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Sabor latino en la Expo de Milán

Vista del pabellón de Brasil y las plantas tropicales con las que está decorado / Foto EFE/Mourad Balti Balti

Vista del pabellón de Brasil y las plantas tropicales con las que está decorado / Foto EFE/Mourad Balti Balti

Los restaurantes y la gastronomía son también un polo de atracción turística. Mientras Chile vende la calidad de sus vinos, México alardea de la variedad de su cocina

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Una cumbia con toque electrónico resuena en un rincón de la Expo de Milán. Hasta las afueras de la ciudad italiana han llegado esos ritmos tradicionales de Colombia, que esta vez salen del pabellón de Argentina.

Allí unos instrumentos de percusión puestos sobre el escenario dan cuenta de una batucada anterior, mientras la música ameniza la tarde de quienes degustan productos típicos en mesas y sillas altas.

En este bar de ambiente cool se encuentra el chileno Mauricio Saldivia tras haber visitado la muestra del pabellón, cuya arquitectura imita unos silos. "Vine con la esperanza de verlo porque los argentinos son nuestros vecinos", afirma.

El país suramericano muestra músculo con su sector agropecuario a través de una instalación audiovisual y varias esculturas de madera, con las que también reflexiona sobre la seguridad alimentaria, el desarrollo tecnológico y los desafíos del capitalismo.

Mauricio coincide en la preocupación que existe por la necesidad de alimentar a una población creciente y gestionar recursos naturales limitados.

"Uno ve que las soluciones son muy tímidas y que los grandes países, que deberían llevar el liderazgo, están muy quietos, tranquilos y callados", afirma.

Respecto al pabellón, tiene sus dudas: "Está interesante, pero encontré un poco pobre el contenido. Esperaba un poco más de los argentinos, aunque siempre nos matan con el olor a la carne", dice entre risas.Y es que la carne de vacuno sigue siendo uno de los productos estrella de varios países del Cono Sur.

En el pabellón uruguayo muestran la trazabilidad de la carne que compran los visitantes. De esta forma tienen la posibilidad de identificar el origen y las diferentes etapas por los que ha pasado el producto mediante un código que lleva consigo.

Las energías renovables y la producción agrícola inteligente son otros de los mensajes con los que Uruguay quiere promocionarse en esta feria volcada en la alimentación.

Diplomacia gastronómica. Bajo el lema "Alimentar el planeta, energía para la vida", la Expo de Milán funciona como un escaparate para la imagen de los países y organizaciones. No es de extrañar que reciba las visitas de jefes de Estado y otras personalidades a su paso por Italia.

En junio pasado fue el turno del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos; el de Bolivia, Evo Morales; y el de México, Enrique Peña Nieto. Los tres coincidieron el mismo día promoviendo la riqueza de sus respectivos países.

Destacar entre los 145 países participantes y atraer a los visitantes no es siempre fácil. Durante seis meses y hasta el 31 de octubre, cada pabellón organiza numerosos eventos con los que darse a conocer.

El día nacional de un país suele ser motivo de celebración. Lo fue para Colombia, que el 20 de julio sacó a bailar a los paseantes a ritmo de salsa y carnaval, y para Bolivia, que el 6 de agosto promovió la quinoa al tiempo que festejaba su Independencia con bailes folclóricos.

Ofertas de todo tipo. Para los países que por sus circunstancias no pueden permitirse la construcción de un pabellón en solitario, existe la posibilidad de compartir un espacio junto a otros Estados.

En la parte dedicada al cacao, Cuba tiene una pequeña representación del chocolate cubano. También están expuestas dos variedades de café de la zona oriental de la isla.

Lo que tampoco falta es el ron del país, comenta el camarero cubano Nelson Cano. "Aquí en Milán se conoce mucho el mojito y es lo que más se vende junto al daiquiri. A los italianos les gusta el ron cubano", sentencia.

Mientras que Venezuela está presente en la zona de cereales, República Dominicana, Guatemala y El Salvador ocupan su lugar como productores de café.

A veces la visita a estos puntos temáticos no tiene más que una tienda de productos locales. Frente a las ofertas más modestas, otros países enseñan su poderío apostando por el diseño y la arquitectura.

Una ventana al mundo. El pabellón de Brasil, uno de los más frecuentados, destaca por una inmensa red por la que las personas trepan y dejan bajo sus pies un jardín de plantas exóticas.

La brasileña Denise Campos, que ha viajado a Milán desde Mina Gerais, aprueba la obra. "La red trenzada muestra las dificultades y te obliga a buscar la ayuda del otro porque, si no, es muy difícil andar", indica.

Además de las explicaciones sobre la industria del país y sus productos agrícolas como el cacao, el café o el anacardo, Denise echa en falta algo más de espectáculo y opina: "Faltó una pareja que bailase el forró o la samba porque la música es algo que contagia y da ganas de bailar a todo el mundo".

Los restaurantes y la gastronomía son también un polo de atracción turística. Mientras Chile vende la calidad de sus vinos, México alardea de la variedad de su cocina.

Cuando el cansancio hace mella en los visitantes, una parada para reponer fuerzas puede ser la ocasión de degustar todo tipo de platos.

Sabrina Scarrantino, procedente de Estados Unidos, ha probado las empanadas, el ceviche de camarón y los plátanos fritos del restaurante de Ecuador. "Las porciones son un poco pequeñas, pero estaban deliciosas", comenta.

Y se muestra encantada por su experiencia en una Expo que, a pesar de las críticas recibidas por su gestión y los problemas logísticos, deja en los turistas la imagen propia de un recorrido culinario por el mundo.