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Santa Cruz de Tenerife se prepara para el estallido del carnaval

Un momento de la celebración del Coso del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife / Foto EFE/Ramón de la Rocha

Un momento de la celebración del Coso del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife / Foto EFE/Ramón de la Rocha

Santa Cruz de Tenerife está a punto de entregarse al carnaval, la única celebración que en las islas Canarias tiene la categoría de fiesta de interés turístico internacional  

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El carnaval de Santa Cruz de Tenerife se ha convertido en un reclamo turístico más y los turoperadores lo ofertan como un atractivo más de la isla española, donde esos días atracan varios cruceros en el puerto de la capital y los vuelos llegan repletos de turistas curiosos por conocer el que se considera como uno de los mejores carnavales del mundo.

Pero este festejo en Santa Cruz de Tenerife empieza mucho antes con los certámenes de los grupos de carnaval y, sin duda, el más solicitado es la final de murgas adultas, agrupaciones musicales críticas con la actualidad.

Y a donde no siempre resulta fácil ir al tratarse de una de las citas más requeridas por los carnavaleros y menos por los políticos, que suelen ser el objeto de las críticas de sus letras. Prueba del éxito de estos certámenes es que las entradas puestas a la venta en internet se agotaron este año en cinco minutos.

Más sencillo lo tiene el que se conforma con disfrazarse -este año la temática gira en torno a los exagerados años ochenta-, y adentrarse en los conocidos como “mogollones”, donde la multitud disfruta hasta altas horas de la madrugada de la fiesta en la calle.

El carnaval de día. Precisamente la celebración en la calle es el plato fuerte de estos carnavales, que presumen de aparecer en el libro Guiness de los Récords por acoger la mayor congregación de personas en un plaza al aire libre para asistir a un concierto, el que en el año 1987 ofreció Celia Cruz junto a la orquesta Billo's Caracas Boys, a la que asistieron más de 250.000 personas.

Entre los asistentes a este concierto, del que todavía se habla, había una gran cantidad de foráneos, aunque seguramente no tantos como en la actualidad, cuando la previsión es que la ocupación hotelera en el área metropolitana ronde el 88%, tres puntos por encima a la del año pasado.

Los turistas, muchos de ellos repetidores, viajan principalmente en parejas o grupos de amigos que de noche viven el carnaval y de día duermen.

Aunque no siempre es así. En los últimos años se ha puesto de moda el carnaval de día que se celebra los dos sábados que dura la fiesta a partir de mediodía y, que solo los más "carnavaleros", enlazan con el de la noche.

El de día es, fundamentalmente, el carnaval de las familias, que disfrutan de los bailes y actuaciones que habitualmente se reparten por los escenarios ubicados durante estas fechas por el centro de la ciudad, que vive su día grande con la celebración de la cabalgata anunciadora.

Esta cabalgata anunciadora es una gigantesca muestra multicolor, compuesta por miles de máscaras y por decenas de agrupaciones musicales, que recorre durante horas las principales calles de la ciudad para mostrar al público apostado en las aceras la explosión de ingenio que se convierte en júbilo.

Carrozas, agrupaciones musicales, espontáneos y grupos familiares de disfraces, de todas las edades, desfilan lentamente por la urbe adelantando lo que se avecina: el trepidante jolgorio que se apoderará de los ciudadanos durante algo más de una semana.

También pasea la coronada como reina del carnaval, cuyo vestido o “fantasía”, así se le llama, elaborado de forma frecuente con miles plumas de faisán y de cristales Swarovski, llega a pesar más de 200 kilos y su precio puede superar los 23.000 dólares.

Todo un espectáculo de desafío de belleza al que solo le podría hacer sombra las caribeñas coreografías de las bailarinas de las comparsas, quienes con el movimiento de sus caderas impregnan de ritmo y alegría la fiesta magna santacrucera por excelencia.

En contraposición a este estallido de color, la fiesta concluye con el Entierro de la Sardina, el acto en el que se le dice adiós al carnaval, llorando de pena cuando finaliza, aunque habrá otro fin de semana de piñata para despedir definitivamente los festejos.

El Entierro de la Sardina es, según los expertos carnavaleros, el espectáculo más irreverente de todo el festejo, y al que, vestidos de riguroso negro, acuden los más fieles a la fiesta para participar en un desfile jocoso plagado de elementos propios de un sepelio burlesco que acaba con la quema de la sardina en la avenida marítima de la capital.