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Perito Moreno: una vivencia particular

Perito Moreno / AFP

Perito Moreno / AFP

La grandeza del Parque Nacional argentino deja un recuerdo imborrable en el visitante

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En mayo de 1996, volaba a 40.000 pies de altura entre Ginebra y Nueva York. Ana Cohén, azafata de Swiss Air, me oyó hablar y al saber que era venezolano comentó: “Por casualidad de la vida nací en tu país, en la ciudad de Puerto La Cruz. Mis padres, suizos, le daban la vuelta al mundo en velero cuando mi madre salió embarazada, lo cual obligó a una parada por varios meses en ese puerto turístico venezolano”.

Al verme que fotografiaba los icebergs, entablamos conversación sobre destinos turísticos. “En 20 años como azafata –decía– he tenido la oportunidad de conocer los sitios más increíbles del mundo, pero ninguno como Perito Moreno”. Desde entonces estuvo en nuestros planes el Parque Nacional de los Glaciares, en Calafate, la Patagonia argentina, a 2.700 kilómetros al sur de Buenos Aires, pero no fue sino hasta ahora que conocimos estas tierras inhóspitas. La “tierra maldita” de Darwin, un lugar mágico y lleno de fantasía.

La excursión. A las 8:30 am, pasó a recogernos por el hotel del Calafate el bus de turismo que contratamos rumbo al glaciar Perito Moreno. Después de hora y media, llegamos al Puerto de Bajo las Sombras, un recorrido de 80 kilómetros, a lo largo de grandes estepas de la Patagonia, paralelo a la cordillera de los Andes por un lado y el lago Argentino por el otro, donde se daría inicio al cruce del lago Rico, durante 20 minutos, hasta llegar al refugio, frente a la pared sur del glaciar. En el bus compartí con turistas de diversas nacionalidades, australianos, japoneses, franceses, neozelandeses, mexicanos, españoles, entre otros.

Guías expertos nos organizan en grupos de 20 personas y empieza una caminata de aproximadamente de 25 minutos entre el lago y los inmensos árboles de este bosque magallanero. Al llegar al borde del glaciar, recibimos una clase magistral sobre el origen y tiempo de estas inmensas moles de hielo, su fauna, flora y los glaciares de toda esta región, así como una explicación científica del fenómeno de “La Ruptura”, que no es más que el desprendimiento de grandes toneladas de paredes de hielo sobre el lecho del lago que genera grandes olas, al estilo de los tsunamis, producto de las fuerzas tectónicas. Estos desprendimientos vienen precedidos de un concierto de ruidos y truenos fantasmagóricos en el interior del glaciar que lo hacen un fenómeno único.

El glaciar Perito Moreno es una gran mole de hielo, que tiene aproximadamente 6 kilómetros de ancho, 80 metros de altura sobre el nivel de las aguas, 100 metros de profundidad bajo el lecho lacustre y cientos de kilómetros de largo sobre la cordillera.

Este fenómeno se contempla en su grado máximo si se participa en un minitrekking, una caminata sobre las entrañas del monstruo. A la orilla del glaciar, los guías colocan los crampones, especie de zapatos especiales para caminar sobre el hielo, luego dan todas las instrucciones a los excursionistas y durante dos horas de recorrido se pueden observar inmensas grietas, profundos sumideros, pequeños lagos.

Al final de este paseo, los caminantes reciben una grata sorpresa: unos mesoneros ofrecen un brindis con el mejor whisky servido con cubos de hielo de miles de años: los hielos del Perito Moreno. Para finalizar la excursión, antes de regresar a Calafate, vamos hasta “las pasarelas”, un conjunto de cómodas terrazas y modernos miradores, situados a la otra orilla del lago; desde allí se puede apreciar toda la majestuosidad e inmensidad del Perito Moreno.

Una mirada al Calafate

Desde el aeroparque Jorge Newberry, en Buenos Aires, Lan Chile tiene salidas rumbo a Calafate, a tres horas de vuelo. La ciudad de 25.000 habitantes tiene un paisaje de ensueño. Reservamos en el hotel Los Sauces, Casa Patagonia. Al llegar observo en la entrada del hospedaje un carro de seguridad, con un policía de civil, el encargado de la recepción me comenta discretamente. “Es que la presidenta Cristina Kirchner llegó anoche y está hospedada en el hotel”. Por la tarde, mientras ella caminaba por los jardines con la sola compañía de su mascota, tuvimos la oportunidad de saludarla.

Calafate, su hotel, su ambiente bucólico, superaron nuestras expectativas: las cabañas, la atención, las habitaciones, el spa, los jardines y el paisajismo, de gran categoría, la cordialidad de su gente.

Nos sorprendió lo bello y animado del pueblo, su gastronomía, cuyo cordero patagónico es el eje de toda la oferta culinaria de muchos de sus restaurantes: La Tablita, el Casimiro Biguá, Las Nubes –en el hotel Los Sauces–, La Posta –en el hotel Los Álamos–. Inmejorable la oferta de vinos. Recorrimos la maravilla del Museo Argentino del Juguete, de Pascual Daniel Scardancione, nativo de Buenos Aires, empresario, dueño de varios centros comerciales y genio de las relaciones públicas, que junto con su mujer Karina, son el centro social de Calafate.