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Mérida un caudal de historia y de sabores

La plaza de España de Mérida, que alberga el edificio consistorial de la ciudad | Foto EFE

La plaza de España de Mérida, que alberga el edificio consistorial de la ciudad | Foto EFE

La Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica 2016 ofrece unas panorámicas increíbles  para cualquier comensal, turista o visitante que quiera acercarse a esta ciudad

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El tiempo, testigo de idas y venidas, pone posiblemente a cada uno en su sitio, pero nada puede hacer ante la voluntad de quienes quieren cambiar su sino. Así es la actual Mérida, una urbe muy marcada por su pasado romano, pero que ha sabido ir más allá de lo que la historia ha dejado en sus tierras.

Aquella Emérita Augusta, creada para acoger a soldados veteranos de varias legiones, es actualmente una ciudad que alberga, ampara, recoge y da vida a casi 60.000 personas, que tienen en su patrimonio y en la idiosincrasia de su gente –hospitalaria, trabajadora y emprendedora– su mejor carta de presentación.

De estos lares partieron Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Vasco Núñez de Balboa y Pedro de Valdivia, entre otros muchos, y a estas tierras llegaron innumerables esencias, alimentos, vivencias y postales de añoranzas.

Su vinculación histórica con Iberoamérica y el buen hacer de los artesanos de la gastronomía, tanto de Mérida como de Extremadura, le han dado el título de Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica 2016, recogiendo el testigo de este honor culinario de Guanajuato (México).

Vistas únicas. Mérida, cuyo conjunto arqueológico y monumental fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993, ofrece unas vistas únicas para cualquier comensal, turista o visitante que quiera acercarse a esta urbe.

El anfiteatro romano, en el que todos los años se recrean las luchas de gladiadores; su teatro romano, sede del Festival Internacional de Teatro Clásico; su monumental puente de 800 metros de largo construido por orden de Augusto, el Templo de Diana y el acueducto de Los Milagros, algunas de cuyas pilas se alzan 27 metros por encima del terreno son algunas de sus joyas.

Dejando para más adelante la respuesta a la necesidad de comer y degustar, el turista tiene la obligación –así como suena– de recorrer el Museo Nacional de Arte Romano, obra del arquitecto Rafael Moneo y que guarda en sus espacios obras y piezas de incalculable valor.

Recorrer las praderas más cercanas y contemplar el río Guadiana a su paso por la ciudad y por lugares de una belleza más que natural son otras de las actividades que se pueden realizar.

 

Materia prima. El hambre aprieta y hay que buscar mesa. Innumerables y buenos restaurantes esperan al turista. El dilema de dónde ir o cuál elegir carece de importancia, pues en cualquiera de ellos le darán lo mejor de una tierra que ha sabido conservar su cocina más tradicional, sus sabores más elementales, y al mismo tiempo crear, inventar...

Es una cocina que cuida la materia prima, desde las hortalizas hasta la carne, con especial atención al cerdo y al cordero, que sabe hacer aceite y vino en su máxima expresión, y que se recrea con los quesos, los jamones y el pimentón.

La cocina emeritense lleva el sello extremeño, una comunidad autónoma española que ha sabido como ninguna mimar sus Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas, dos sellos que acreditan la calidad de los productos.

Las migas, la caldereta de cordero, el gazpacho, las legumbres guisadas, las papas al rebujón, las verduras y sus variantes de elaboración (cojondongos, zorongollos y jilimojas), nuevamente el jamón –si alguien se va sin probarlo, mejor que no hubiera venido–, el lomo, el chorizo y "la patatera", embutido que une grasa de cerdo ibérico y papas, son algunos de los platos que maneja Mérida en su extenso menú.

Hay que mencionar los pestiños, las "flores", los "repápalos", la caldereta, el cordero merino, más chacinas, las perrunillas y el arroz con liebre. Por ello, aquel dicho de "sin quererlo ni comerlo" está de más en estos lares.

¿Y será posible, aprovechando la citada Capitalidad, fundir estos sabores con la rica gastronomía iberoamericana? Los restauradores emeritenses están convencidos de que "mucho se puede hacer".

El restaurador Alejandro Cercas, del restaurante Tábula Calda, con huerto y granja propia, considera que tal fusión es posible, pero siempre respetando las Denominaciones de Origen. "Hay esencias que el paladar aceptará de buen grado", asegura.

Aquí hay mesa, mantel y fogones. Aquí sigue una historia y un patrimonio que empezó a construirse hace más de dos siglos.

Un puente

Mérida y los emeritenses saben que este título de Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica será mucho más que paladar. Confían en incrementar los tratos comerciales, exportar sus productos y fomentar la ocupación turística.

La Academia Iberoamericana de la Gastronomía, el Gobierno y la Asamblea de Extremadura respaldan cuantas iniciativas se adopten desde Mérida para que esta ciudad sea "un puente" con Iberoamérica.

Ya están programados varios salones gourmet, una feria internacional alimentaria, un foro de turismo iberoamericano, un congreso de enólogos, un ciclo de cine y gastronomía, y un festival de música y gastronomía, entre otros muchos actos.

Oferta hotelera

Tras este agradable trajín de productos y fogones, hay que descansar. La oferta hotelera, más que experimentada a la hora de acoger a personas de otros lugares, invita a reposar.

Esta vocación de Mérida y de Extremadura en general por la cocina tiene su reflejo en las distintas Escuelas de Hostelería repartidas por todo su territorio y por la presencia de afamados restauradores extremeños en tierras lejanas.

Lugares con encanto, como el Parador Nacional, habitaciones recogidas o con vistas, estancias con historia o aliñadas con toques de modernidad, conviven con casas rurales, hospederías y alojamientos en plena naturaleza.