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Veinte posaderos dispuestos a ofrecer lo mejor

Casa Caracol en Playa Caribe, en Margarita

Casa Caracol en Playa Caribe, en Margarita

En un país donde la excelencia se estigmatizó, merecen aplausos de pie los posaderos que resolvieron consolidar el Circuito de la Excelencia. Por los momentos son 20 posadas en todo el país cuyos dueños se exigen prestar un servicio óptimo, en instalaciones con todas las comodidades, con una gastronomía suculenta y “alma de anfitriones”. Fondonorma se ocupa de vigilar el funcionamiento

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Lo que nació como un grupo de buenos amigos con pequeñas posadas en rincones remotos de Venezuela, se convirtió en el Circuito de la Excelencia. El objetivo es ser sello de calidad venezolano de referencia en turismo de posadas. Para ello cuentan con una norma de calidad y un manual de procedimientos propios avalados por Fondonorma y el propio Circuito.
Cuando una posada tiene el sello de la Excelencia, el huésped puede tener la absoluta certeza de que su estadía será gloriosa. ¿Y saben por qué? Porque cada uno de los dueños de estas posadas han pasado por un riguroso examen. Más peludo que si fueras a entrar a las universidades más prestigiosas del mundo. Y porque cada año deben someterse de nuevo a las inspecciones para que el sello sea ratificado.
Así será de exigente, que de las cinco posadas fundadoras del Circuito, solo tres han logrado hasta el momento obtener la certificación: La Huérfana en Táchira fue la primera y este año le fue ratificado. Luego lo merecieron El Solar de la Luna en Morrocoy y Granja Momentos en San Felipe. Entre las nuevas está Casa Sol en la ciudad de Mérida.
Lo más meritorio es que los dueños de estas posadas resuelven voluntariamente exigirse la excelencia. Aceptan cada una de las normas. Invierten sumas importantes para cumplir con los requisitos. Se verifican las instalaciones, los servicios, la calidad de la lencería, los equipos de televisores, aires acondicionados, cajas de seguridad, secadores, calentadores. El personal y su capacitación. La gastronomía que debe parecerse a la localidad, ofrecer productos regionales, promover los valores de la zona. La atención al huésped desde el momento mismo del primer contacto hasta que llega y se va. Deben ofrecer la posibilidad de reservar y pagar por Internet. Cualquiera que se dé a la tarea de revisar la norma entenderá que este grupo resolvió crear el mejor circuito de posadas de Venezuela. Tal como lo merece un país con una naturaleza tan generosa y exuberante como la nuestra.

Una veintena entre 3.000. Hace unos días hubo un encuentro para entregar las certificaciones a las posadas que ya mencioné. En esa ocasión nos preguntábamos por qué si hay más de 3.000 posadas en Venezuela, apenas 20 han estado dispuestas a intentar pertenecer al Circuito de la Excelencia. Es comprensible. El turismo ha bajado, la inflación ha golpeado fuertemente al sector, la gente tiene menos dinero para viajes, la competencia con el exterior es feroz y desleal debido a un dólar subvencionado por el Estado, los rigores impositivos que no se corresponden con los servicios que se reciben; la exigencia de colocar hasta plantas eléctricas porque el Estado no garantiza ni siquiera el servicio de luz; los altos costos en medidas de seguridad que convirtieron a las posadas en una especie de prisión cuando eran lugares francos y abiertos donde el huésped llegaba como río en conuco; la ansiedad que se instala en el alma de cualquier posadero cuando hay invasiones y expropiaciones en la región o cuando el gobierno resuelve utilizar hoteles para meter a los damnificados sin pagar ni medio a los dueños.
La verdad es que estos 20 posaderos son unos héroes nacionales. Unos soñadores de la vida. Unos empeñados que todavía creen en el valor de la excelencia, la persiguen y se dejan fiscalizar libremente con el único fin de ser excelsos en sus servicios. Porque ellos están convencidos –al igual que yo– que la mayoría de este país persigue la excelencia, la valora, la admira y la desea para sus hijos y para Venezuela.  Lo que sea que cueste en dinero pertenecer a este circuito es una inversión en valores. Es una apuesta a lo que deseamos como país. En confiar en que seremos el gran centro turístico de Latinoamérica. Hacerlo en este momento es verdaderamente heroico. Por eso los apoyo y aplaudo de pie.

Las 20 del Circuito. Sus miembros fundadores son El Solar de la Luna en Morrocoy, La Huérfana en Táchira, El Encanto en Sanare, Granja Momentos en San Felipe y Hato El Cristero en Barinas. En los inicios estuvieron también Xinia y Peter, pero mucho antes de que se iniciara el trabajo con Fondonorma ya se habían retirado. Su ingreso sería un valioso aporte.
Entre las que han solicitado su acceso al Circuito y esperan la certificación, para lo cual tienen un año, están: Las García, una hermosa casa colonial entre Choroní y Puerto Colombia. Tapuy Lodge frente a la laguna de Canaima y Casa Grande en Ciudad Bolívar, ambas de Casa Tropical y ahora con aspiraciones de lograr su próxima certificación. Es muy valioso que su dueño apoye esta iniciativa. Santa Margarita, la precursora del turismo en el casco histórico de Puerto Cabello, pues empezaron con una casa y ya van por tres. Sierra Verde y Mocundo en los lados de Bejuma, ambas de campo, con servicios de spa, silencio y excelente gastronomía. En la misma zona está Casa María, cuyo dueño es el más consciente sobre la urgencia de mantener el medio ambiente que los rodea si quieren que sus posadas permanezcan en el país. Es un parque nacional en miniatura donde se come divino y se admiran la flora y la fauna. Villa Caracol y Casa Caracol, ambas de los mismos dueños, una en Los Roques y otra en Playa Caribe en Margarita. Son notorios sus encantos arquitectónicos. Alto Viento en Cubiro logra destacar entre todas las ofertas de la región. Se sale del desbarajuste, entiende el clima y el paisaje y los ofrece a la visita. La Bravera es un oasis en el inicio de esa carretera que conduce a La Azulita en el estado Mérida. Al entrar dan la bienvenida los tucusitos y hay ruanas en las habitaciones para quienes se tullen de frío. Casa Sol es sin duda el mejor sitio para quedarse en ciudad de Mérida. Adoro como remodelaron esta casa, los pisos, las esculturas de Lutz Podolski, los patios interiores. Es la única de los nuevos miembros que ya obtuvo la certificación. Piedemonte está en las afueras de San Cristóbal y hace honor a su gentilicio por las atenciones. Más recientemente ingresaron Los Haticos en Guarico, una zona cafetalera preciosa y poco visitada en el estado Lara y la Estancia San Miguel Spa en las afueras de la Puerta, estado Trujillo.

En el evento pudimos ver a los dueños de algunas otras posadas con genuino interés en indagar detalles. Ojalá que se animen.