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Río Caribe está lleno de suculencias

Río Caribe está lleno de suculencias

Río Caribe está lleno de suculencias

Reconozco mi frenesí por este pueblito costero en la exuberante península de Paria, estado Sucre. Al entrar reconforta la presencia del mar, se arma un mercadito a diario junto a los peñeros y sus habitantes se esmeran en preparar recetas para alimentar a la visita

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Cómo ir. Hay que atravesar casi todo el oriente del país ­ahora tan congestionado­ porque Río Caribe queda después de Cumaná, Carúpano y El Morro de Puerto Santo. Desde Monagas es ideal llegarle por Caripe y salen a Cariaco. Por avión, pueden volar en la recién estrenada ruta de Albatros, de lunes a viernes saliendo de Maiquetía a las 10:30 am. Todos rogamos porque extienda los vuelos a los fines de semana. Es un clamor nacional.

Comer sabroso. Hace unas tres semanas estaba en un agite viajero que nos llevó del delta del Orinoco a Maturín y luego a Carúpano, para salir a los dos días a Los Testigos. Quería sorprender a unos amigos con un almuerzo rico, las opciones de Carúpano son casi nulas, así que nos fuimos hasta Río Caribe. Tengo especial admiración por la sazón y las atenciones de Cosmelina en su restaurante Manos Benditas, justo frente al malecón en toda la entrada del pueblo.

Es un sitio sencillo, en una casita de techos altos y ventanas, con apenas 6 mesas y un corredor ancho que conduce a los fogones, el reino de esta señora cocinera. Durante muchos años acompañó a Tamara Rodríguez en su Pariana Café, aprendió de cocina pariana, le colocó su toque y abrió local propio. Son extraordinarios sus acrás ­una especie de tortica de ocumo­ los camarones y el dorado con curry son excelentes, el pescado está siempre muy fresco y sabe freírlo en el punto justo. La ensalada rallada estupenda, las sopas divinas y hace un muy buen negro en camisa. No hay aire acondicionado, pero pega un poquito de brisa, ponen ventiladores y los sabores tan genuinos le pasan por encima al calor.

Como pasé dos días por ahí, fuimos con Tamara a almorzar al puesto de Claudia Malavé de Núñez ­Caya­ en el mercado municipal de Santa Bárbara. Desde hace nueve años esta señora alimenta a sus comensales con pato, chivo, gallina, pollo, cochino frito, tortillas de cazón y chucho, pollo con berenjena, pescado salado, bistec, caraotas, ensalada, camburcitos fritos, aguacate o morcilla si es tiempo. Todo es una delicia, la auténtica sazón criolla de cebolla, ajo y ají dulce, sin artificios ni polvos.

Prepara todo en su casa por ahí cerquita y lo lleva hasta su puesto, con apenas tres mesitas bajo un techo. Probamos de todo en raciones que compartimos con las hijas. Jugos de frutas y un papelón con limón en su punto. "Con estas arepas y estos guisos, mi ganancia es que mi hijo se gradúa de médico este año", dice como despedida. Le di un abrazo grande. El muchacho se llama José Núñez y tiene 29 años.

Para el postre o la merienda pueden pasar por Caribe’s Café, un negocio nuevecito frente al malecón, con vista de mar, colores estridentes, mesitas afuera, helados EFE preparados, café, sándwiches, postres caseros y fresas con crema. Toda una sorpresa con su aire acondicionado y un toque actual. La otra opción de meriendas es El Dulce Canasto. Jairo Gil sale desde las 3:00 pm a recorrer el pueblo calle por calle ofreciendo finezas en hojaldre. Es una sorpresa la calidad y finura de sus pasteles con guayaba, ciruela o cabello de ángel. También vende pizzas sabrosas y empanadas gallegas con diversos rellenos.

Para aliviar los vaporones, busquen los carritos de cepillados.

Todavía los hacen con el cepillo que se le pasa a la panela de hielo y la va raspando. Los ofrecen de jobito cuando es temporada.

Criolla y rápida. Como todo pueblo oriental que se precie, en Río Caribe se instalan las empanaderas en las esquinas.

La señora Nurys acomoda su puesto en la avenida Bermúdez.

Temprano y de lunes a domingo frente a Shalimar y de tarde al lado del centro hípico para aprovechar a los apostadores, pero sólo fines de semana. Sus empanadas de chorizo ­cuando las hace­ son memorables, pero igual ofrece de carne mechada, pollo, queso y cazón.

En la misma avenida, pero un poco más arriba en dirección a la iglesia, se para Yuraika de jueves a domingo. Muy conversadora asegura que todo lo que preparan en su familia es bien bueno. Cuenta que tuvieron que cerrar el restaurante Flor Daliza porque "aquí la gente no aprecia lo bueno", pero que ella hace sus empanadas y con eso resuelve. Me fascinaron las de pepitonas, con su masa finita y el punto de dulce. Por ahí mismo busquen el bodegón distribuidora El Tonel, con una música estridente que atormenta.

Pero hay que reconocer que sus pasteles de harina de trigo son exquisitos. Los ponen en la vitrina desde las 8:00 am ­obra de Lorenzo Hernández­ y se venden todo el día. Los hay de carne molida, pescado, pollo, caraotas y queso, y queso. Lo rico es que son guisitos de lo más gustosos.

Para llevar. Es histórica la discusión entre riocariberos y carupaneros sobre la calidad de sus chorizos. En la calle Anzoátegui deben buscar la casita de la señora Ismenia, con más de 60 años haciendo sus chorizos de puro cochino, que guinda al lado de la cocina para que cada quien entre y decida cuántos quiere. Ya no le provoca ni que la retraten, de tan famosa que se ha hecho en el pueblo por la calidad de sus chorizos. Si es Mirna, aparece en los afiches de Venetur como la autora de curiosas bebidas que hace y vende en su casa, frente a la plaza, en la avenida Bermúdez. En un cartelón grandote anuncia: Singa parao, escoñe...ya, polígono de tiro, el placer, siembra valor o romance nocturno.

Si bien el descuido es notorio y la pulcritud no es una de sus virtudes, me gusta visitar el mercadito que se arma todas las mañanas frente a la playa, donde están los peñeros. Nos explicaba el alcalde ­Macondo, le dicen a él­ que no ha habido ni forma ni manera de que se quieran trasladar al mercado municipal que está arriba. Aquí se vende el pescado fresco que traen de la faena diaria y lo que se produce en los conucos. Me encanta probar las frutas de los patios que nunca se consiguen en las fruterías de ciudad. Había jobitos, pomagás, chirimoya y unos cambures manzanos y titiaros fenomenales. Hay ventas de empanadas y arepas en algunos kioscos. Ojalá que lo adecentaran un poco. Lo que sí queda muy claro, es que la visita comerá muy rico en Río Caribe. Y si salen hacia Chacaracual, compren los bombones de Chocolates Paria.

Como toque final, el mayor placer será conseguir a Tamara Rodríguez, habitantes de este pueblo desde hace más de 15 años, pero desde que tiene su cocina portátil, pocas veces calienta el hogar. Ella y su marido Juan Sará cocinan para grupos en el patio de su casa. Son veladas memorables y suculentas. Deben avisar con tiempo. También preparan frutas secas, mermeladas, chutneys y otras finezas bajo el nombre de Sabores de Paria.s