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Varanasi la capital espiritual de la India

La condición sagrada del río funciona casi como un atajo hacia la salvación final

La condición sagrada del río funciona casi como un atajo hacia la salvación final

Es un lugar de constante peregrinación para el hinduismo, tanto de aquellos que se acercan a la ciudad simplemente para bañarse o meditar en el Ganges como para quienes pretenden morir frente a su cauce

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Así como el Taj Mahal es el ícono turístico de la India, Varanasi es su símbolo espiritual. 600 kilómetros al sureste de la ciudad del palacio de mármol, Agra, la sorprendente Varanasi es la más importante de las urbes sobre las aguas del Ganges, el río que –en la mitología hindú– fue creado por el dios Brahma a partir del sudor del pie de Vishnú.

La condición sagrada de este río funciona casi como un atajo hacia la salvación final, ya que los hinduistas creen que depositar las cenizas de un cadáver en sus aguas evita el ciclo de las reencarnaciones al difunto, lo que equivale para su alma a alcanzar el moksha o nirvana e ingresar inmediatamente en el cielo.

Por eso, Varanasi se ha convertido desde tiempos inmemoriales en un lugar de constante peregrinación para el hinduismo, tanto de aquellos que se acercan a la ciudad simplemente para bañarse o meditar en el Ganges como para quienes pretenden morir frente al río para ser después cremados en las piras que suelen arder en las orillas.

Nada resulta igual una vez que se conoce Varanasi. La vida y la muerte conviven en sus calles por las que desfilan los grupos de fieles que llevan a sus difuntos hasta el río en el que las cenizas flotarán hasta alcanzar la gloria divina. En la ribera, coloridos, se levantan viejos palacios cuyas puertas llevan directamente hasta los ghats, nombre con que se conocen las escaleras de piedra que descienden hasta el río y reciben todos los amaneceres a miles de hinduistas piadosos que rinden tributo a la divinidad realizando baños purificadores.

Presenciar ese espectáculo es uno esos momentos que ningún viajero podrá olvidar, en especial cuando el sol empieza a asomar de a poco por detrás de las aguas para iluminar con tonos dorados los cuerpos casi desnudos de los fieles. Indiferentes a los curiosos, los hinduistas se lavan durante un largo rato mientras cadáveres a medio incinerar flotan en el río.

“Hay familias que no disponen del dinero para comprar leños suficientes para quemar completamente el cuerpo y por ello hay cadáveres que se arrojan al río sin haberse transformado aún en cenizas. Están a medio quemar, con sus vísceras todavía casi intactas”, explica Syed Dutta, un joven de no más de 20 años que lleva a los turistas a navegar en las mañanas por el Ganges. Tiene un pequeño bote que carga 5 personas y el recorrido por el río se extiende por dos horas, hasta que los ghats se vacían ya de gente. De tanto en tanto, la navegación pasa frente a las hogueras donde arden los difuntos que buscan el nirvana. “Cuando pasamos frente a ellos hay que guardar respeto y no está permitido tomar fotos”, señala Syed.

Tarde de cometas

Tras los baños purificadores, la mayoría de los fieles va hasta el sagrado Kashi Vishwanath, un templo dorado dedicado a Shiva construido en 1776 y en el que solo pueden ingresar hinduistas. Cientos de personas desfilan lentamente para llegar allí, zigzagueando entre vacas famélicas que apenas si pueden engañar sus estómagos con cáscaras de banana amontonadas en los rincones.

“En la India, las vacas son sagradas, pero sufren el hambre igual que cualquiera”, bromea un turista español que saca fotos con su celular al frente del templo. Viene de Barcelona, lleva ya cinco días en Varanasi y tiene en su mano un papagayo. “Cuando empiece a caer el sol, encontraré un niño para regalarle este cometa”, asegura el español. Más tarde, después de una merienda muy liviana en un hospedaje espartano, se topa por casualidad con un niño de siete u ocho años llamado Sandez. “Es para ti”, le dice al pequeño, que toma el barrilete como si fuera lo mejor que le ha pasado en la vida y se lanza a correr por las calles.

Un rato después, el cielo empieza a llenarse de cometas. Son cientos, miles, que se recortan contra un crepúsculo de tonos escarlata. Como un hermoso ritual, los niños de Varanasi remontan sus papagayos cuando empieza a caer la tarde. Así es siempre, ese y todos los días. “Esto es la India, donde los mayores honran la muerte en las mañanas y los pequeños disfrutan la vida en las tardes”, reflexiona el español y con la mirada busca en el cielo el barrilete de Sandez.

Datos útiles

- El tren es el medio más eficiente y económico de viajar de una ciudad a otra. Para comprar boletos se puede visitar el sitio web de la empresa estatal www.irctc.co.in, pero Cleartrip.com es mucho más sencilla que la oficial.

- Nunca tome agua del grifo. En cuanto a la comida, se sugiere empezar con platos suaves y con los días ir añadiendo especias y picantes, si el estómago resiste.

- Se necesita visa y vacuna contra la fiebre amarilla para entrar en la India.

- Desde los taxis hasta los mercados, casi todo se negocia a través del arte del regateo.

-Está prohibido sacar rupias fuera de la India, por lo que hay que cambiar dinero tanto a la llegada como a la salida del país.