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Navegar con el espíritu de un conquistador

La cubierta es el punto de reunión por excelencia de los pasajeros al momento de zarpar

La cubierta es el punto de reunión por excelencia de los pasajeros al momento de zarpar

Una travesía de seis días por la isla de Elba, Córcega, Cerdeña, Mallorca y Barcelona a bordo del barco Wind Star de la naviera Windstar Cruises

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"No se descubren nuevas tierras si no se tiene el valor de perder de vista las viejas orillas", dijo el escritor francés André Gide. Un pensamiento bastante parecido a ése tuvo que haber cruzado la mente de Cristóbal Colón hace 521 años. ¡Navegar con el espíritu de un conquistador! Así se siente viajar a bordo de Windstar Cruises. El Mediterráneo, tan infinito como todos los mares cuando se pierde de vista la vera, sonríe desde la proa. 

La aventura ha comenzado. 

Toda la tripulación y los pasajeros están a bordo. Las anclas se levantan y se despliegan las velas. El puerto de Civitavecchia, en Italia, queda atrás poco a poco. Y la tarde, con sus naranjas y rosados y ámbares, empieza a caer. De fondo suena imponente el tema principal de la película 1492: La conquista del paraíso, compuesto por Vangelis. Es una invitación a entregarse a la experiencia y descubrir qué hay más allá del horizonte que dibuja el mar. 

Portoferraio, isla de Elba. Las anclas tocan fondo en Portoferraio, en Elba, una de las islas del Parque Nacional Archipiélago Toscano. Portoferraio es la municipalidad principal y fue fundada en 1548 por Cosme I de Médici, primer gran duque de Toscana. Lo primero que se ve al desembarcar son botes, edificios bajos de colores y los vestigios de dos fuertes: Forte Stella y Forte Falcone. Justo al frente de donde atraca el Wind Star hay un tren que ofrece un recorrido de 45 minutos por las principales calles del lugar, mientras una grabación narra la historia de Portoferraio en inglés o italiano. 

Después del paseo hay tiempo de sobra para caminar por los alrededores de Forte Stella y llegar hasta un balcón con vista a la playa Le Viste.

Un sendero de piedra conduce a sus orillas y, aunque el agua es fría, merece un chapuzón. También vale la pena conocer la Fortaleza Medici. O la Villa del Molino y la Villa San Martino, otrora residencias de Napoleón Bonaparte. En ambas se pueden observar objetos de época (muebles, armas, pinturas, libros) que pertenecieron al emperador. 

¡Y no regrese al barco sin haber degustado un gelato! 

Porto Vecchio, Córcega. Sí, Napoleón tuvo dos residencias en la parada anterior. Pero nació aquí, en Córcega. Y eso ya le otorga importancia, al menos histórica, a la isla. Porto Vecchio es una ciudad acogedora, en especial la parte conocida como Viejo Porto Vecchio. Es una zona amurallada, con coquetas casas de piedra y muchas tiendas en las que se pueden comprar delicatessen locales. Es agradable caminar por la Plaza de la República y admirar el robusto Le Bel Ombra, un árbol de grueso tallo proveniente de Suráfrica que fue donado a la ciudad en 1901.

Y, después, conocer la iglesia de San Juan Bautista, ubicada a pocos metros. Otra visita recomendada es el Castillo d’ Araghju y, para tomar sol, las playas Palombaggia y Santa Giulia. 

Alghero, Cerdeña. Sus antiguas murallas y el Bastión de la Magdalena coronan el paisaje del puerto. Detrás de ellas, se respira el legado que los genoveses, aragoneses, venecianos y catalanes dejaron muchos años atrás en su paso por Cerdeña.

Alghero es una ciudad radiante, con calles empedradas llenas de amenos descubrimientos. 

Aquí una joyería con originales piezas de turquesa y coral, allá una tienda con objetos autóctonos para decorar el hogar, en la esquina un romántico restaurante, al frente una divertida heladería y, sobre todo, un largo y amplio malecón para pasear contemplando el Mediterráneo y respirando la brisa marina que sopla. No puede dejar de conocer la Catedral de Santa María, la iglesia de San Francisco y el Teatro Cívico. Para coronar la tarde, nada mejor que saborear otro gelato (no es lo mismo un helado que un gelato) y encaminarse a la nave. 

Palma de Mallorca, Mallorca. Esta isla es orgullosa, vanidosa y femenina de principio a fin. 

Debe ser por su pasado romano, luego bizantino, luego moro y, finalmente, español. Su monumento más emblemático es la Catedral de Mallorca, popularmente conocida como La Seu. Su silueta se divisa desde el puerto y, aunque el camino parece largo, sólo toma 30 minutos caminando. La construcción comenzó en 1229 y terminó tres siglos después. En 1851 un terremoto dañó parte de la fachada principal superior.

Fue restaurada por Juan B. Peyronet y Antonio Gaudí. Y, recientemente, la capilla del Santísimo Sacramento fue reformada por el artista mallorquín Miquel Barceló. Pero no a todos los visitantes parece gustarles su intervención. En todo caso, lo más hermoso de su estructura son sus 61 vitrales. Sobre todo el rosetón central: mide 11,15 metros diámetro y señala la estrella de la mañana, símbolo de Cristo resucitado. Cuando el sol toca sus cristales, todo el interior de la catedral se pinta de colores como un arcoiris. Es un show celestial. 

Fuera de las altas paredes del recinto religioso, queda mucho por ver: el acuario, los baños árabes, los olivos que parecen estar sembrados en cada esquina, las tiendas de perlas y las pastelerías que venden las típicas y deliciosas ensaimadas. Siga saliéndose de la dieta y pruebe la ensaimada antes de embarcar, por caridad. 

Barcelona, España. Todo lo que se pueda decir de Barcelona nunca será suficiente. Es una ciudad vibrante, en creación y recreación constante. El mejor ejemplo de su personalidad irreverente es La Sagrada Familia. El templo empezó a erigirse el 9 de marzo de 1882 y aún no se ha terminado. Se calcula que la construcción finalice entre 20 y 30 años. Es una obra viviente y hay que admirarla en persona. Otras visitas que no pueden faltar son: el Barrio Gótico y la Catedral de Barcelona, el Park Güell, Montserrat, Las Ramblas y La Boquería, un mercado con infinidad de delicias ibéricas y frutas exóticas. Nada mejor para seguir rompiendo la dieta con gusto. 

Llegar al último puerto tiene algo de ese sentimiento que Pablo Neruda plasma en su poema Farewell: "Los marineros besan y se van, dejan una promesa, no vuelven nunca más". 

Todo viaje esconde la promesa de un mundo nuevo. Y, al contrario de los marineros, por lo general se quiere volver. Volver y seguir pisando tierras desconocidas. Lo grandioso de que la última parada sea Barcelona es que allí, al final de Las Ramblas y de cara al mar, está Cristóbal Colón. Mirando alto y señalando hacia América. 

Con unas contagiosas ganas de volver y de seguir. Sobre el mar y a bordo de Windstar Cruises, por supuesto. Con Vangelis de fondo, como en cada zarpe. Y con ansias incontenibles de descubrir el mundo. ¡Como un conquistador! 

¿Cómo viajar? Representaciones High Class es el representante oficial de Windstar Cruises en Venezuela. Si desea viajar a bordo de uno de los barcos de la naviera, contáctelos. Dirección: calle Beethoven, edificio Torre Financiera, piso 10, oficina 10C, urbanización Bello Monte. Caracas, Venezuela. Teléfonos:(0212) 753 1346/ 5551/ 5082. Web: http://rephighclass.com. Twitter: @RepHighClass.