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Pesadilla en las calles y subterráneo de Roma

En estos días los trenes funcionan a paso de morrocoy y además los vagones no tienen aire acondiconado / Foto Wikipedia

En estos días los trenes funcionan a paso de morrocoy y además los vagones no tienen aire acondiconado / Foto Wikipedia

En este verano si viaja a la Ciudad Luz debe tormar en cuenta que el transporte público está funcionando peor que nunca

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Roma.- Esperas interminables, vagones sin aire acondicionado, autobuses abarrotados y obras sin fin se han convertido en escenas habituales del transporte público de Roma, que vive una situación insostenible y empeora con el verano.

En un día normal, una vez que llega el autobús -con una más que probable espera de media hora-, los habitantes de la capital italiana tienen que pelearse para entrar en él, porque en los autobuses de Roma no hay puertas diferenciadas de entrada y de salida, sino simplemente puertas por las que, a empujones, se entra o se sale.

Ya dentro, es momento de soportar los frenazos y los posibles cambios fortuitos de recorrido mientras se sufren las altas temperaturas por la carencia de aire acondicionado, rodeado de decenas de personas entre romanos, turistas desconcertados y carteristas.

Si tomar el autobús resulta poco conveniente, no lo es menos optar por el metro, que impresiona por su aspecto sucio y consta de apenas 40 kilómetros de recorrido, frente a los, por ejemplo, casi 300 kilómetros de Madrid.

El problema no es solo de recorrido, sino también de servicio, porque el suburbano de Roma sorprende con trayectos con puertas que se abren de manera repentina o con conductores que deciden circular a velocidades extremadamente lentas y sin encender el aire acondicionado.

Fue esta una escena reciente en la que un conductor de metro se desternillaba de la risa al llegar a paso de tortuga a la estación de Termini ante la mirada atónita y furiosa de decenas de usuarios, que tuvieron que agolparse para entrar en los vagones.

Como él, los conductores de transporte público de Roma, gestionado por la agencia de transporte ATAC, protagonizaron lo que el alcalde de la ciudad, Ignazio Marino, denominó una “huelga encubierta”.

Se trataba de una protesta durante la que, de manera ilegal, los maquinistas decidieron ralentizar la velocidad de los trenes, interrumpir el servicio, no encender el aire acondicionado durante el día o ponerlo a temperaturas gélidas por la noche.

Sus quejas se deben a un conflicto con la ATAC, que aspira a aumentar la productividad y las horas de trabajo, a que el salario complementario vaya en relación a la productividad y a que los empleados fichen al comienzo y final de sus turnos.

Los maquinistas romanos conducen “poco más de 700 horas al año”, según Marino, frente a las 1.100 horas de Milán (en el norte de Italia) o las 950 de Nápoles (sur).

Al calor, las esperas y las aglomeraciones se suman las interminables obras de la tercera línea del metro de Roma, que sufre retrasos de varios años en sus planes de ampliación.

El último episodio de caos en el suburbano se vivió el viernes, en hora pico, en la estación de San Paolo, donde un conductor dijo sentirse mal y los usuarios, tras esperar más de media hora a que el metro partiera, intentaron agredirle.

“El transporte público en Roma ha vivido un año negro y empeora notablemente cada día”, dijeron fuentes de la asociación de consumidores ADOC, que estimaron que la empresa ATAC “debe cambiar de arriba a abajo”.

Las altas temperaturas, recordaron, “acentúan los problemas diarios” y sitúan en “alto riesgo” a ancianos, niños y embarazadas, mientras que también salen perjudicados quienes vienen en la periferia, “que han quedado abandonados”.

La situación “no puede continuar de este modo” y la Administración tiene que “tomar parte e iniciar un nuevo camino, también considerar la vía privada” porque la empresa gestora “no es sostenible y no puede garantizar el transporte público en Roma”, agregaron las fuentes.

Los empleados de la ATAC, sin embargo, defienden que han sufrido un aumento de las horas laborales y “trabajo extraordinario que se ha convertido en ordinario” y culpan a las “leyes de estabilidad, que destinan millones de euros públicos hacia las empresas privadas y eliminan los derechos de los trabajadores”.