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Travesía Arekuna (y IV)
Gloriosa caminata entre Apaukén y Kavanayén

De Unatöy navegamos hasta San Cruz de Apaukén por el río Mowak. Es la comunidad más pulcra y ordenada que hayamos visto jamás. Nos reciben Laurentina y Gerbasio junto a Pancho, un mono araguato. Pasamos la noche felices y en la mañana emprendimos la caminata entre selva, bosques secos y sabana hasta Kavanayén, fin de la Travesía Arekuna

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Cuando los ríos están muy secos es complicadísimo navegarlos. Hay que subir y bajar el motor a cada rato, esquivar piedras y troncos, estar pendiente para no perder la propela. El trayecto entre Unatöy y San Cruz de Apuakén lo hicimos en cuatro horas. Normalmente son dos. Pero fue una divinidad, porque conversas con los pemones, preguntas historias, escribes, tomas fotos y hasta nos detuvimos a almorzar en una playita y nos dimos un buen baño. Provoca aplaudir a Eladio –el motorista– tan dedicado, experto y paciente. Su mirada va del río a las señales de su proero, el pemón que va en la proa indicando con señas a dónde debe cruzar.

 

Ahora no uso libreticas sino iPad


Laurentina y Gerbasio. Bajamos de la curiara en Santa Cruz de Apaukén, la comunidad de pemones más pulcra y ordenada que hayamos visitado alguna vez. No hay ni un solo papelito, mucho menos botellas de plástico. Pocas casas, retiradas unas de otras. Un valle precioso, abierto al mundo, con el río al lado, un manantial y otro río más arriba con una poza deliciosa con cascadita. Los anfitriones son Laurentina y Gerbasio. No hablan español, así que Lisbeth –nuestra amiga pemona kamaracoto que se vino desde salto Hueso y estudia Ingeniería en la ULA– nos sirve de intérprete. Forman parte de la Cooperativa E’Masensen. Fueron seleccionados e invitados a participar por la limpieza de su comunidad y porque son puerto principal. La gente de Wonken siempre pasa por aquí, siguen hasta Kavanayén caminando y viceversa. Los pemones son extraordinarios caminantes. Es como se han movido toda la vida. Las distancias las miden en paso pemón o paso criollo. Las diferencias son drásticas.

Almuerzo en una playita


Laurentina y Gerbasio quisieran poder hablar con la gente que viene, ofrecer un sitio más cómodo para recibir a la visita. Les molesta cualquier tipo de basura. A diario rastrillan los alrededores, sacan la basura lejos y la entierran. Tienen diferencias con los vecinos porque no colaboran. Son apenas dos familias. Los demás andan de paso, así que no pueden decir cuánta gente vive aquí. Han sembrado matas de naranja, mango, guanábana, guayaba, toronja, mandarina, merey y lechosa. Los troncos los pintan de blanco porque se ven bonitos. Son nacidos y criados aquí, viven de su conuco, la pesca y la caza. Lo único que buscan afuera es jabón, sal y fósforos.

Pancho aúlla contrariad

Tiene una planta pequeñita que usan poco. En su casita de zinc hacen el cachiri y el casabe. Otra casita mínima  para las gallinas. Aunque cocinan en fogón, las ollas están pulcras porque Laurentina las pule a diario y las coloca en una mesa de tablitas en lo alto. Su casa es de adobe con techo de paja, pero como se está cayendo, están haciendo una con madera y techo de acerolit. Ahí guindamos chinchorros y a los lados montamos las carpas. Caminan hasta Kavanayén cuando hay que comprar algo. No tienen hijos, pero adoptaron a Pancho. Es un mono araguato que consiguieron abandonado en la selva. Pancho es educadísimo. Se baña en el río antes de acostarse, no deja basura regada, hace sus necesidades bien lejos, si lo regañan se encarama en la mata, no le gusta que le tomen fotos, es cariñoso con Laurentina y está pendiente de ambos. Cuando lo mandan a dormir, se va hasta su chinchorrito al lado de sus padres y se acuesta tranquilo. Hay una inmensa ternura en el trato entre los tres. Son una familia.

Apaukén está pulcra

 

A pie hasta Kavanayén. Aquí dormimos sabroso en tanto silencio. Al amanecer desayunamos, recogimos los macundales, esperamos a los pemones porteadores que venían desde Kavanayén y arrancamos a caminar. Al principio es pura sabana. Hay que ir con pantalón largo liviano para no arañarse con el monte. Camisa, gorra y protector solar porque el sol es candela en las neuronas. Al rato entramos en una selva preciosa. Senderos por donde solo consigues pemones que van o viene del conuco o desde Kavanayén. Saludan y siguen. Los trayectos de bosque son sabrosos porque evitas el sol. Pero los de sabana son hermosos porque ves el mundo libre y virgen.

Alejandrina no se mortifica

Cuando salimos de una selva se abre la sabana y observamos Kavanayén lejos, encaramado en la meseta. Nos queda muy claro lo que falta y la clase de ascenso malandro hasta el pueblo. Bajamos al río, almorzamos poco y seguimos. Se supone que nos falta una hora hasta la base de la meseta y luego media hora de subida. Eso es a paso pemón. Pues hacemos una hora exacta hasta la base. La subida es feroz, completamente vertical, de arenisca que resbala, pero en zigzag. En algunas partes prefiero ir en 4 patas. Reconozco que si me detengo no llego, así que lo hago lento pero seguido. En 40 minutos estoy en Kavanayén, colorada, orgullosa, extenuada, feliz. La caminata entera fueron casi 5 horas con parada de una hora para almorzar y darnos un baño. Es una divinidad. A paso pemón son 3 horas.

Laurentina y Gerbasio son una pareja de cuentos

Fin de la travesía Arekuna. Al entrar a Kavanayén nos tomamos las cervezas más frías y suculentas de la vida. Nos dimos un buen baño y cenamos calientico y sabroso en el restaurante de Mariana. Fue una travesía preciosa, de contacto muy honesto con la naturaleza, los cielos limpios, el silencio, los pemones en su hábitat más genuino. No llegan los carros, tampoco la señal de los celulares. Ni siquiera hay hielo. El frío viene del agua de los ríos y la de los manantiales que nos sirven para aplacar la sed. Es un regreso a la esencia.

Hacemos arepas para desayunar


Caminamos desde Apaukén hasta Kavanayén

Dichosa y orgullosa junto a Néstor, mi guía ejemplar. Llegamos a Kavanayén


Datos vitales

Guías confiables

Cooperativa de turismo pemón E’Masensen

Calle Matura. Kavanayén

Teléfonos: Salvador Peña (0416) 287 5375

Correo: turismopemon@hotmail.com

 

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