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Trairi el nuevo paraíso de Brasil

Trairi es un pequeño municipio del estado de Ceará, que recién comienza a aparecer en el mapa turístico del noreste brasileño | Foto LA NACIÓN/TRIPADVISOR

Trairi es un pequeño municipio del estado de Ceará, que recién comienza a aparecer en el mapa turístico del noreste brasileño | Foto LA NACIÓN/TRIPADVISOR

En la costa del estado de Ceará, emerge un puñado de pequeños pueblos sobre la arena como el último gran secreto de esta relajada región

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Trairi es uno de esos sitios donde el cliché del tiempo detenido no es tan cliché; donde hay una sola calle principal de piedra que une a sus cuatro pueblos costeros –Flecheiras, Guajiru, Emboaca y Mundaú–; donde los burros y las vacas caminan libres por la arena, donde los pescadores todavía se levantan al alba para sacar langostas; donde los niños juegan a la pelota día y noche, y donde los viejos se sientan toda la tarde en el patio de sus casas porque allí está más fresco y porque, en realidad, no hay mucho más que hacer ni donde ir.

Una misión.  Para ubicarse: Trairi es un pequeño municipio del estado de Ceará, que recién comienza a aparecer en el mapa turístico del noreste brasileño. Está a medio camino, por la ruta CE-085, entre Fortaleza y Jericoacoara, la playa más famosa de este mismo estado y que hace unas tres décadas vivió lo mismo: era un lugar remoto, pequeño y solitario, rodeado por dunas, donde no había nada ni nadie, hasta que un puñado de extranjeros aventureros lo descubrió y se instaló allí, y abrió posadas y restaurantes y agencias, y así llegó el turismo y el dinero.

La historia de Trairi es similar. Si en sus orígenes, a fines del siglo XVII, fue colonizada por misioneros católicos que llegaron a evangelizar a los indígenas del lugar, hoy puede decirse que quienes volvieron a colonizar estas playas fueron tipos que vinieron con una misión mucho más profana: desafiar el viento y las olas arriba de una tabla de kitesurf, el deporte por excelencia en toda esta costa. Y que es la razón por la que hoy, cuando el viento es fuerte y constante, casi todos los turistas que están en Trairi  son forasteros.

“Diría que los extranjeros llegaron hace unos quince años, buscando nuevos sitios para ‘velerear", cuenta Jailson Sena, dueño y profesor de Guajiru Kite Center, una de las escuelas más antiguas de la zona y que funciona en Guajiru, la otra playa principal de Trairi, después de Flecheiras, e imán de los kitesurfistas. “Aquí las condiciones son las mejores. El viento es constante y se encaja de forma lateral, con promedio de 20 a 25 nudos, lo que hace más fácil ‘velerear”, dice.

Jailson nació en Guajiru y, como muchos aquí, solo sabía surfear. Pero veía a todos estos gringos con sus enormes velas de colores y, cuando un primo que había aprendido, le enseñó a él cómo se hacía, entonces no paró más. Hace diez años velereó por primera vez y hace ocho abrió su escuela, que ahora también cuenta con restaurante. “El kitesurf ha cambiado mucho la economía de este lugar”, dice. “La pesca ya no es como antes, cuando se sacaban muchas más langostas y peces. Los pescadores sobrevivían más con su oficio, pero eso comenzó a cambiar con el turismo. Hoy están saliendo más trabajos y he podido ofrecérselo a otros amigos, y así está pasando en Guajiru. Todo está creciendo”.

El paisaje costero de Trairi es así: hacia un lado, el mar azul, celeste y turquesa, moviéndose por el viento. Kilómetros y kilómetros de arenas solitarias donde reposan unos frágiles barcos de madera de una vela y por donde caminan burros salvajes y famélicas vacas que algo de leche y carne deben dar. Hacia el otro lado, las casas de colores de los pueblos, de uno o dos pisos de cemento. Unas pocas palmeras por aquí, por allá. Y flanqueándolo todo, extensas dunas como de algodón y enormes aspas eólicas que se levantaron aquí porque, claro, el viento es cosa seria y porque sería ilógico no aprovecharlo para producir energía.

Los pueblitos

Flecheiras es lo más desarrollado de Trairi, seguida por su vecina Guajiru, el tesoro de los kitesurfistas. Hacia el noroeste están Emboaca, una rústica villa de pescadores y, finalmente, Mundaú, otro sencillo pueblito, bastante más verde que los demás, cuyo río marca uno de los límites del municipio. La subida por el río Mundaú en catamarán es uno de los paseos por excelencia de Trairi, quizás el único que se hace regularmente. Lo común es ir al atardecer, para ver desde las dunas el sol como una bola redonda y anaranjada que se esconde detrás de los manglares.