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Paladares cubanos en alarma

El Gobierno suspendió temporalmente la concesión de licencias / Foto EFE/Alejandro Ernesto

El Gobierno suspendió temporalmente la concesión de licencias / Foto EFE/Alejandro Ernesto

Uno de los motores económicos de Cuba y uno de los principales atractivos turísticos de la isla se encuentra en estado de pánico debido a las alarmas por los suministros

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Los restaurantes privados, conocidos popularmente como “paladares”, se encuentran estos días bajo la lupa del Gobierno cubano, que ha suspendido temporalmente la concesión de licencias por supuestos incumplimientos de normas en un sector en auge que ilustra a la perfección la nueva economía de la isla.

“Ha habido un crecimiento muy fuerte en muy poco tiempo y se les ha ido de las manos”, dijo la propietaria “cuentapropista” de un afamado restaurante en La Habana, que como numerosos locales se prepara para recibir en las próximas semanas alguna inspección de las autoridades.

En Cuba, donde a falta de confirmaciones oficiales la rumorología tiene cátedra propia, se extendió hace unos días la alarma entre los paladares, y poco después trascendió que los dueños de los locales más emblemáticos fueron llamados a una reuniones -por barrios- con funcionarios del Gobierno.

Allí se les comunicó que no habrá nuevas licencias para restaurantes privados en la capital, y que comenzaba una ronda de severas inspecciones para comprobar que en los que ahora funcionan se cumple la ley: no más de 50 asientos, respeto a los horarios establecidos y aprovisionamiento solo con productos adquiridos con factura en tiendas del Estado.

Así las cosas, los cuentapropistas gastronómicos, a la espera de las temidas inspecciones, entraron en una espiral paranoica, que ha incluido esconder cualquier mercancía no obtenida por vías oficiales y rehacer la carta del restaurante para que solo incluya platos y bebidas elaborados con ingredientes de los que puedan presentar factura.

Botellas de licores “premium” que llegaron a Cuba en la maleta, ingredientes exóticos o las célebres langostas, casi imposibles de adquirir por vías legales y que se compran directamente a los pescadores, permanecen estos días bajo siete llaves, a la espera de que las aguas vuelvan a su cauce.

El problema es que las regulaciones del cuentapropismo, que formaron parte de las reformas económicas introducidas por Raúl Castro en la última década, aún tienen grandes vacíos, como la falta de una normativa para los trabajadores del sector privado en la isla comunista, o de un mercado de abastecimiento para mayoristas.

“Se trata de ordenar un sector que empezó para dar salida a la economía familiar y se ha convertido en importante para la economía del país”, explica la misma propietaria.

Y es que los “paladares” hace tiempo que ya no son el salón de una casa particular en el que la señora de la casa cocinaba para cuatro turistas, que así lograban asomarse a la vida cotidiana de una familia cubana.

Los 1.700 contabilizados en Cuba, centenares de ellos en La Habana, son restaurantes de estándares internacionales que rivalizan en calidad, en decoración original y en servicio, y que desde que comenzó el deshielo con Estados Unidos hace dos años, han recibido visitas como las del presidente Barack Obama, Madonna o los Rolling Stones.

Pero además de competir entre ellos, también lo hacen con los cubanos de a pie en el supermercado, porque otro de los grandes problemas del sector es que debe abastecerse en los mismos comercios que el resto de la población, a falta de un mercado mayorista cuya apertura estaría solo en manos del Estado.

En los supermercados estatales -los únicos que existen en Cuba-, se pudo constatar cómo la cerveza nacional apenas dura una hora en los anaqueles, ya que los restaurantes se las llevan por cajones. Igual ocurre con los refrescos o con productos como la pechuga de pollo o la leche.