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Sintra, un tesoro entre la bruma

El Palacio de Pena es una muestra del romanticismo portugués del siglo XIX | FOTO EFE

El Palacio de Pena es una muestra del romanticismo portugués del siglo XIX | FOTO EFE

La pequeña vila, ubicada en el noroeste de Lisboa, se ha convertido en un destino turístico de primer orden en Portugal, con más de 780.000 visitantes por año

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C omo si de un tesoro escondido entre las montañas se tratase, el pequeño municipio de Sintra se encuentra en un valle localizado a 30 kilómetros de la bulliciosa Lisboa, enclavado entre montañas.

Cubierto con frecuencia de una espesa bruma, Sintra acoge un conjunto patrimonial, siempre envuelto en un aura de misterio que también forma parte de su atractivo.

La pequeña vila ­como se dice en Portugal­ es un destino turístico de primer orden con más de 780.000 visitantes por año. A sus castillos, palacios y monasterios suma una oferta gastronómica interesante, con los dulces travesseiros de crema como estrella.

Ocupada a lo largo de la historia por romanos, visigodos y árabes, de todos ellos son todavía visibles numeros vestigios. Esta riqueza cultural le supuso el reconocimiento como Patrimonio Mundial por parte de la Unesco en1995.

La armonía reina en un paraje donde se entremezclan monumentos ­de muy diferentes épocas y estilos­ y bosque, el verde de sus árboles con el amarillo y rosa chillón de su Palacio de Pena, los pequeños chalets con fortalezas levantadas para alojar a la realeza europea.

Aunque la palabra Sintra quiere decir etimológicamente "astro luminoso", la sierra en la que está asentada es conocida también como "Monte de la Luna". El musgo y el rocío lo impregnan todo en el municipio, que goza de un microclima propio y muy diferente al de la cercana Lisboa.

La garantía de temperaturas agradables, incluso en plena canícula estival, es uno de los motivos que lo convirtieron en una especie de retiro dorado para nobles y reyes, y todavía hoy es motivo de peso para turistas de lujo que lo visitan periódicamente.

Uno de los favoritos es el Hotel Sete Reais. Es un palacio que data del siglo XVIII gestionado ahora por la cadena Tívoli. Alfombras mullidas, butacones de otra época, lámparas de araña, bañeras antiguas y camas altas atestadas de almohadas, denotan un aire clásico y señorial que también comparte Sintra.

Este establecimiento es uno de los más exclusivos de toda la vila y destaca por su suntuosidad. A ello se ha sumado en los últimos años que hasta allí se traslada por unos meses la sede del restaurante Vila Joia, con dos estrellas Michelin.

La Quinta da Regaleira es el más enigmático monumento de toda la localidad. El terreno en el que se asienta este complejo, que incluye un palacio, una capilla, varios túneles subterráneos y torres de vigilancia, fue adquirido en el siglo XIX por António Augusto Carvalho Monteiro, a quien se conocía como "Monteiro de los Millones" por su fortuna.

Ejecutado el proyecto por el arquitecto italiano Luigi Manini, todavía hoy se especula con los motivos esotéricos y cosmológicos que presiden el complejo, coronado por un jardín con lagos y grutas.

Exótico medieval. En lo alto de la montaña se ve el Palacio de Pena, que combina exotismo y medioevo. Pintado en amarillo y rosa, es un exponente del romanticismo portugués del siglo XIX.

Rodeado de un bosque de 85 hectáreas, con especies que proceden de diferentes partes del mundo y una arboleda objeto de estudio, el Palacio se construyó sobre las ruinas de un antiguo monasterio y acabó siendo residencia de verano para la familia real.

Más alejado se encuentra el Convento de los Capuchos. De espacios de reducidas dimensiones y de techos especialmente bajos, fue así diseñado con el objetivo de facilitar el contacto directo con la naturaleza y de acuerdo con una filosofía de extremo despojo arquitectónico y decorativo.

Ocupado por franciscanos, la austeridad de su construcción sorprende a quien lo visita.

En el extremo contrario está el Castillo de los Moros, rodeado de dos murallas de piedra semicubiertas de vegetación.

Llegados a su punto más alto, el monumento ofrece una de las mejores vistas de toda la vila , con el Atlántico y algunas playas lusas al fondo.