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Los viajes de Valentina. Mar y montaña conviven en Los Altos de Sucre

Durante algunos años Los Altos de Sucre se convirtieron en una especie de Colonia Tovar para los habitantes de Puerto La Cruz y Barcelona. Pero como ha ocurrido en todo el país, la inseguridad golpeó y el movimiento se redujo. Sin embargo permanecen el encanto del paisaje y la naturaleza, algunos posaderos de siempre, otros nuevos, los caminantes de la montaña y los artesanos de toda la vida. Bien vale una visita

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Cómo llegar
Salen de Puerto La Cruz como quien va para Cumaná. Al pasar la alcabala de Pertigalete están pendientes de la pedrera. Inmediatamente verán el cruce a la derecha que dice Altos de Sucre. Por ahí suben hasta la cima que es donde quedan todos los sitios que les comento.

Fue Víctor Quintero el primero que abrió un restaurante en Los Altos de Sucre, más bien abajo, en El Chaparro de Guanta. “La Ventana de Real y medio” tuvo su época de gloria. De todas partes llegaban a admirar el paisaje, gozar las ocurrencias del anfitrión, ver los detalles arquitectónicos y la sugestiva decoración.

Cuando Víctor dejó de estar al frente, eso se vino abajo. Luego hubo un grupo que resolvió instalarse más arriba en la montaña, un delicado restaurante, muchos artesanos, varias posadas, los senderistas con sus paseos. Era la Colonia Tovar de Anzoátegui, por su clima fresco, la vegetación y la vista franca del mar. Los fines de semana el movimiento era extraordinario. De muchas casas sacaban ventas de dulces, artesanías o empanadas y pasteles.

A todos les iba muy bien. Pero llegó la inseguridad. Pedro Quintero –hermano de Víctor– quien había montado Alquimia La Posada, preciosa, bien atendida, con masajes, excelente comida y ricas habitaciones, tuvo que enrejar, darles llaves a los huéspedes y finalmente vendió. Lo asaltaron varias veces. La gente de Vista Montaña, otra posada muy cerca del pueblo de Los Altos, quitó sus letreros y resolvió atender sólo a sus huéspedes de siempre, personas referidas y nos informó, a quienes escribimos de viajes, que habían cerrado. El delicado restaurante cerró y la casa está en venta. Los artesanos no se anuncian en la puerta. Pocos suben los fines de semana. Lo más reciente ha sido una nefasta invasión en toda la entrada de Los Altos a 40 hectáreas propiedad de Humberto Moya Meneses. Había ofrecido donarlo si le presentaban un proyecto, la comunidad nunca lo hizo y hubo un grupo que resolvió talar, quemar e invadir. Lo dividieron en 700 parcelas. La gente de la zona pide a alaridos que los pasen a la Alcaldía de Guanta. Para la Gobernación de Sucre, Los Altos no existen.

Lo que me encanta. Cada vez que paseo por Los Altos de Sucre, me fascino con el bosque, la vegetación alta y tupida, la cantidad de pájaros, las cascadas y pozas de río que atraviesan la montaña. En esta ocasión llegamos a la posada El Balcón Caribeño, cuyo dueño es un francés, carpintero y emocionado con su nuevo oficio. Preciosa, con una vista que reposa pupilas y alma, cinco habitaciones lindas con su baño impecable, una gran ventana, el corredor que las une, una piscinita breve y refrescante en el jardín, un espacio abierto que sirve de comedor y salón para estar. Ahí coincidimos con tres parejas de franceses que trabajan en una petrolera. Estaban dichosos. Era su tercer fin de semana en la montaña. La primera vez fueron de paseo a las cascadas con la gente de Senderismo en Los Altos de Sucre y ya las próximas salieron de su cuenta. Asombrados con la vegetación, el clima, la vista, la atención. La noche del sábado, una de ellas hizo la crema para las crepes y al día siguiente las desayunamos con mermeladas caseras. Con apenas seis meses en Venezuela, ya se conocen todos los alrededores y deliran de euforia por nuestra naturaleza. Riquísimo conocerlos y conversar. Fue una cascada de autoestima.

Almorzamos en La Churuta de Miguel, atendida con esmero por su propia dueña. Conserva el encanto y la sazón desde sus inicios. Rabo encendido, tarkari de chivo, la bandeja Churuata de Miguel con asado, caraotas, arrocito y ensalada, sopas espesas y gustosas. Como restaurante abre sólo los fines de semana. Queda en lo más alto del pueblo. Ofrecen 4 cabañitas de lo más lindas, con lo necesario para ser feliz. Desde sus inicios me encantó este lugar. Siempre que voy, como allá. La otra visita fue al Taller TAI, de María Esther Galbán y Pedro Quintero. Cuando entras a su taller conmueve la dicha de este par de creadores instalados el día entero entre piedras, objetos extraños, semillas, cables, cueritos, esencias, flores, telitas… Todo lo que sirva para crear collares, zarcillos, dijes, pulseras; también jabones o piezas de cerámica con formas sugestivas. Como viven ahí, siempre están y reciben a la visita con la contentura que los adorna.

Desde hace mucho tiempo. La posada Neblina es otro de mis sitios favoritos. Creación de Juan José Toro, esposa e hijos, empezaron con su casa que luego convirtieron en comedor y finalmente entendieron que todo el que iba rogaba quedarse. Entonces construyeron siete habitaciones montadas sobre el bosque, con ventanas a los pájaros y las copas de los árboles. Detalles llenos de esmero, con mucha madera, hecho todo en casa por la familia. Es un lugar de silencio y naturaleza que me fascina. Y se come delicioso. Ha sido fascinante ver el proceso de crecimiento.

Muy meritorio.
Por ahí mismo –tres casas antes de El Balcón Caribeño– queda la posada Altos de Shalom Suites. Ofrecen una casa grande con tres habitaciones, dos baños y cocina. Un apartamento con dos habitaciones y cocina, tres habitaciones triples y tres matrimoniales. Recientemente hicieron un restaurante en la parte de arriba con una vista muy amplia. Lo que ocurre es que llenaron todo el terreno de construcciones, no dejaron vegetación y tampoco planificaron el espacio. Bajas y subes escaleras, consigues una habitación por aquí y otra más arriba. El espacio más grato es el de la piscina, pero resulta un poco extraño que no aprovecharan la vista del mar. Me parece que puede resultar práctico para familias numerosas que prefieran tener su cocina para bajar costos. Los encargados son Zuraima y Luis, ambos llenos de buenas intenciones y con deseos de mejorar el lugar.

Mi recomendación es que busquen a las personas de Senderismo en Los Altos de Sucre porque el paseo por la montaña, las cascadas y los ríos es lo más sabroso. Es la única forma de entender y admirar el auténtico valor de esta montaña pegada del mar.

Datos vitales

La Churuata de Miguel.
Correo: Churuatademiguel@hotmail.com
Teléfonos: (0426) 383 4169 y (0293) 441 0393

El Balcón Caribeño
Sector Coyollarcito
Teléfonos: (0426) 337 2413 y (0293) 432 4636
Correo: ydubonnet@gmail.com
Facebook: balcón caribeño

Posada Neblina
Sector Cogollalito, de la vía principal son 500 metros de tierra, pero pasa todo tipo de vehículo.
Teléfonos: (0293) 416 9767/ 433 1057
Correo: neblinalosaltos@hotmail.com

Posada Altos de Shalom
Web: www.altosdeshalomsuites.com
Correo: posada.altosdeshalom@gmail.com
Teléfonos: (0293) 411 1628/ (0414) 817 6871 y (0426) 783 0365

Taller TAI
Sector El Saco, 9 km a partir del crucero
Teléfonos: (0293) 433 0834

Senderismo en Los Altos de Sucre
Calle principal Vuelta de Culebra
Teléfonos: (0293) 431 3744/ (0281) 418 1940/ (0414) 820 7771/ 803 9435
Correo: senderismosucre@yahoo.com
Web: www.losaltosdesucre.com