• Caracas (Venezuela)

Viajes

Al instante

Travesía Arekuna III
Los tepuyes nos abrazan en Unatöy

Así vemos el Putari desde Unatöy | Foto: Pisapasito

Así vemos el Putari desde Unatöy | Foto: Pisapasito

Tres cadenas de tepuyes rodean esta comunidad: el macizo de Chimantá, el macizo de Los Testigos y el Auyantepui al fondo. Un manantial atraviesa la meseta y el salto Techinén queda más abajo en una caminata de 35 minutos. En esta euforia de naturaleza viven apenas 60 personas, todos pemones arekuna de la familia Sucre o Serrano. Nos reciben cordiales, comparten su paisaje, su agua y el canto pausado que nos arrulla en la madrugada. Aquí pasamos dos noches en esta travesía Arekuna

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Complicadísimo el traslado en curiara porque el verano es muy fuerte


Salimos en curiara desde el salto Hueso con destino a Unatöy. Navegamos siempre por el río Karuay. El río está muy bajo; la travesía es lenta, pero no importa. ¿Cuál es el afán si los ríos se quedan con las angustias que traes de la ciudad? Cambiamos de curiara en los rápido de Kawai para bajar hasta Korme. Significa trueno en pemón, es sitio sagrado. Siempre llueve. Almorzamos sobre las piedras. Pasamos estos rápidos caminando por la sabana mientras los guías bajan la curiara entre la corriente y las piedras. En algún momento, sin darnos cuenta, atracamos y caminamos unos minutos por la sabana hasta la comunidad de Unatöy.

Caminamos por la sabana hasta la meseta donde queda Unatöy


Tepuyes protectores. Son las 4:00 de la tarde. Al subir a la meseta enmudecemos. Toda la cadena de tepuyes empieza a despejarse para darnos la bienvenida. Con tanta montaña sagrada el sentimiento de protección es inmediato. Vimos el Putari, Soma, Kamarkayray, Tukuywoküden, Murochipan, Amarway, Aparaman, todos del macizo de Los Testigos. Al voltear en otra dirección nos saludan Türepon, Churi, Akopan, Upüima, Kukuidapon y Nupi; estos últimos son más pequeños, pero igual los consideran tepuyes. Al fondo, medio escondido, se ve la sombra del Auyantepui, el más grande entre las montañas sagradas, de donde se desprende el salto Ángel.

Así vemos el Putari desde Unatöy



Los habitantes. Hay pocas churuatas que se esparcen por la meseta. Nada parecido a la Misión Vivienda. Construyen con barro y utilizan paja para los techos. Cocinan en fogón. No hay luz, ni señal de teléfono. Los conucos quedan lejos. Caminan temprano y buscan la yuca para hacer el casabe o el cachiri, su bebida ancestral. Su comida es el tumá, una sopa con algo de cacería o pesca y mucho ají donde mojan el casabe grueso que hacen a diario.

Nos bañamos en estos manantiales frescos y pulcros


Remigio y su esposa nos cobijan en una de sus churuatas. Comparten su casabe y conversan poco. Montamos las carpitas por ahí cerca. Cuando solo las estrellas iluminan el entorno, oímos un canto suave. Es un arrullo. Ignoramos lo que dice porque es Remigio cantando en pemón. Luego se le une su esposa. Nos paramos a grabarlo y vemos que es la 1:30 de la madrugada. Cantan por casi una hora. Luego se paran y encienden el fogón. Ya su vida empezó.

En esta churuata comemos y podemos guindar chinchorros y ropa

Desde mi carpita veo como aparecen los tepuyes de la cadena de Chimantá

Remigio tiene su desayuno listo


La noche siguiente es un rezo y algo de canto. Es como un mantra. Una meditación. Puedes pensar que son sonidos que vuelan desde los tepuyes. Nos damos baños frescos y felices en las pozas del manantial que cruzan esta meseta bendecida por Dios. Sus habitantes no tiene referencias para entender el tormento, la angustia y mucho menos la claustrofobia o el apuro. Aquí se vive al ritmo del agua de su manantial.

El salto Techinén. El paseo estelar es caminar hasta el salto Techinén. Salimos después del desayuno con morralitos básicos y la vitualla para el almuerzo: pollos y vegetales para la ensalada. Somos seis mujeres. La frugalidad es norma. Los pemones comen poco. Atravesamos la sabana hasta empezar el descenso por un senderito angosto. Hay que ir con cuidado. En un momento empieza a escucharse el escándalo del agua y se ve el vapor que asciende por entre el bosque seco. En una curva se aparece el salto. Impresionan el tamaño, el caudal y la fuerza.

El imponente salto Techinén

Seguimos bajando y aparece una playa que luce como un lago. Son las aguas del Techinén cuando se calman. Nos acercamos al salto lo más cerca que se puede. La fuerza impone una distancia que debemos respetar. Es precioso, muy ancho, arma un escándalo de naturaleza que emociona. Viéndolo desde cerca o desde lejos pasamos el día entero, hacemos pollo en vara, ensalada, lavamos la ropa con jabón azul, conversamos, dormimos, somos felices. Subimos antes de que se haga de noche. Nos abrazan los tepuyes antes de prender el fogón para la cena. Es nuestra última noche en Unatöy

El lago que se forma al final del salto Techinén


En esta olla hace el kumache, una bebida de yuca amarga


Datos vitales

Guías confiables

Cooperativa de turismo pemón E’masensen

Calle Matura. Kavanayén

Teléfonos: Salvador Peña (0416) 287 5375

Correo: turismopemon@hotmail.com


Andes Tropicales

Avenida 2 con calle 41, urbanización El Encanto,
Quinta Irma P.O. Box 676, 5101 Mérida
Teléfonos (0274) 263 6884 / (0416) 674 3561
Web: www.ekkaiatravel.com
www.andestropicales.org

Correo: balarcon@andestropicales.org