblia ornitológica. También el libro de Steve L. Hilty Aves de Venezuela fue altamente valorado en este ámbito junto con el compendio que Mary Lou Goodwing ­observadora de aves­ y la Sociedad Conservacionista Audubon de Venezuela elaboraron con el nombre Birding in Venezuela sobre sitios privilegiados para esta práctica.

John Kvarnbäck, de origen sueco, comparte una historia similar a la de Gunson. Empezó muy pequeño en esta afición por imitar a sus hermanos y su padre. Ha identificado 1.130 especies en Venezuela y 3.000 en otras partes del mundo. No hay secretos en su dinámica de observación, considera que se trata de un acto instintivo que depende de las condiciones climáticas e incluso de la buena suerte. "Lo importante es evitar el contraluz que impide identificar las aves con destreza", señala.

La fotografía también constituye un elemento esencial durante el avistamiento. Leopoldo García lleva 30 años en ello: "Hay dos cosas indispensables en este ejercicio: reducir la distancia de fuga de las especies dando pasos lentos y silenciosos ­para aumentar la posibilidad de fotografiarlas­ y evitar movimientos bruscos".

Aconseja que los guías y los observadores se comuniquen con un lenguaje a través del sentido de las agujas del reloj.

Es decir, si uno de los birdwatcher divisa una especie en la cúspide de un árbol le corresponde comunicar al grupo que dirijan la mirada a las 12 en punto. Otros recomiendan emplear pitos para llamarse, pero existe el riesgo de que el ave salga volando.

Coordenadas de acción. Hay múltiples lugares para hacer birdwatching en Venezuela.

Kvarnbäck prefiere dividirlos en cuatro áreas. Los tepuyes, los Andes, los llanos y la región central de la Cordillera de la Costa. Todo depende del interés del explorador y las aves que aún tenga en su lista de pendientes. "El Parque Nacional Canaima tiene una avifauna única en especies endémicas. En la Sierra de Lema ­conocida como La Escalera­ es el sitio de observación más famoso de la región". Sin embargo, la inexistencia de picas por donde caminar hace que la observación se efectúe desde la carretera nacional Puerto Ordaz-Santa Elena de Uairén.

En Mérida se encuentran los parques nacionales Sierra Nevada y La Culata donde se avistan aves como la diglosia merideña y el ángel del sol. "La zona alrededor del pueblo La Azulita, que va hacia la cuenca del lago de Maracaibo, es el epicentro de una variedad de vegetación, allí se consiguen cerca de 550 especies de las aves más largas de todos los municipios en los Andes", afirma Kvarnbäck. No deje de visitar la posada Las Cabañas de la Pradera, vía Macujún, donde según Gunson ­si se pide con anticipación a los dueños­ le consiguen guías locales que lo lleven a ver aves.

En los llanos la variedad depende de la ubicación geográfica. En la parte alta, por la abundancia de bosques, se encuentran pájaros pequeños y atrapamoscas. En la sabana de los llanos bajos abundan pájaros más grandes como las garzas, cigüeñas, patos y rapaces. El Hato Piñero en Cojedes (www.branger.com) constituye el lugar por excelencia de avistamiento, pues diariamente se observan más de 100 especies sin salir de la posada donde se aloja.

El Cedral en Apure (www.elcedral.com) es otro paraíso de aves y, para muestra, el documentalista sir David Attenborough lo visitó para presenciar un espectáculo natural que no se admira en cualquier parte.

En Guárico se encuentra el Hato La Fe (www.hatolafe.com) considerado un reservorio de gran importancia mundial, debido a que se pueden avistar desde el caño Mata e’ Rancho más de 236 especies. La laguna de Unare, en Anzoátegui, también se ha catapultado como un lugar privilegiado, tanto que la Corporación de Turismo del estado patrocinó en 2005 la formación de guías de aves.

Aunque no se trate de un destino exótico la zona central de la Cordillera de la Costa alberga especies endémicas que vale la pena ver. El Parque Nacional Henri Pittier ofrece gran diversidad por contar con varios niveles de altura ­desde costa hasta el bosque nublado a 2.000 metros sobre el nivel del mar­. La Colonia Tovar representa el segundo favorito de la región porque el poco flujo de vehículos favorece el avistamiento.

Si quiere tener una experiencia de principiante, como en mi caso, la coordinadora de la Sociedad Conservacionista Audubon sugiere como primeras opciones el parque Los Mariches, el Zoológico de Caricuao y la posada Sietemares en Osma. Son alternativas ideales para iniciarse, ganar confianza con los implementos y agarrarle el gusto a una actividad relajante y que permite descubrir los tesoros de la naturaleza venezolana.