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Niterói y los rastros de Niemeyer

Niterói y los rastros de Niemeyer / Adriana R. Herrera

Niterói y los rastros de Niemeyer / Adriana R. Herrera

El Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad, parecido a un ovni sobre el mar, se lleva las miradas y aplausos de quienes lo visitan

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La Bahía de Guanabara se extiende a los pies de Río de Janeiro. Serena y amplia, separa a esta urbe maravillosa de Niterói, una ciudad más pequeña y con sus propios secretos. Ambas están unidas por el puente Presidente Costa e Silva, mejor conocido como el puente Río-Niterói y que con sus 13 kilómetros es considerado el más largo de Latinoamérica y el séptimo más extenso del mundo. Entonces, uno no sólo va de una ciudad a otra, sino que goza la sensación de atravesar un puente con historia y récord.

Digamos que son las nueve de la mañana. Río de Janeiro despierta en su rutina de siempre al lado del mar, los carros surcando sus calles a toda velocidad, un poco de caos en el centro, pero todo fluyendo con normalidad. Como los brasileños tienen la fama bien ganada de ser muy amables; desde cualquier punto de la ciudad se puede preguntar cuál es la parada donde se debe esperar el bus que, por poco más de dos dólares y una hora de camino, atravesará el puente para dejarnos en Niterói, una ciudad que antes era considerada como “dormitorio” por su cercanía a Río, pero que con los años ha logrado marcar su propio ritmo.

El camino sobre el puente es emocionante, aunque solo se trata de cruzar de un lado a otro. Río de Janeiro se empieza a ver lejana, mostrándonos otro ángulo de la ciudad con su Cristo Redentor abrazándola siempre. Si el día está despejado, las barcas que se mueven sobre la bahía le dan otro aire al paisaje. Este recorrido lo hacen a diario cientos de personas que dividen su hogar y trabajo entre ambos lugares.

Niterói –cuyo nombre significa “agua escondida”- es la única ciudad de Brasil que fue fundada por un indígena, llamado Tupí y perteneciente a la tribu Araribóia.Es también la ciudad que ostenta la mayor obra arquitectónica de Óscar Niemeyer, el célebre arquitecto brasileño, fallecido el pasado mes de diciembre.

Es justo en Niterói donde el arquitecto de las curvas y formas osadas, diseñó desde el año 1997 lo que llamaría el “Camino Niemeyer”: nueve edificios en un área de 72 mil metros cuadrados que albergarían dos catedrales, una capilla, la Fundación Óscar Niemeyer, el Centro de Memoria Roberto Silveira, el Teatro Popular, la plaza Juscelino Kubistcheck, el Museo del cine brasileño y la estación de barcas. Hoy solo tres de estas construcciones están listas y el proyecto avanza tras la ausencia de su creador; otorgándole a la ciudad un toque distintivo.

Entonces, Niterói es perfecta para llenarse de historia y seguirle los pasos al arquitecto en su afán por darle a las ciudades uno que otro trazo futurista.

Arte y más arte

Sin embargo, muchos llegan a Niterói atraídos por el Museo de Arte Contemporáneo; una obra de Niemeyer que tiene el aspecto de un ovni posándose sobre el mar. Es posible verlo desde el Cristo Redentor si se mira con atención y desde tan lejos, su forma atrapa y seduce. Ya cuando estás ahí, no queda más que admirar la osadía de Niemeyer, esa de jugar con las curvas y el paisaje que brinda la ciudad.

El museo se levanta sobre la playa Boa Viagem y está en una plaza con 2,500 metros cuadrados. En su base, hay un espejo de agua que se funde con la bahía; tiene 16 metros de alto, tres pisos y un diámetro de 50 metros. “Surge como un a flor en la roca que lo sostiene”, dijo Niemeyer alguna vez y así lo sienten quienes llegan allí a diario para disfrutar de la estructura y las obras que se exhiben dentro de ella.

Adentro, el edificio derrocha todo su esplendor. A pesar de su sobriedad, su segundo piso está lleno de ventanales y tanto las obras que se exponen como la vista que se obtiene de Río de Janeiro cobran igual importancia. La entrada son apenas 6 reales (3 dólares) y abre sus puertas de martes a domingo.

¿Cómo llegar a Niterói?

-En bus, atravesando el puente Río-Niterói. Se pueden tomar desde muchos puntos de la ciudad.

-En barco, partiendo desde el centro de Río y pagando 4,5 reales. Se llega a la estación de barcas de Charitas, diseñada por Niemeyer y es un trayecto de apenas quince minutos.

¿Qué más se puede hacer?

Sin duda, disfrutar de sus playas que son mucho más tranquilas que las de Río de Janeiro. Se puede pasear por Gragoatá, Das Flechas, Icarai, San Francisco, Charitas y Do Forte.