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Mérida limpió sus cielos en diciembre

La dicha de caminar por el Páramo de La Culata / Pisapasito

La dicha de caminar por el Páramo de La Culata / Pisapasito

El firmamento estuvo luminoso, las montañas despejadas, el frío sabroso y su gente muy cálida y hospitalaria. Estelar el estado Yaracuy en la Venezuela de antier, atómicos los panes de Pan Comido, exquisito el comedor de Diana Garrido en La Joya, una divinidad caminar por el Páramo de La Culata, cremosos y sorprendentes los helados artesanales de Dania Paredes y precioso el espacio de arte y gastronomía

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Me encanta la carretera trasandina, pero en diciembre y enero es un delirio de luz y cielos limpios. Hay que agarrar camino tempranito para gozar el amanecer, observar cómo las montañas se van pintando de amarillo cremoso, los frailejones dejan ver los detalles, las siembras lucen ordenaditas y se puede andar despacio porque los carros son pocos y nadie tiene afán. Mérida es para estar afuera en cuanto el sol aparece detrás del Parque Nacional Sierra Nevada. Nos quedamos en una casita por La Joya con vista franca a los 7 picos. Todos nos sentábamos en el jardín con una taza de café a esperar el sol. En las tardes hay que despedirlo. El poco glaciar que le queda a las montañas más altas se pone rosado, anaranjado, rojo y luego se apaga hasta la mañana siguiente. Hay que acompañarlo en el juego de luces. Cuando asimilen el placer gratuito de asombrarse con la naturaleza, se desmoñarán por viajar en diciembre y enero. Son los meses más luminosos de Venezuela.

 

Gente que cocina

En cada recorrido busco novedades. Esta vez probamos los inventos de Pan Comido, unos panes atómicos que Viviana Moreno y Juan Pablo Márquez empezaron a hacer cuando arreciaron las protestas merideñas a principios del año pasado. Compraron un saco de harina y se fajaron a probar. “La verdad es que Viviana se gastaba todo el sueldo en pan, así que era mejor que lo hiciéramos nosotros” asegura Juan Pablo y aclara igualmente que son una marca mediática. “Todo el mercadeo lo hacemos por redes sociales”. Empezaron con pizzas y siguieron con panes. Los vecinos deliraron y más tarde todo Mérida los siguió por las redes sociales, probaron sus panes, hicieron encargos semanales y luego diarios. Probamos el Pan pa’bueno con manteca de cochino. Cambiaron la mantequilla porque estuvieron en Tovar y consiguieron un cuñete de manteca de cochino. Es de los más solicitados. Hacen pan de batata porque un chef peruano quería hacer hamburguesas con ceviche. Es tipo brioche. El integral lo amasan con harina del molino de Los Nevados. El de chocolate se hace con el cacao de Billy Esser traído especialmente de Paria. Por los momentos sólo pueden probarlos si van a Mérida o alguien tiene la gentileza de traérselos. Se consiguen en La Toscana en La Parroquia, avenida Canónigo Uzcátegui, debajo de la plaza de La Parroquia y en el bodegón del patio en la Humboldt.

A Dania Paredes le dio por los helados artesanales. Su presentación es muy sencilla, en envases plásticos familiares o individuales. Son cremosos, genuinos y con sabores muy variados. Me fascinó el de yogurt con mora, uno de mascarpone tropical, el de café, las tres versiones de chocolate, el de crema de maracuyá, otro de dulce de leche. No tienen aditivos, los produce en su propia casa, los lleva a domicilio o los ofrece en bazares en presentaciones de 5 onzas y tinas de 1litro y 4,7 litros.

El otro gran hallazgo fue La Casa del Viento en el sector La Joya, en la copa de la Loma de los Suspiros. Aquí se instaló Diana Garrido con su marido Juan Lugo y la prole: unos morochos. Sirven almuerzos sábados y domingos en dos turnos (12:00 pm y 2:00 pm) en el patio de su casa viendo cada uno de los picos del Parque Nacional Sierra Nevada.

Diana es elocuente, feliz, expresiva y generosa. Fue por ella que conocimos a la gente de Pan Comido y de los helados. Entiende que el turismo es un oficio generoso y que solo es exitoso cuando a todo el mundo le va bien. Un destino se construye con el éxito del grupo, no con individualidades. El menú es a la carta y una vez al mes ofrece un menú regional. Asegura la periodista especialista en gastronomía Ileana Matos que su comida hindú es lo mejor que ha probado en la vida. Nosotros celebramos aquí la despedida del viaje. Empezamos con una degustación de muchas de sus creaciones para llevar: berenjenas en escabeche, chimichurri, antipasto de berenjenas y pimentones ahumados, calabacines frescos y aceitunas negras. Chutneys de lechosa, mango, piña, tamarindo chino y pasas, confitura de tomates cherry y moras, mermelada de naranja a la vainilla o mermelada de guayabas de la zona. Luego pasamos a las entradas que fueron montaditos con tostadas curadas en aceite de oliva y maravillas encima. Como principal: filete de mero con hierbas frescas, enrollado de pollo envuelto en hierbas de la finca, lomo de cerdo súper magro con chutneys o mojo español, costillas de cerdo marinadas. Los jugos son suculentos y muy frescos así como las combinaciones de tés.

De postre el crumble de manzana, una tarta chata de ricotta sobre masa de cacao con culis y tropezones de parchita. Es muy informal, suculento, eufórico.

 

Yaracuy se mudó

Soy dichosa cada vez que converso con Alexis Montilla. Adoro su optimismo, la confianza en Venezuela y esa manía maravillosa de amanecer todos los días con una idea nueva. Recorrimos su maravilloso parque de La Venezuela de Antier en la vía hacia Jají y subimos con él hacia el nuevo desarrollo: el estado Yaracuy. Vimos la producción lechera de sus vacas rozagantes y la de sus cabras sanitas y felices. Entramos al cóndor gigante donde se ven los intestinos, los pulmones y el estómago.

Supimos que está haciendo un Salto Ángel metido en un bosque, que Bolívar está diseñado lo mismo que Monagas y que muy pronto Puerto Cabello formará parte de Carabobo. Comimos suculento en el Táchira, cantamos música llanera en Guárico, participamos en una corrida en la Maestranza de Maracay y probamos patacones en el Zulia.

 

En el páramo

La Culata sigue preciosa, ahora con su carretera bien hecha después de la debacle de hace unos años. Fascinante el bosque de pinos en lo más alto, una belleza y una ternura el parque Los Sueños del Abuelo donde mi mamá estuvo contentísima recorriendo cada detalle con el dueño.

Subimos hasta el Valle de los Muertos en el páramo de La Culata. Soledad, viento y frailejones. Hay que caminar por los páramos para que Mérida se quede adentro. Por aquí visitamos la tienda de arte, restaurante y pizzería Llena de Gracia, 100 metros más arriba del Hotel Valle Grande en vía hacia el páramo. Sus dueñas son Brenda y Bella, quienes despliegan su buen gusto de viajeras por el mundo en este espacio campestre, abierto al paisaje, con pisos de mosaicos de Ejido, techo transparente, mesas de madera muy grande, una tienda con ropa de diseñadores locales o detalles exquisitos traídos de Europa, fotografías y piezas de arte. Las pizzas con muy sabrosas lo mismo que los jugos y postres. Sin embargo el servicio es lento y llevan la comida por cuotas. Con un poco de disciplina lo tiene todo para convertirse en tremenda referencia en La Culata. No hay otro espacio así de hermoso y especial.

 

 

Datos vitales

 

Pan Comido

Viviana Moreno y Juan Pablo Márquez

juanpmc@gmail.com

Teléfono: (0424) 742 0008

Twitter e InstagraM: @Pan_comido

 

Helados artesanales

Dania Paredes

Avenida Universidad, Ciudad de Mérida

Teléfonos: (0416) 536 9408 y (0426) 371 5180

dparismendi@hotmail.com

 

La Casa del Viento

Loma de los Suspiros. Sector La Joya

Diana Garrido y Juan Lugo

Teléfonos: ( 0414) 746 0261 y (0274) 657 1314

 

Tienda de arte, restaurante y pizzería Llena de Gracia

El Valle, 100 metros más arriba del Hotel Valle Grande

Horario: en temporada alta a diario desde 1:30 pm hasta la noche

Temporada baja: solo sábados y domingos

Teléfono: (0414) 706 7519