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Secretos de la Fontana di Trevi

Fontana di Trevi

Fontana di Trevi

Una tradición romana que genera millones de euros al año, que ayuda a los necesitados, pero también –y según el número de monedas que se lancen–permite encontrar el amor... ¡o perderlo!

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¿Sabía que la costumbre de tirar tres monedas a las aguas de la Fontana di Trevi produce ingresos de un millón de euros al año? Y eso descontando las monedas que de noche y al descuido se roban algunas personas. Lo que efectivamente se recauda se entrega a la Fundación Cáritas. Con ese dinero, entre otras cosas, se financia un supermercado para los más necesitados.

La práctica turística es una buena inversión, no cabe duda. Pero si algún día está frente a la fuente, también debería cuidar su fortuna cuando arroje las monedas. No es cuestión de tirarlas a lo loco si quiere resultados. Tiene que tomar cada moneda con la mano derecha, ponerse de espaldas a la fuente y lanzarla por encima de su hombro izquierdo. La tradición le garantiza con dos monedas un inolvidable romance, pero ¡ojo! la tercera hace que ese romance se transforme en matrimonio. Y si ya está casado, esa tercera moneda le asegura un divorcio. ¡Mire las cosas que le pueden pasar por no estar bien informado!

Si va por su cuenta, corre el riesgo de no encontrarla, pues está endiabladamente encerrada entre edificios y como uno camina en Roma con la boca abierta (justificadamente), podría pasar de largo sin verla. A la pequeñísima Piazza di Trevi puede llegar tomando el metro línea A y bajando en la parada Barberini. Desde allí, agarra por la Vía del Tritone y gira en la Vía Poli.

Lo que la hace magnífica es que está recostada en el impresionante Palacio Poli, que tiene un excelente museo, pero la gente le da poca importancia, no solo porque la Fontana se lleva todo el mérito, sino porque frente a la fuente hay varios restaurantes y heladerías donde los turistas descansan apaciblemente.

Vale la pena señalar que la base original de Alberti estuvo en pie como 200 años, hasta que el papa Urbano VIII le pidió a Bernini que se hiciera un nuevo proyecto. Lo primero que hizo Bernini fue cambiarla de lugar para que quedara a la vista del Palacio del Quirinal. Pero Urbano VIII se murió, el proyecto fue abandonado y lo retomó el papa Clemente XII recién en 1730. En ese momento rescató el proyecto Nicola Salvi. La obra demoró en concluirse 30 años, más de lo que lograron vivir Clemente XII y el propio Salvi.