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Sierra de Perijá (Parte II): Sin mulas no hay paraíso

Estas mulas nos salvaron las neuronas al subirnos en su lomo hasta Shirimi / Foto: Pisapasito

Estas mulas nos salvaron las neuronas al subirnos en su lomo hasta Shirimi / Foto: Pisapasito

En la comunidad de Toromo empieza el ascenso a la Sierra de Perijá. El primer trayecto hasta el río Shirimi es bajo la chapa de sol, con un calor que te calcina las ideas y el ánimo. El agua helada del río alivia el vaporón, pero luego viene la pavorosa Cuesta del Diablo. Aquí te encaramas en la mula y amas hasta sus garrapatas. Nos da la bienvenida la comunidad de Shirimi con su salto y su poza rejuvenecedora

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El domingopasado nos quedamos en Toromo, la comunidad yukpa a orillas del río Negro dondeiniciaríamos la travesía por la Sierra de Perijá. Nuestros guías son NeomarMaldonado, amante de Perijá, dichoso de acompañarnos y emocionado porquevisitará otra vez a sus amigos yukpas. Viene desde hace 18 años. Andrea Badelles la mano de derecha de William en Ayapaina Tours. Su presencia discreta ycariñosa es muy reconfortante. Aquí nos esperaban Juanca (el arriero) y Coera (su esposa yukpa)  con su niñita Sara ylas mulas. Son 6: 3 para la carga y 3 para pasajeros. Mulas grandes, nobles.Acostumbradas a estos caminos de mucha piedra.

Grave erroriniciar este caminata a las 10:30 am bajo una chapa de sol que calcina hastalas ideas. Desde el comienzo es un ascenso, leve pero sostenido. Se vanalejando las sabanas expropiadas y abandonadas de Machiques para dejar que lasmontañas nos circunden. La vegetación es casi inexistente. Lo que hay sonpiedras, arena y arbolitos raquíticos de bosque seco que ha sido muy vapuleado.Agotador. Hay que hidratarse a cada momento. Lamento haberme comido la arepaentera con medio kilo de queso en el mercadito de La Villa. Se me atraganta enel guerguero. Cada vez que conseguimos una sombrita procuro darme un respiro.Nada tan cierto como “Nosotros vivimos bajo e la matica”
Cuando iniciamos el descenso hacia el río Shirimi conseguimos un grupo queviene de regreso. Estudiantes de LUZ y 2 bomberos. Todos muy jovencitos, conmorrales, ellas con jeans y suéteres para protegerse del sol. Tienen 3 días  por estos caminos. Amaron Ayapaina - lacomunidad donde iremos - y sueñan con repetir la euforia.
Llegamos al puente sobre el río Shirimi. De tablas con guayas, muy bien hecho.Lo bautizaron Hugo Chávez Frías, pero hubo arrepentimiento oficial y reclamocolectivo. El letrero con logos de Inparques, alcaldía y gobernación indica loque corresponde: Puente Shirimi. Nos damos un baño reparador. Sentimos que elvapor sale disparado del cuerpo como cuando metes una olla caliente en el aguahelada. Mojamos las camisas para continuar el periplo con la frescura del río.Comemos algo de fruta y tomamos agua helada.
Ahora le toca a las mulas que son mulos: Macho y Canelo. Otra dimensión de laruta. Encaramadas en patas expertas que conocen de memoria cada piedra delcamino, asimilamos que la felicidad tiene cara de mula. Es tan sencillo comoentregarse a su pericia sin el pánico de que arranque a correr porque nadie loharía en este sitio pedregoso tan nefasto. Parece como si transitáramos por ellecho de una quebrada. Supongo que tanta mula pasando ha ido erosionando elsendero. Cada pata se agarra de las piedras y luego se mueve la otra. Asísorteamos la Cuesta del Diablo, como han bautizado los caminantes esta subidatan malandra y pedregosa en zigzag. Por todos lados nos acompañan las montañasdel Parque Nacional Sierra de Perijà. Es inconcebible que esperara tanto pararecorrerlo.

Shirimi
Al final de la cuesta aparecen los techos de la comunidad de Shirimi. Pocascasitas lanzadas en un espacio entre las montañas. No es la pulcritud un valorentre los yukpas. Lo que no se necesita se lanza a la naturaleza y que ella seocupe de procesarlo. A veces puede, pero con frecuencia no lo logra. Visitamosa Danieli Romero. Está sancochando guineos. A su lado sobrinos, hermanitos ehijo, cada uno con su plato y una cuchara estripando los camburcitos hastaconvertirlos en puré con la ayuda de margarina. Es su alimento principal.También cultivan quinchoncho. Eran productores de un extraordinario café. Así lo dicen todas las reseñas de la zona, pero le cayó broca y se acabaron lasplantaciones.

Sin embargotodos conservan su pedacito de cemento para ponerlo a secar. Danieli no sequeja del fogón. Tampoco de lo precario de su alimentación, de la pérdida delcafé, el trabajo o la distancia por recorrer para comprar lo que haga falta. Legusta vivir aquí. Es feliz. Ve la montaña. No hay amenazas. Nos ofrece lascestas que hace con una palma que abunda en la zona. Son sencillas y lindas.
Almorzamos nuestra vianda sobre un aislante. Sánduches de jamón y queso,frutas, de postre puré de chocolate y tomamos agua. Contraste radical de dieta.

Marilyn - unaniñita yukpa de 10 años - se ofrece como guía al salto Shirimi. “Es cerquita”dice y arranca como una cabrita entre corriendo y saltando. Caminar no es suestilo. Se detiene a cada momento a vigilar a sus viajeros. Constata queninguno le sigue el paso, se ríe pícara y se sienta en piedras a vernos entreasombrada y paciente. La bajada es feroz, entre restos de un maizal, con muchaarena que resbala y pocas piedras que sostengan. Desde arriba vemos el salto.Se resbala entre las rocas y cae por etapas, en escalones. Al final se arma unapoza oscura, gloriosa, con paredes de rocas al fondo. Me lanzo en cuanto Neomar- nuestro guía - lo ha hecho. Siempre tengo buen cuidado de no partirme lacabeza. Es helada. Quedo entumecida. Me cuesta respirar. Pero la piel agradece,los músculos se enderezan, la energía vital da vueltas. Hago honor a mi lema:la vida se mide por los ríos donde te has bañado. Shirimi no  lo tenía.
Logro que Marylin converse un ratico. Le pregunto por qué se reía de nosotros:“Porque no corrían". Subimos muy rápido para ponerla contenta.

Un trayecto de selva
Al salir de Shirimi en dirección a la comunidad de Ayapaina, el follaje empiezaa cubrir la montaña. Árboles inmensos al borde del sendero. La Sierra de Perijáempieza a lucirse con sus verdes. La humedad es notoria. Entre todos esosverdes brilla el anaranjado de los bucares. La alfombra naranja es un regalovisual. Da angustia que la pisen las mulas. Parece una profanación estética.Pero ellas ni se dan cuenta. Las mulas se detienen a comer, buscan agua en unrecodo pero el manantial que siempre les humedece el gañote se secó por elverano. Vemos un discreto letrero que indica la entrada a otra comunidad. Sellama Novito y ofrece el atractivo de una cascada. Cuando el camino se ponederechito, sin piedras, casi plano, es la indicación de que se aproximaAyapaina, la comunidad más grande de la zona. Les cuento el próximo domingo.

Datos vitales

Ayapaina Tours

Oficina enMaracaibo: (0261) 525 3125

William Rivera yAndrea Badell: (0416) 0194588

Correo: ayapainatours.c.a@gmail.commailto:ayapainatours.c.a@gmail.com

Web:Ayapainatours.com.ve

Twitter:@ayapainatoursvzla

El domingopasado nos quedamos en Toromo, la comunidad yukpa a orillas del río Negro dondeiniciaríamos la travesía por la Sierra de Perijá. Nuestros guías son NeomarMaldonado, amante de Perijá, dichoso de acompañarnos y emocionado porquevisitará otra vez a sus amigos yukpas. Viene desde hace 18 años. Andrea Badelles la mano de derecha de William en Ayapaina Tours. Su presencia discreta ycariñosa es muy reconfortante. Aquí nos esperaban Juanca (el arriero) y Coera (su esposa yukpa)  con su niñita Sara ylas mulas. Son 6: 3 para la carga y 3 para pasajeros. Mulas grandes, nobles.Acostumbradas a estos caminos de mucha piedra.

Grave erroriniciar este caminata a las 10:30 am bajo una chapa de sol que calcina hastalas ideas. Desde el comienzo es un ascenso, leve pero sostenido. Se vanalejando las sabanas expropiadas y abandonadas de Machiques para dejar que lasmontañas nos circunden. La vegetación es casi inexistente. Lo que hay sonpiedras, arena y arbolitos raquíticos de bosque seco que ha sido muy vapuleado.Agotador. Hay que hidratarse a cada momento. Lamento haberme comido la arepaentera con medio kilo de queso en el mercadito de La Villa. Se me atraganta enel guerguero. Cada vez que conseguimos una sombrita procuro darme un respiro.Nada tan cierto como “Nosotros vivimos bajo e la matica”
Cuando iniciamos el descenso hacia el río Shirimi conseguimos un grupo queviene de regreso. Estudiantes de LUZ y 2 bomberos. Todos muy jovencitos, conmorrales, ellas con jeans y suéteres para protegerse del sol. Tienen 3 días  por estos caminos. Amaron Ayapaina - lacomunidad donde iremos - y sueñan con repetir la euforia.
Llegamos al puente sobre el río Shirimi. De tablas con guayas, muy bien hecho.Lo bautizaron Hugo Chávez Frías, pero hubo arrepentimiento oficial y reclamocolectivo. El letrero con logos de Inparques, alcaldía y gobernación indica loque corresponde: Puente Shirimi. Nos damos un baño reparador. Sentimos que elvapor sale disparado del cuerpo como cuando metes una olla caliente en el aguahelada. Mojamos las camisas para continuar el periplo con la frescura del río.Comemos algo de fruta y tomamos agua helada.
Ahora le toca a las mulas que son mulos: Macho y Canelo. Otra dimensión de laruta. Encaramadas en patas expertas que conocen de memoria cada piedra delcamino, asimilamos que la felicidad tiene cara de mula. Es tan sencillo comoentregarse a su pericia sin el pánico de que arranque a correr porque nadie loharía en este sitio pedregoso tan nefasto. Parece como si transitáramos por ellecho de una quebrada. Supongo que tanta mula pasando ha ido erosionando elsendero. Cada pata se agarra de las piedras y luego se mueve la otra. Asísorteamos la Cuesta del Diablo, como han bautizado los caminantes esta subidatan malandra y pedregosa en zigzag. Por todos lados nos acompañan las montañasdel Parque Nacional Sierra de Perijà. Es inconcebible que esperara tanto pararecorrerlo.

Shirimi
Al final de la cuesta aparecen los techos de la comunidad de Shirimi. Pocascasitas lanzadas en un espacio entre las montañas. No es la pulcritud un valorentre los yukpas. Lo que no se necesita se lanza a la naturaleza y que ella seocupe de procesarlo. A veces puede, pero con frecuencia no lo logra. Visitamosa Danieli Romero. Está sancochando guineos. A su lado sobrinos, hermanitos ehijo, cada uno con su plato y una cuchara estripando los camburcitos hastaconvertirlos en puré con la ayuda de margarina. Es su alimento principal.También cultivan quinchoncho. Eran productores de un extraordinario café. Así lo dicen todas las reseñas de la zona, pero le cayó broca y se acabaron lasplantaciones.

Sin embargotodos conservan su pedacito de cemento para ponerlo a secar. Danieli no sequeja del fogón. Tampoco de lo precario de su alimentación, de la pérdida delcafé, el trabajo o la distancia por recorrer para comprar lo que haga falta. Legusta vivir aquí. Es feliz. Ve la montaña. No hay amenazas. Nos ofrece lascestas que hace con una palma que abunda en la zona. Son sencillas y lindas.
Almorzamos nuestra vianda sobre un aislante. Sánduches de jamón y queso,frutas, de postre puré de chocolate y tomamos agua. Contraste radical de dieta.

Marilyn - unaniñita yukpa de 10 años - se ofrece como guía al salto Shirimi. “Es cerquita”dice y arranca como una cabrita entre corriendo y saltando. Caminar no es suestilo. Se detiene a cada momento a vigilar a sus viajeros. Constata queninguno le sigue el paso, se ríe pícara y se sienta en piedras a vernos entreasombrada y paciente. La bajada es feroz, entre restos de un maizal, con muchaarena que resbala y pocas piedras que sostengan. Desde arriba vemos el salto.Se resbala entre las rocas y cae por etapas, en escalones. Al final se arma unapoza oscura, gloriosa, con paredes de rocas al fondo. Me lanzo en cuanto Neomar- nuestro guía - lo ha hecho. Siempre tengo buen cuidado de no partirme lacabeza. Es helada. Quedo entumecida. Me cuesta respirar. Pero la piel agradece,los músculos se enderezan, la energía vital da vueltas. Hago honor a mi lema:la vida se mide por los ríos donde te has bañado. Shirimi no  lo tenía.
Logro que Marylin converse un ratico. Le pregunto por qué se reía de nosotros:“Porque no corrían". Subimos muy rápido para ponerla contenta.

Un trayecto de selva
Al salir de Shirimi en dirección a la comunidad de Ayapaina, el follaje empiezaa cubrir la montaña. Árboles inmensos al borde del sendero. La Sierra de Perijáempieza a lucirse con sus verdes. La humedad es notoria. Entre todos esosverdes brilla el anaranjado de los bucares. La alfombra naranja es un regalovisual. Da angustia que la pisen las mulas. Parece una profanación estética.Pero ellas ni se dan cuenta. Las mulas se detienen a comer, buscan agua en unrecodo pero el manantial que siempre les humedece el gañote se secó por elverano. Vemos un discreto letrero que indica la entrada a otra comunidad. Sellama Novito y ofrece el atractivo de una cascada. Cuando el camino se ponederechito, sin piedras, casi plano, es la indicación de que se aproximaAyapaina, la comunidad más grande de la zona. Les cuento el próximo domingo.



Datos vitales

Ayapaina Tours

Oficina enMaracaibo: (0261) 525 3125

William Rivera yAndrea Badell: (0416) 0194588

Correo: ayapainatours.c.a@gmail.commailto:ayapainatours.c.a@gmail.com

Web:Ayapainatours.com.ve

Twitter:@ayapainatoursvzla