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Mercedes ofrece una ruta de cascadas en Kawi

Mercedes Castro | Foto: Pisapasito

Mercedes Castro | Foto: Pisapasito

La cascada de Kawi es apenas el abreboca de un paseo que se extiende por río, piedras y senderos hasta llegar a una lluvia concentrada en pocos metros de laja, pasando por cavernas donde abunda una arcilla deliciosa para dejar la piel lisita. Son los predios de la familia Castro en la Gran Sabana

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Cada vez que voy a la Gran Sabana procuro hacer una parada en Kawi. Me gusta conversar con Mercedes Castro, una de las hijas de Cornelio y Alicia. Tuvieron como 12 y todos siguen por ahí mismo. Fátima y Mercedes montaron sus propios campamentos al lado de sus padres y entre todos cuidan este tesoro que es la cascada de Kawi y la seguidilla de saltos, pozas, cascadas y cuevas que le siguen.

Mercedes siempre está haciendo algo nuevo. Hace poco construyó una churuata bien bonita con techo de chiquichiqui y está haciendo otra. Terminó los baños, hizo un comedor, así que ahora ofrece comidas en temporada. Pero la mayor virtud de Mercedes es su profunda convicción de que ellos –como pemones– están en la obligación de preservar el legado de sus ancestros. Denuncia con valor y contundencia la minería en la zona. Sabe dónde están quienes erosionan y contaminan el Parque Nacional Canaima con las bombas y el mercurio. Está convencida de que se trata de una violación a las mujeres porque la tierra es la madre de todos. No entiende por qué las esposas no regañan a sus maridos mineros.

Ella, junto con su marido Rafael y sus 4 hijos, viven en la casita que está en toda la entrada de la cascada de Kawi. Su campamento se llama Non Pomoi. Desde ahí ofrecen un paseo a todas las cascadas y pozas que están más abajo. No lo hacen en temporada alta porque sería demasiada gente. Es una visita para viajeros sensibles, respetuosos del medio ambiente y que sepan apreciar las bondades del agua, las corrientes y las lajas de jaspe.

Un poco más allá queda Brisas de Kawi, el campamento de su hermana Fátima y de su marido Amando Lanz Master. Ofrecen área de carpas y comidas en temporada. Por ahí se baja hasta la poza Arcoíris que es una divinidad. Casi al lado queda el Campamento Salto Kawi, donde empezó la historia. Le pertenece a Cornelio y Alicia, los padres de los Castro. Además del área de carpas, ofrecen tres cabañitas muy sencillas, cada una con una cama matrimonial y una litera, además de su baño. Suelen preparar comidas durante la temporada alta.

 

Un paseo feliz. En esta ocasión –mediados de enero– volvimos a hacer el paseo de las cascadas, pues nos dijo Mercedes que estaba precioso y que lo había extendido. Nos dimos un primer baño en la cascada de Kawi bajo la chapa de sol. Es tremendo masaje. Seguimos por un sendero hasta el salto Kawi. Se indica con claridad que nadie debe lanzarse desde la barandita en la parte de arriba. Puede ser peligroso. Sin embargo, cuenta Mercedes que algunos guardias nacionales lo hicieron en diciembre. ¡¡¡Un buen ejemplo, pues!!!

Han hecho caminerías, escaleras y han puesto barandas. Pero es vital andar con cuidado, ver bien donde pisas y seguir la máxima de las “tres patas”. No mueves la cuarta hasta que las otras tres no estén firmes. Hay que contar las manos. En las escaleras es preferible bajar de espalda y agarrarse con las dos manos de cada tablita e ir bajando pie por pie. El baño aquí es fenomenal: una poza muy profunda y el escándalo del salto. Lo bueno de estas pozas es que el agua se oxigena de tanto moverse.

Seguimos la ruta. Resolvimos dejar los zapatos en alguna parte y continuar descalzas. Está bien si estás acostumbrado, pero creo que los zapatos que se pueden mojar son buenos aliados en estas travesías. Como nunca falta un insensible, cochino, rata pelúa, se pueden conseguir desechos humanos en los sitios más inapropiados.

En alguna de las pozas coincidimos con los hijos de Mercedes, los primos y los amiguitos. Me encanta la vida de los niños silvestres. Creo que criarse en libertad y junto a la naturaleza te da unas referencias que hacen tu vida bastante más feliz. La primera vez que hicimos este paseo con Mercedes fue una de sus hijitas que tenía tres años. Subía y bajaba las escaleras, se metía en las pozas y caminaba por las piedras desnudita y sin el menor temor. La mamá la dejaba de su cuenta. Confían en la protección de la naturaleza.

Me gusta mucho una cascada leve que parece una aguacerito. Mercedes pide que cerremos los ojos, pidamos un deseo y nos metamos. Si están solitas o en intimidad, es una delicia hacerlo desnudas.

En Maranatá hay una poza sabrosa, pero lo mejor es una especie de cueva que se ha ido formando cada vez que crece el río y saca tierra y piedras. Bajan la cabeza para no perder las neuronas y buscan la arcilla en el fondo. Se la ponen en todo el cuerpo, esperan que se seque bajo el sol como si fueran caimanes y luego se lanzan a la poza, frenéticas, y se masajean con gentileza. Es un exfoliante natural. Por un caminito entre bosque seco, río y piedras llegamos a una última cascada. No la conocía. Es preciosa, siempre bajo la chapa de sol y con montones de piedras.

Asegura Mercedes que es posible continuar. Dice que en varios días se llega a tepuyes, pozas, cascadas y sabanas. No lo dudamos. Me encanta que nos quede algo pendiente en cada viaje. Hagan este paseo junto a Mercedes, con tiempo, sin afán. Como deben ser las travesías de naturaleza. Abriendo bien los ojos y llenándose de asombro.

 

Datos vitales

 

Campamento ecológico Non Pomoi

Entrada a cascada de Kawi

Mercedes Castro y Rafael Benavides

Cuatro baños. Comida en temporada. Área de carpas

Teléfono: (0426) 896 5910

 

Brisas de Kawi

Entrada a pozo Arcoíris

Fátima Castro y Amado Lanz Master

Área de carpas. Ofrece comidas en temporada

 

Campamento Salto Kawi

Cornelio Castro y Alicia Lanz

Área de carpas, baños, tres cabañitas con cama doble, litera y baño

Teléfono: (0416) 983 1791