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San Marino travesía en el tiempo

Dicen que cuando el cielo está despejado se puede ver la costa de Croacia | Fotos Pixabay/Raquel Seijas

Dicen que cuando el cielo está despejado se puede ver la costa de Croacia | Fotos Pixabay/Raquel Seijas

La ciudad mirador, enclavada en Italia, deslumbra con sus fortalezas antiguas y sus vistas panorámicas hacia el Adriático

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San Marino es el tercer país más pequeño de Europa, después del Vaticano y Mónaco. Es una república de 61 kilómetros cuadrados, y al igual que la Santa Sede queda dentro de Italia. No tiene mar, picos nevados, ni una oferta cultural variada, pero alguna de estas opciones andan cerca. Por ejemplo, Rimini, la costa italiana sobre el mar Adriático está a 24 kilómetros; o la ciudad de Florencia a 200 kilómetros.

A pocos metros de la plaza principal de la ciudad está el paredón de la ciudad antigua. La entrada se hace por Porta della Fratta; Portanova, apenas un pasadizo; Porta San Francesco, la entrada principal; y Porta della Rupe, en el otro extremo de la ciudad.

La terraza. La ciudad de San Marino, la parte antigua, es la capital del Estado y entre los restos de muro que zigzaguean por el monte Titano está todo su atractivo, protegido por la Unesco. Si el país fuera un edificio ésta sería su terraza, a 750 metros de altura.

La distracción del paseo en subida es su vista panorámica. Dicen que cuando el cielo está despejado se puede ver la costa de Croacia. Mientras se realiza el camino hacia la torre principal de la ciudadela, las localidades circundantes parecen una maqueta junto a la costa Adriática.

En realidad no hay una, sino tres torres, al igual que en el escudo de la bandera sanmarinense, blanca y celeste. De las tres rocas (también se les llama así) se pueden visitar la primera y la segunda, que están a unos 400 metros una de la otra. La tercera, alejada en un parque natural, está cerrada al público.

La Guaita o Rocca Maggiore es un antiguo fuerte militar anterior al siglo XI que servía para defender el territorio. Desde finales del siglo XVIII hasta 1975 también funcionó como prisión. Hoy es posible visitar las cárceles, al igual que la capilla de Santa Bárbara, patrona de los artilleros, y la torre de la campana desde donde se ven los montes Apeninos.

Para llegar a Cesta o Fratta, la segunda torre, hay que volver a cruzar Porta della Fratta. A 756 metros de altura y sobre un barranco con vista al mar, la torre que funcionaba en el siglo XIII como centro de observación, hoy tiene un espacio abierto para el museo de armas antiguas.

Pausa. Los puntos de la ciudad que tienen las mejores vistas son Guaita, Cesta y el Cantone, una especie de balcón que atrae a todos los que quieren la foto con el paisaje infinito atrás.

Antes de seguir hasta el Cantone, que está cerca de la Porta della Rupe (una de las puertas de la muralla) se puede hacer una parada en la calle Salita alla Rocca, en un bar con baranda hacia el precipicio. El lugar es ideal para sentirle el gusto al vértigo y a la cocina sanmarinense que tiene una fuerte influencia de la gastronomía italiana.

Ravioli, tagliatelle y cappelletti son habituales. Pero en cuanto a postres hay que probar el bustrengo, una torta húmeda con frutos secos.

La cantera. El palacio público es la sede de las ceremonias oficiales. Si bien el edificio se construyó entre los siglos XIV y XV, la restauración que le dio su actual aspecto neogótico es de 1894. Los cambios de guardia se hacen de mayo a septiembre, entre las 9:30 am y las 5:30 pm, con relevos cada 60 minutos.

Al lado del ayuntamiento hay un paredón con la inscripción Cava dei Balestrieri. Hacia abajo se puede ver una escalinata que termina en un jardín con pasarelas de piedra. Es una cantera que se abrió en el siglo XIX para extraer la piedra que se utilizó en la restauración del palacio público. Actualmente es el centro de las jornadas medievales que se festejan cada año, entre los últimos días de julio o primeros de agosto. Son cuatro días en que la ciudad de San Marino retrocede a la edad media. Se organizan shows con tambores, gaitas y bailes típicos, la gente viste trajes de época, y la cantera se ilumina con antorchas y velas que recrean el ambiente de tiempos pasados.

A pocos metros de la cantera, el camino hace una curva que termina en el Cantone o gran rincón, uno de los puntos panorámicos más hermosos con campos que parecen dibujados en diferentes tonos de verde.

Al atardecer

A un costado del Cantone está la estación del funicular y baja hasta el distrito Borgo Maggiore. Subirse a uno de los últimos viajes (trabaja hasta las 7:00 pm) tiene el plus de una vista que desciende con el atardecer.