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Praga, un cuento de hadas hecho ciudad

El centro histórico de Praga es de esos lugares a los que se los puede recorrer 20 veces y siempre se descubrirá algo nuevo

El centro histórico de Praga es de esos lugares a los que se los puede recorrer 20 veces y siempre se descubrirá algo nuevo

Existen buenas razones para visitar la capital checa, que atesora un casco histórico impecable, castillos, la mejor cerveza de Europa, el recuerdo de Kafka y un sinfín de leyendas que le dan un perfil misterioso

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Las guías no exageran ni un poquito cuando aseguran que Praga es una ciudad salida de un cuento de hadas, con mitos y leyendas de los tiempos medievales. Una ciudad colonizada por cúpulas, torres, arcos góticos y donde el patrimonio histórico se protege con recelo.

Aunque el idioma checo, rebosante de consonantes y muy bien sazonado con acentos de todas las formas, es impenetrable, y fuera del circuito turístico pocos hablan inglés, de todas maneras es muy sencillo moverse por la capital de República Checa.

La historia del país por momentos apabulla, pero ayuda a entender un poco más la ciudad. Praga fue capital del Sacro Imperio Romano Germánico, sufrió la guerra de los 30 años y perteneció al Imperio Austro-Húngaro. Después de la Primera Guerra Mundial se formó la Checoslovaquia independiente de la mano del líder Tomás Masaryk, donde se consagró como una nación próspera; incluso llegó a estar entre los 10 mejores lugares del mundo en cuanto a calidad de vida. Veinte años más tarde sufrió la ocupación nazi, quedó bajo la Cortina de Hierro durante el comunismo y tuvo su primavera en 1968, que terminó con la ocupación soviética. Y en 1993 con un divorcio pacífico se separó de Eslovaquia.

República Checa sigue batiendo récords de visitantes: el año último recibió 8.126.369 turistas y por primera vez en su historia logró superar la barrera de ocho millones.

Entre muchas otras, diez buenas razones que explican el gran éxito turístico de Praga.

1.- La Ciudad Vieja

El centro histórico de Praga es de esos lugares a los que se los puede recorrer 20 veces y siempre se descubrirá algo nuevo. Y seguramente también uno se perderá 20 veces entre callejones adoquinados sin salida, callejuelas zigzagueantes y una colección de construcciones históricas con siglos y siglos sobre sus tejados, desde los tiempos medievales. Declarada Patrimonio de la Humanidad, atesora arquitectura románica, gótica, barroca, renacentista y rococó con la suerte a favor, porque no fue destruida durante las guerras.

Staromstské es la plaza central, uno de los sitios con alto tránsito turístico de la ciudad, sobre todo frente al reloj astronómico, que a cada hora da inicio a una marcha de los 12 pequeños apóstoles. Una trdelink (un dulce enrrollado de diferentes sabores), que se vende en puestos callejeros cada dos pasos, es una buena compañera para ver los principales atractivos: la histórica iglesia de Tyn, construcciones góticas, el Teatro Estatal, galerías, museos, una feria de artesanías y una infinidad de negocios que venden recuerdos como marionetas y cristalería.

2.- El Puente de Carlos

A las 7:00 am, mientras la ciudad se despereza lentamente, es el mejor momento para recorrer los 516 metros del puente de Carlos (Karlúv most), el más antiguo de la ciudad, que cruza el río Moldava, con absoluta tranquilidad.

Con las primeras luces se pueden descubrir los detalles del puente de piedra, construido por el emperador Carlos IV en 1355. También admirar las 31 estatuas barrocas de santos que adornan cada lado del puente. Y tocar, como indica la tradición la escultura de San Juan de Nepomuceno y pedir un deseo. Durante el día, a la marea de turistas se suman vendedores de recuerdos, dibujantes que ofrecen caricaturas al paso y guías con sus paraguas, que lo hacen mucho más animado, pero complejo. El puente, ahora peatonal, une la Ciudad Vieja y Malá Strana.

3.- El castillo de Praga

La imponente silueta se ve desde lejos, en lo alto de una cima, sin nada que la obstruya. De hecho están prohibidas las construcciones de más de 22 pisos en la zona histórica. Es el castillo más grande del mundo y el más importante del país. Pero más que un castillo es una pequeña ciudadela medieval, con iglesias, palacios y callejuelas que demanda buena parte del día recorrerlo.

No hay que perderse la catedral de San Vito, de estilo gótico, que comenzó a construirse en el siglo XIV por iniciativa de Carlos IV, el mismo emperador que construyó el puente y la ciudad nueva. Las agujas góticas se destacan por encima del resto. Adentro, un imponente vitraux y la tumba de San Juan de Nepomuceno, hecha con dos toneladas de plata, meren especial atención.

También se visita la iglesia de San Jorge, la más antigua del castillo, del siglo X, que durante el comunismo se usó como depósito de armas.

El antiguo Palacio Real es del siglo IX, aunque con muchos cambios. Allí pueden verse imponentes salones y la ventana donde se produjo una de las defenestración de Praga en 1618: dos gobernadores católicos fueron arrojados por la ventana por los protestantes, lo que dio inicio a la Guerra de los Treinta Años.

El Callejón del Oro era la pequeña calle de los alquimistas del emperador Rodolfo II, después fue ocupada por artesanos y obreros. Incluso Kafka solía frecuentar la casita N° 22, donde vivía su hermana, para inspirarse en las noches desveladas. Ahora en las casitas de colores hay pequeños museos que muestran cómo se trabajaba y vivía antes, y varios comercios con infaltables suvenires.

4.- La cerveza

República Checa es el país de la cerveza. Se adjudica ser la nación donde más se consume por persona en el mundo: 150 litros por año. Más que en Alemania, más que en Irlanda.

Es la bebida más económica, cuesta incluso menos que el agua mineral. Se consigue desde 1 dólar el porrón en restaurantes y bares, aunque varía según las marcas.

Un viaje a Praga debe incluir una visita a un pivovar, como se llama a las cervecerías, donde sirven cervezas de la casa, en porrones muy generosos.

El Tigre de Oro (U Zlatého Tygra, para los que se animen al checo) está en plena Ciudad Vieja (Husova 17) y es una de las cervecerías más tradicionales de Praga. En la pared, sobre la puerta, se destaca precisamente una figura de un tigre dorado, como se identificaba a las construcciones en la Praga medieval.

Es la típica taberna con los habitués locales que tienen siempre su mesa reservada. Los turistas, mejor saberlo de antemano, no son muy bien recibidos. A las 3:00 pm, cuando abre, ya hay fila en la puerta para entrar. Los mozos, fiel al estilo checo, no se preocupan por asistir a los visitantes, sobre todo si son extranjeros, ni anotarlos en una lista. Pero a no desanimarse, vale la pena esperar. Aquí, aseguran, sirven la mejor cerveza pilsen de Praga, suave, clara, muy fácil de beber y a la temperatura justa de 7°. De estilo rústico, con mesas para compartir de madera, es la cervecería visitada por las celebrities que visitan la ciudad.

Cuando por fin se consigue una mesa, prácticamente antes de sentarse y sin ordenar nada llega la cerveza a la mesa, un porrón por comensal (cada uno cuesta poco menos de 2 euros). En la mesa queda un papel con palitos que indican la cantidad de porrones. La cervecería tiene sus reglas: sirven sin preguntar, hasta que el comensal diga basta. Y a las 11:00 pm en punto se rompe el hechizo, es hora de cerrar. El mozo anota el precio final en el mismo papel, ya con muchos palitos.

5.- Precios accesibles

Llegar a República Checa es un alivio para los bolsillos debilitados de los viajeros que recorren Europa. Aquí todo es un poco más accesible que en los países del oeste europeo. Alojamiento, entradas a sitios históricos y especialmente comida resultan económicos. Una buena explicación es que el país todavía no utiliza el euro. Aunque forma parte de la comunidad y tiene la obligación de adoptar la moneda, República Checa viene postergando el tema desde hace años. Ahora prometen volver a evaluar el asunto recién en 2018. Mientras tanto, la moneda oficial sigue siendo la corona, que cotiza a 25 por dólar. Aunque en la mayoría de los comercios los precios también están en euros, conviene cambiar y pagar con la moneda local o usar la tarjeta de crédito, porque en el redondeo se pierde. Los checos siempre tuvieron un buen nivel de vida, aunque cultivan un perfil austero.

6.- Cristal de Bohemia

El cristal con el que se mira Praga es auténtico de Bohemia y tiene una tradición de más de 700 años de fabricación artesanal. La cristalería es orgullo nacional y de exportación, con denominación de origen y reconocido internacionalmente. Los negocios de suvenires en la Ciudad Vieja están llenas de objetos del famoso cristal de la región de Bohemia: arañas, juegos de vajilla, jarrones, adornos y hasta limas, un suvenir original y económico.

Los materiales básicos son arena, potasio, soda cáustica y cal, que se encuentran en las zonas montañosas del interior del país. Con la llegada del art nouveau y el art déco, el cristal de Bohemia ganó fama mundial. Aunque hay varias cristalerías de renombre, una de las más importantes es Moser, que fabrica valiosos objetos de cristal desde 1893 y exporta el 50% de su producción. Es uno de los preferidos de las cortes reales: se usa en el Palacio de Buckingham y fue la vajilla que se utilizó en la boda de los reyes de España. Una copa puede costar 700 euros.

7.- Franz Kafka

Caminar por Praga también es una manera de sumergirse en la literatura del checo más famoso y en su vida. Fue su ciudad natal y donde escribió. En muchos lugares de la ciudad se puede seguir los pasos del escritor como la Ciudad Vieja, donde estuvo su casa natal, al lado de la iglesia de San Nicolás (ahora queda únicamente el portal de piedra original). El Bar Mitzvá de Kafka se celebró en la sinagoga Vieja-Nueva del Barrio Judío.

El Café Louvre (Národní 20) lo tenía como habitué a principios de 1900. También se puede visitar el Museo Franz Kafka (Cihelná 2b; www.kafkamuseum.cz), con fotografías, manuscritos y audiovisuales, y la casita N° 22 del Callejón de Oro en el castillo, donde solía escribir. Su tumba está en el sector 21 del Nuevo Cementerio Judío de Praga-Stranice en la periferia de la ciudad.

8.- El Niño Jesús de Praga

Son muchos los que peregrinan a Praga, especialmente españoles, para rezar frente al Niño Jesús de Praga (Praské Jezulátko), una imagen de Jesús infantil que se puede visitar en la iglesia de Santa María de la Victoria y San Antonio de Padua en el barrio de Malá Strana, y que se considera milagrosa. Se cree que la imagen fue esculpida en España en 1627, que perteneció a Santa Teresa de Jesús y luego de pasar por varias manos fue regalada a los carmelitas descalzos que regentaban el convento (actualmente, la iglesia de la Virgen de la Victoria). Se venden recuerdos del Niño Jesús y un cura, a un costado de la nave principal de la iglesia las bendice.

9.- Las leyendas

Praga hace equilibrio entre la historia real y los cientos de mitos y leyendas que le dan este perfil mágico y misterioso que cultiva la ciudad. Una de las tantas leyendas que circulan es sobre el famoso y por ese entonces único reloj astronómico, que fue construido por el maestro Hanus en el siglo XV. Se dice que las autoridades de Praga se enteraron que Hanus estaba construyendo otro reloj perfeccionado y temieron que se lo vendiera a una ciudad extranjera. Por eso, una noche lo sorprendieron en su taller y le clavaron un puñal que lo dejó ciego. Pasaron unos años, el maestro enfermó y como última voluntad pidió al gobernador de la ciudad que le dejara tocar su gran obra. Allí Hanus se vengó: hundió el brazo en uno de los engranajes principales y rompió una palanca. En ese mismo instante, Hanus murió. Lo cierto es que el reloj estuvo muchos a años sin funcionar hasta que pudo ser reparado.

10.- El Teatro Negro

Típico de Praga, en silencio y a oscuras, se desarrolla un juego de luz y de sombras, donde se tiene la impresión que los actores vuelan. Hay varias obras, por ejemplo el teatro Ta Fantastika en plena Ciudad Vieja, presenta Visiones de Alicia, basado en Alicia en el País de las Maravillas, todos los días, a las 7:00 pm  y a las 9:00 pm. Entradas, 28 euros. www.tafantastika.cz

DATOS ÚTILES

Traslados. Un taxi del aeropuerto al centro cuesta entre 25 y 30 euros.

Para viajar en transporte público hay que comprar los boletos en quioscos y estaciones. Para usar durante 30 minutos, 1 euro. Durante 90 minutos, 1,50.

Un menú turista en un restaurante de la Ciudad Vieja, por ejemplo con sopa, goulash con dumplings y postre, cuesta desde 10 euros.

Paseos y excursiones. Castillo de Praga: la entrada cuesta 9 euros e incluye el acceso a la catedral, la iglesia de San Jorge, el Palacio Real y la Callejuela de Oro. Se usa el mismo ticket, por lo que es necesario conservarlo hasta el final de la visita. Se puede ir con el tranvía N° 22 y después bajar hasta el puente de Carlos.

Tours en español: recorrido por la ciudad, 15 euros. Tour nocturno, 20 euros. www.elrincondepraga.com