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Roma revive el Foro de Augusto

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Hasta septiembre, el Ayuntamiento de Roma ha montado un espectáculo digital que permite ver la Ciudad Eterna tal como era hace veinte siglos

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"Encontré a Roma como una ciudad de ladrillos y la dejé como una ciudad de mármol". Con estas palabras, dichas poco antes de morir, el emperador romano Augusto definió el cambio que vivió la urbe durante su reinado de más de 40 años.

Dos milenios después de su fallecimiento en el 14 d. C., la Ciudad Eterna revive ­gracias a la tecnología­ la impronta visible del gran mandatario, el Foro de Augusto, cuyos restos se pueden ver junto a los de los otros cuatro foros imperiales.

El complejo recibe cada año a millones de turistas, casi tantos como los que visitan el Coliseo, que comparte billete de entrada con los foros. Por eso, quienes llegan deseosos de admirar el imponente anfiteatro no dudan en acceder al complejo que fuera en su día el centro de la vida administrativa, social y cultural del Imperio Romano.

Los foros son testimonio de la mayor metrópolis de la antigüedad, que llegó a alcanzar el millón de habitantes, una cifra que ninguna otra ciudad volvió a sumar hasta que lo hiciera Londres en el siglo XIX.

Pero de ese esplendor solo quedan ruinas que requieren de mucha imaginación para comprender lo que allí sucedía a diario.

El Ayuntamiento de Roma ha creado en colaboración con científicos e historiadores un espectáculo audiovisual para iluminar a esos turistas que pasean en la zona donde se alzaban colosales templos y estatuas, fluía el agua en sus fuentes, se desarrolló el Derecho Romano, o se debatían los devenires y conquistas del colosal Imperio.

Hasta el 18 de septiembre 600 personas podrán, cada noche, sentarse en unas tribunas habilitadas sobre el mismo Foro de Augusto, desde las que contemplarán proyecciones y hologramas que se valen de las piedras y los restos conservados para resucitar el complejo y mostrarlo tal como era hace dos milenios.

La compenetración de imágenes, narración, música y efectos sonoros crean un espectáculo de 40 minutos de duración, que cuenta con audioguía personal, en seis idiomas, entre ellos el castellano.

Al caer la noche, la vía de los Foros Imperiales, cicatriz de modernidad que cruza el complejo de los foros, apaga sus luces para permitir el renacer de este viejo inquilino sobre el que se asienta.

El Foro de Augusto, ulterior al de Julio César y predecesor de los foros de Nerva y Trajano, contaba con unas dimensiones de 120 metros de largo y de ancho, y estaba presidido por el templo de Marte, el Vengador; una construcción de 30 metros de altura y 40 de profundidad.

Delimitado a los lados por dos ornamentados pórticos, mientras uno de sus extremos conectaba con el foro de Julio César, su opuesto era cerrado por un muro, todavía hoy en pie, cuya principal función era, además de aislar al foro de los barrios periféricos, la de actuar como cortafuegos.

Como ejemplo de la tecnología desarrollada por los romanos, los bloques de este gran muro no estaban unidos por mortero, sino por zancas de madera de roble, que han sobrevivido en buen estado. Las estructuras impedían el movimiento horizontal aunque, tal como explica el relato, verticalmente el muro se sustentaba y todavía se sustenta con la sola fuerza de la gravedad.

Sobre esta tapia, de 33 metros de alto, tanto como un edificio de 11 plantas, surge ante los ojos del espectador el antiguo templo, de predominante mármol y en cuyo interior se guardaba una gran estatua del propio Augusto.

De esta mole apenas se conservan sus huellas, la marca de un pie de 1,66 metros de longitud y algunos dedos hallados en excavaciones modernas.

Guiado por el espectáculo audiovisual, el público desciende por la escalinata del templo, una de las pocas partes reconocibles de este espacio sin necesidad de reconstrucción digital, y a cuyos lados se situaban dos grandes fuentes de agua, que provenía de los siete acueductos que abastecían la ciudad a comienzos del primer siglo después de Cristo.

La plaza, lugar de reunión de todo tipo de personas, se mantenía vigilada por decenas de estatuas a los pies de las columnas de los pórticos, en cuyo interior se encontraban los tribunales de justicia de la Antigua Roma.

Todavía hoy sigue sin conocerse bien cómo estaban dispuestas las aulas en el interior, pero sí que se sabe que los magistrados, nombrados directamente por Augusto, se sentaban en pedestales un poco más altos dispuestos en semicírculo frente a los procesados.

Las estancias, de las que todavía se puede adivinar el suelo de mármol policromado, se reconstruyen de pies a cabeza mediante hologramas.

Entre aplausos, las ruinas vuelven a quedar dormidas ante la mirada de cientos de personas que volverán a casa sin piedras en la cabeza, sino con el vivo recuerdo del foro de César Augusto, que propició el inicio del mayor período de paz en la historia de Roma, entre el 29 a. C. y el 180 d. C., un tiempo conocido como Pax Augustea.