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Travesía Arekuna I, por Valentina Quintero

Una preciosura el campamento Mantopai | Valentina Quintero

Una preciosura el campamento Mantopai | Valentina Quintero

La Travesía Arekuna –que compartiremos en 4 entregas– comienza en Kavanayén, una comunidad dentro del Parque Nacional Canaima habitada por pemones arekuna

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Kavanayén crece con sus casas de piedra

La Travesía Arekuna –que compartiremos en 4 entregas– comienza en Kavanayén, una comunidad dentro del Parque Nacional Canaima habitada por pemones arekuna. Posadas sencillas y pulcras, la misión inmensa con su iglesia donde se ofrece misa a diario, restaurancitos para comer sabroso, área de acampar, escuelas y hasta un núcleo de la UPEL. Aquí se creó hace 10 años la cooperativa de turismo pemón E’masensen para ofrecer viajes a “la nueva Gran Sabana”

Fotos Pisapasito

El auténtico nombre de esta comunidad en una apacible meseta del Parque Nacional Canaima es Kavanaru-Den. Significa sitio del gallito de las rocas, ave emblemática de Venezuela que buscan con afán los observadores para anotarla en su lista de “visto”. Hace muchos años desapareció de tanto que los persiguieron para venderlos como especie exótica. Sin embargo a veces se oyen a lo lejos, como para que se sepa que siguen rondando sus parajes.

Aquí viven aproximadamente 1.500 pemones, casi todos de la etnia arekuna. Solo ellos pueden construir viviendas. Amplían ese derecho a sus cónyuges, pero cualquier hijo de vecino no puede llegar a Kavanayén y resolver que monta su casita. Es notoria la armonía en las construcciones, todas de piedra. Se convirtió en norma.

La comunidad va creciendo hacia los lados de la pista, siempre protegida por el tepuy Sororopán. Hay un ambulatorio rural tipo II sin medicamentos, pero con enfermera. El liceo cuenta con todo el ciclo diversificado y el núcleo de la UPEL ofrece educación con especialidad en Rural, Turismo, Informática y Gestión Ambiental. La misión capuchina tiene su sacerdote –Eleazar– quien ofrece misa a diario y por las tardes se reza el rosario. Avisan con las campanas. Las calles al igual que la carretera son de tierra, pero están en buen estado.

Cada familia tiene su conuco, cada día más lejos porque la tierra es muy pobre. La cacería es escasa, así que la proteína hay que comprarla a precios exorbitantes porque todo viene desde Las Claritas donde las tarifas son de minería. Aseguran que los comerciantes presentan sus facturas en Fuerte Luepa con precios regulados, pero luego les venden a ellos al doble o triple. Les preocupa la contaminación de su río Karuay desde que están trabajando la minería en Wonken. Los estragos de la minería son notorios en toda la Gran Sabana.

“La nueva Gran Sabana”. Desde hace 10 años se instaló en Kavanayén la cooperativa de turismo pemón E’masensen con casi 30 integrantes, cuyo presidente es Salvador Peña. Fueron capacitados por el equipo de Andes Tropicales. Promueven lo que han llamado “La nueva Gran Sabana”, rutas poco exploradas donde conmueven la naturaleza virgen, las cadenas de tepuyes que rodean las comunidades indígenas, los pemones como anfitriones y guías, los ríos pulcros, manantiales para tomar agua, selvas y bosques, senderos marcados de tanto caminar para ir de una comunidad a otra y las conversaciones gloriosas sobre leyendas y costumbres ancestrales.

La infinita bondad de esta nueva Gran Sabana es que no llegan los carros con su alboroto musical, las plantas, las visitas poco gentiles con el medio ambiente, la basura y ese afán de repetir entre tepuyes lo que hacen entre concreto.

Con tres de sus guías ejemplares –Ricardo Chani, Néstor Pérez y Freddy López– pasamos cinco días explorando dichosas la Travesía Arekuna. Comienza en Kavanayén, sigue a Karuay por carretera y a partir de ahí continúa entre curiaras por los ríos y caminatas por selvas y sabanas hasta salto Hueso, Unatoy, Apaukén y regreso a pie hasta el punto de arranque. Me encanta devolverme por otro camino pues no siento nunca que el viaje se acaba.

Ellos se ocupan de todo: logística, traslados, comidas, llevar equipaje con sus porteadores, carpas y lo que haga falta para que amemos su tierra y la cuidemos. Ofrecen ascensos al tepuy Sororopán, paseos a Karuay y salto Hueso y la Gran Travesía Arekuna, un poco más larga que la que hicimos. Busquen en la página de Andes Tropicales y seleccionen su ruta. Deben estar dispuestos a caminar, acampar y ser sensibles y amables con el planeta virgen y anciano que los recibirá generoso. Los precios me parecen muy solidarios. Es parte de su estrategia. Si Canaima es costosa, ellos son gentiles con la tarifa.

La cooperativa. Pero E’masensen no solo ofrece estas travesías. Algunos de sus miembros prestan servicio en Kavanayén. Benigna Lanz de Sosa es la dueña y anfitriona –junto con su hija Karen– de la posada Kamaiwa, al lado de su casa. Tiene 3 habitaciones, cada una con su baño, un salón amplio, terraza adelante y atrás. Las habitaciones cuestan entre Bs 1.200 y 1.600 según la capacidad. Es muy sencilla, pulcra y con tremenda vista porque está en el sector Tukuy Wokuden, que es la parte nueva hacia la pista.

En la calle Wayuwa queda el ya legendario restaurante de Guadalupe, una arekuna pequeñita y cumplidora que cocina muy sabroso desde hace 20 años, pero siempre previo encargo porque todo es demasiado costoso para tenerlo preparado y que se pierda. Almuerzos y cenas salen por Bs 450, sin la bebida, y los desayunos en Bs 350, que sí incluyen jugo y café.

Un poquito más allá está el restaurante Tukuy Woku-Den –sitio de la bebida del tucusito– en una casita preciosa con forma ovalada, techo de zinc y una sola mesa para seis personas. Sus dueñas son Mariana Contasti y su hermana Rocío. Es impecable. Colocan casabe y cumache en la mesa, una noche nos ofrecieron tumá –su sopa con algo de carne, pollo o pescado y mucho picante– y al lado una tapara con mañoco (casabe molido) para ponerle a la sopa. Estaba mundial. De postre una torta con sus piñas que son exquisitas. En un desayuno Mariana nos hizo pan. Una ricura. Como es maestra en primaria solo hace comidas por encargo. Todas ellas pertenecen a la cooperativa.

Otros integrantes son los dueños del Campamento Mantopai, uno de los sitios más hermosos para hospedarse en toda la Gran Sabana. Tiene ocho churuatas lindas hechas de piedra, cada una con su baño, camitas y una terraza para ver el río que pasa por enfrente y el tepuy Sororopán al fondo. Ofrecen hospedaje, comidas y traslado desde Kavanayén si así lo solicitan. En temporada alta hay que reservar con casi un año de anticipación.

Otros integrantes de E’masensen tienen camionetas, curiaras o son porteadores y guías. Hay que ser pemón para pertenecer. La experiencia ha sido muy exitosa. Son un modelo para las comunidades indígenas en todo el país. Pueden contactarlos directamente por su correo electrónico o hacerlo a través de Andes Tropicales con su agencia Ekkaiatravel.com 

Datos vitales

Posada Kamaiwa

Sector Tukuy Wokuden

Teléfono: (0289) 540 2311


Misión Capuchina

Frente a plaza de Kavanayén

Teléfonos: (0289) 540 1738/ (0286) 963 3763

Correo: eleazarmayor@hotmail.com

 

Restaurante Tukuy Woku-Den

Teléfono: (0289) 540 1574

 

Restaurante de Guadalupe

Calle Wayuwa

Teléfono: (0288) 442 6357

 

Campamento Mantopai

A 45 minutos de Kavanayén

Teléfono: (0288) 442 3280

Correo: campamentomantopai@gmail.com

 

Guías confiables

Cooperativa de turismo pemón E’masensen

Calle Matura. Kavanayén

Teléfono: Salvador Peña (0416) 287 5375

Correo: turismopemon@hotmail.com

 

Andes Tropicales
Teléfonos: (0274) 263 6884 / (0416) 674 3561
Avenida 2 con calle 41, urbanización El Encanto,
Quinta Irma P.O. Box 676, 5101 
Mérida
Web: www.ekkaiatravel.com

www.andestropicales.org/

Correo: balarcon@andestropicales.org