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Omán un oasis en la Península Arábiga

Omán era uno de los países más atrasados del mundo, sin carreteras y donde estaban prohibidos hasta los aparatos de radio | Fotos Pixabay/freeimages

Omán era uno de los países más atrasados del mundo, sin carreteras y donde estaban prohibidos hasta los aparatos de radio | Fotos Pixabay/freeimages

El pequeño sultanato se destaca por su tolerancia religiosa, paisajes vírgenes y porque cultiva un perfil bajo lejos de la ostentación de los emiratos vecinos

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Mientras el sol se esconde tras las montañas, unos turistas posna para un foto ante la valla metálica que protege el colorido palacio presidencial del sultán de Omán, unos metros más allá. La presencia policial es mínima en todo el complejo, y los pocos agentes muestran una actitud distendida. Esta postal es inédita hoy en cualquier otro país de Medio Oriente, una región martirizada por guerras civiles  y el azote del yihadismo. Con 4 millones de habitantes y en un territorio del tamaño de Italia, Omán es una isla de calma en un mar de conflictos.

Mascate, la capital, ha cambiado mucho desde los tiempos, no tan lejanos, en los que cada noche se cerraban las puertas de la fortaleza que la protegía de indeseadas invasiones. Más allá de las montañas que abrigan su centro histórico, ocupado por el palacio presidencial y edificios gubernamentales rodeados por estrechos callejones de antiguas casas, se extiende la ciudad nueva, con grandes avenidas y pulcros edificios.

La urbe parece recién construida. Y de hecho en parte así es. Hasta 1970, Omán era uno de los países más atrasados del mundo, sin carreteras y donde estaban prohibidos hasta los aparatos de radio. Gracias al descubrimiento de yacimientos de petróleo y a la visión del sultán Qabús Bin Saïd, hoy figura entre los países con una índice de desarrollo humano elevado según la ONU.

“No somos como los países vecinos que han construido ciudades futuristas con rascacielos y han destruido su patrimonio histórico. Queremos preservar nuestra identidad”, explica Hassan Riyami, un joven empresario con varios negocios, entre ellos, el de organizar excursiones a los turistas. “Por eso, el sultán ha prohibido construir edificios con más de siete plantas”, añade.

Ahora bien, esta idiosincrasia propia no evita que Omán presente algunas características de las petromonarquías, países edificados gracias a una mano de obra muy barata, a menudo explotada. Casi la mitad de los habitantes del país son inmigrantes, la mayoría de Pakistán, la India y Bangladesh.

Toques de modernidad. El tránsito a la vida moderna ha implicado la sustitución del zoco o mercado tradicional de Mascate, situado al lado del agradable paseo marítimo, por los malls americanizados. Puesto que los acaudalados omaníes disponen de automóviles, el transporte público es prácticamente inexistente en el país. Por ello es recomendable alquilar un carro. La alternativa pasa por utilizar la red de transportes de los inmigrantes, como los taxis compartidos que conectan las principales ciudades.

La ciudad de Sur es uno de los más habituales destinos turísticos de Omán, pues su región ofrece algunos de los paisajes más bellos. En unas paradisíacas playas cercanas desovan las tortugas, convertidas en una de las principales atracciones turísticas del país. Hacia el interior se extiende el desierto de dunas de Sharquiya.

Más impresionante son algunos de los wadis, auténticos oasis entre montañas, que jalonan el camino entre Sur y Mascate. El más conocido es Wadi Beni Khaled. Un arroyo nace entre las montañas y va descendiendo hacia la llanura formando pequeñas piscinas naturales de agua transparente y una suave corriente.

Ciudad espiritual. La segunda ciudad más poblada del país es Nizwa, capital de un antiguo imperio marítimo que extendió sus posesiones hasta la isla de Zanzíbar. De aquella época, el siglo XVII, data su imponente fortaleza. A unos 50 kilómetros se encuentra la ciudad de Bahla, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco gracias a su castillo medieval.

Nizwa es aún la capital espiritual del país y corazón mundial del ibadismo, religión mayoritaria en Omán y la tercera rama del islam, menos conocida que la suní o chií. Con más de 1.300 años de historia, el ibadismo, presente sólo en Omán, Zanzíbar y de forma marginal en el Magreb, se caracteriza por escoger sus imanes a través del consenso de la comunidad. La existencia de esta escuela de pensamiento explica por qué, a pesar de ser un país de moral conservadora, las minorías disfruten de una plena libertad de culto.

El dato

La temporada alta va de noviembre a marzo, pues en verano las temperaturas disuaden a los turistas de visitar el país. Un buen momento para viajar es en octubre o abril.