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La Restinga para enamorarse

Una mágica laguna en la perla del Caribe | Fotos Eduardo Salazar Uribe/Ely Mora

Una mágica laguna en la perla del Caribe | Fotos Eduardo Salazar Uribe/Ely Mora

Canales, túneles y plazas adornados por manglares componen el estuario, que sirve para una escapada romántica, una aventura familiar o entre amigos, y un motivo perfecto para dejarse cautivar por Venezuela

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Blanca Navarro Aponte tiene 86 años de edad y es la primera vez que visita La Restinga. De hecho, es la primera vez que respira el aire de Nueva Esparta. Para llegar debió montarse por primera vez en un avión y, también, por primera vez en una lancha. A su edad, aún se puede tener una primera vez… pero sin temores, todo lo contrario, luce encantada. Sonríe. Nada le da miedo, como creyeron  los familiares que la acompañan.

Como el resto, Blanca se sube a un tapaíto –una suerte de barca con motor fuera de borda– que lleva  a 5 o 6 personas por la laguna. Este sitio neoespartano es considerado Parque Nacional desde el 6 de febrero de 1974 y abarca casi 188 km2.

La Restinga queda entre el oeste y este de la isla de Margarita, justo frente a la península de Macanao. Por todo el estuario se observan los manglares. Plantas y bosques que bordean 33% de las costas tropicales venezolanas, aproximadamente 1.100 kilómetros. En La Restinga se ven mangles blancos y negros, de botoncillos y rojos, preciosos. Llenos de ostras, miles de ostras, que se pueden disfrutar en la orilla, además de collares de perlas para las mujeres.

 

Lleno de amor. Juan Martínez conduce el tapaíto y sirve de guía, junto con otros 20 lancheros. Lo espectacular es que aunque para los extraños pueda ser una maraña de caminos parecida a un laberinto, los lugareños son capaces de garbearlo con los ojos cerrados.

Allá están las Tetas de María Guevara – explica Martínez, alzando la voz por encima del ruido que produce la brisa marina. Las Tetas son dos cerros gemelos que se funden en un monumento a María Guevara, una mestiza cumanesa que luchó por la Independencia. Relatan que sus restos fueron enterrados debajo de esas colinas.

Al navegar se admiran las aves, que rondan el centenar de especies. Unas posan sobre las raíces aéreas de los manglares. Otras vuelan para fascinar a quienes los que van en las barcas: garzas, paticos zambullidores, flamencos y pelícanos son parte de la fauna de esta albufera valorada como un humedal de importancia internacional y protegida por el convenio Ramsar (1996).

Es un trayecto, que según Martínez, está lleno de amor. ¿Por qué? Pues los manglares "construyen" de manera natural canales, plazas, redomas y túneles con una ilusión romántica. El Túnel de Los Enamorados; las plazas El Encanto, Mis Amores y Bella Vista; el Canal del Orgullo, Mi Dulce Amor, y del Beso. En esos lugares voluntariamente todos se ofrecen una carantoña con los labios en la mejilla y, quienes estén enamorados, en la boca de quien tienen a su vera. La naturaleza es la única testigo.

 

Hechizos y leyendas. Blanca va en la punta de la lancha, que se desplaza a unos 30 km por hora, su pelo es corto y la piel morena clara, el sol la hace entrecerrar los ojos pero no deja de observar ni un momento el entorno. Obnubilada por la inmensidad del mar que la hace olvidar por segundos el ímpetu del llano portugueseño del que es oriunda. Se siente aliviada, feliz, como si conquistara cada paisaje que divisa. Uno la ve serena y se pregunta: ¿cuál es el secreto para vivir tanto? De pronto, en el azul intenso del agua se refleja el vuelo de una gaviota y el tiempo se detiene.

Martínez detiene la embarcación en medio de un canal ancho y al fondo se ve el indio dormido, otro mito margariteño, pero que su gente cuenta con agrado. La silueta de un hombre se ve en su esplendor sobre el cerro de Macanao. Cuenta la leyenda que quien lo ve recibe la gracia del Caribe. El instante es mágico.

La laguna tiene cerca de 7 metros de profundidad y a simple vista se encuentran los cangrejos azules, tortugas marinas como la cardón o la verde, y los preciados peces meros, carites, sardinas, cazones y róbalos. Si sumerge las manos en el agua puede traer consigo moluscos criollos conocidos como las pepitonas o los internacionales ostiones. Y, por supuesto, los guacucos, que son almejas únicas del sur caribeño.

 

Un recuerdo para siempre. Algunos canales son angostos, otros anchos. Martínez que tiene toda su vida en La Restinga brindó un recorrido por los laguitos de La Tortuga, Las Fermines, y las gárgolas Matasiete, Paraíso y el caño Largo, de 1.650 metros. Este último alberga en su fondo un barco y en el exterior el silencio sirve de refugio catártico. Son 10 minutos purificadores. De regreso al muelle, nos reciben los tenderos, con souvenirs como pequeñas tallas de la Virgen del Valle, collares o la gastronomía del lugar: empanadas de cazón y las reputadas ostras.

Blanca no lleva traje de baño, sino un vestido playero de colores y una cartera de cuero marrón que no suelta, y no suelta nunca durante el viaje. También mantiene de principio a fin una sonrisa.

—¿Te gusta, abuela?, le pregunto.

—Cómo no me va a gustar lo bonito, responde con firmeza.

Bonito y nuestro.

Actividades

En La Restinga también se puede hacer kayak e ir a su increíble playa de aguas cristalinas

El dato

Los llaman Canales del Amor por unos chicos que se enamoraron allí y siempre volvían para revivir su pasión

Desalinización natural

Los manglares poseen un mecanismo que les permite captar el oxígeno desde las raíces aéreas, y desde las plantas desalinizar el agua absorbida. Por eso logran vivir en hábitats anfibios