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Margarita se sostiene por su geografía generosa

La Restinga: Los Tres Puños esperan a su tripulación para salir a pescar | Foto: Pablo Krisch

La Restinga: Los Tres Puños esperan a su tripulación para salir a pescar | Foto: Pablo Krisch

Todos los que vamos a Nueva Esparta amamos sus playas, las empanadas en cada esquina, los gloriosos cocineros locales, el amarillo de los guayacanes, el verde de los cerros y esa luz de la tarde que sobrecoge. Pero nos agobian las carencias de servicios, las penurias para entrar y salir, la pobreza de la zona franca y la inseguridad. Así nunca podrá ser un destino internacional

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Una geografía que emociona

Margarita es espléndida en su geografía. Desde cualquier carretera asombran la extensión y el verdor de sus valles, los cerros protectores de Guayamurí, Matasiete o El Cacao, el amarillo escandaloso de los guayacanes que resolvieron coincidir con la fiesta de la Virgen del Valle, patrona de pescadores, visitantes, navegados, locales y amantes del mar. No se le niega a nadie esta Virgencita cuya imagen resguarda El Valle del Espíritu Santo.

En esta ocasión nos dimos baños largos en Manzanillo, apacible por unos días, fría como siempre, sin tanto buhonero ni estruendo como otras. Zaragoza es una divinidad en días de semana, con su bulevar y la oferta de piñas coladas. Para estar en soledad, sin buhoneros y con sonido leve de olas, son perfectas las playas de Guayacán con 3 toldos precarios a Bs 100 y la pequeñita Constanza, con sombra natural, un caminito de tierra que apenas se ve y una ranchería de pescadores. Guacuco es la gloria con sus olas menos fuertes y montones de palmeras. Llegaron las algas, pero se fueron rapidito para no perturbar a la visita.

Me fascinan playa El Agua y Parguito porque son abiertas, con tanto blanco sobre los azules. Procuro llegar tempranito para verlas solitarias o pasar de tarde cuando cesa el alboroto y provoca sentarse a esperar la despedida del sol. El Tirano suele estar despejado, porque la playa es fuerte y con resaca. Pero adoro verla y darme un baño con cautela. Desde aquí salen los peñeros a Los Frailes. El gran mérito de La Restinga es su extensión. Me gusta ir por tierra para ver los Tres Puños desde el puente y soñar con navegar alguna vez parada en su cubierta, apreciar la distancia entre el principio y el final, irme parando en cada recodo para darme un baño y llegar finalmente a los tarantines para probar las ostras más frescas, honestas y baratas de la isla. En El Agua o Parguito los abusadores las cobran entre Bs 80 y 100.  Encima pides 2 docenas y aplican que te comiste 5. En La Restinga cuestan Bs 20 la docena y te sirven las que solicitas en una bandeja, ya abiertas. Es glorioso.

Un buen plan es subir hasta La Sierra para ver Margarita desde lo más alto. Tan grande y generosa en su follaje, con ese contraste de montaña y mar que pocas islas caribeñas ofrecen. La geografía margariteña siempre recompensa. Produce sosiego. Llena de orgullo.

 

Las penurias. Hay racionamiento de luz en Margarita. A cada zona le tocan 2 o 3 horas al día. Si tienes un restaurante hay que organizarse para usar la licuadora o el horno. Si vives en un piso 15, baja o sube antes o después del corte. Hay que estar pendiente de los artefactos. Si toca de noche te sancochas.

Agua no hay. Las cisternas tienen orden de surtir a Venetur primero que a nadie. Muchos se amotinaron. En bastantes zonas la cisterna es la única forma de tener agua. El desabastecimiento es desolador. En ninguna parte conseguirán harina pan, aceite, champú, azúcar, pan de sándwich, jabón de baño o de lavar, desinfectantes para limpieza. Solo hay MAS y Diablo Rojo. En el mercado de Los Cocos nos vendieron una bolsita de Ace como si fuera droga: envuelta en papel marrón y luego en una bolsa plástica. “Si la Guardia lo ve, lo decomisa. No podemos venderlo a precio regulado porque lo compramos a precio de mercado negro”, dice la señora mientras se agacha a envolverlo bajo el mostrador de cemento.

Las tiendas en la zona franca lucen como mercados chinos en quiebra. Mercancía de cuarta, sin gracia y con poca visita. Solo se llenan los automercados. Los precios exorbitantes gritan que se vende a dólar de reposición. Ese que nadie sabe a cuánto es. El aeropuerto es una espera. Jamás sabrás a qué hora sale o llega tu vuelo. Si el retraso es entre una y dos horas agradeces al cielo tu suerte. Con el ferry el padecer es peor, porque la paciencia hay que ejercerla bajo una chapa de sol que carcome lo que pudo haber sido la euforia de los días de playa.

 

Los sabores locales. Se come muy sabroso en Margarita. Voy expresamente a Zaragoza o Caribe para comer en La Casa de Esther en el pueblo de Pedro González. Abre desde las 2:00 pm y cierra la puerta a las 5:00 pm, pero quienes estamos adentro seguimos gozando sus sabores. Comimos un paté de huevas de lisa, ceviche de pepitonas, cuajao de maíz y chucho, mejillones guisados y un palagar en curry con 17 especias invento de Esther, acompañado de ensalada de plátano verde, un titiaro con maní encima y un arrocito. Sabores que dejan el paladar dando brincos.

En Amaranto –Pampatar– nos dimos banquete con la cocina de Alejandro Pizorno. Sardinas tempurizadas con trozos de piña asada, camarones crujientes sobre un puré de plátano con canela y clavos de olor, y una polvorosa de pato. En Guacuco son preciosos y suculentos los tostones que acompañan el pescado en Mar Blau, al lado derecho de Terrazas de Guacuco.

En Biblos devoramos felices una generosa pasta vóngole. Por El Tirano, cerca de la entrada al Parque del Agua, busquen Las Delicias de Yeya. Genuinas cachapas de puro maíz, frescos y bien hechos pescados y tremendos hervidos, todo servido en medio de la pulcritud de manteles de flores y un piso de tierra apisonado. Una buena noticia es que en la Escuela de Sumito en La Asunción sirven suculentos almuerzos, además de los frescos platos de su restaurante Mondeque en Pampatar, ya convertido en un hito de la isla. Los desayunos son con arepas en la placita de El Salado con toda la familia Moya.

 

Datos vitales

 

La Casa de Esther

Frente a la plaza Bolívar de Pedro González, la casa azul con ventanas grandotas.

Teléfonos: (0412) 357 6322/ (0416) 196 6052

 

Amaranto

Entrada de Pampatar, calle Joaquín Maneiro, sector casco histórico

Teléfonos: (0414) 259 7869/ (0295) 262 3889/ 262 2663

 

Mondeque

Av. Joaquín Maneiro, Pampatar

Teléfonos: (0295) 988 0859

 

Instituto Culinario y Turístico del Caribe ICTC

Calle Lárez con calle El Dique, La Asunción

Teléfonos: (0295) 242 0680/ (0412) 303 4400

 

Arepas de Los Hermanos Moya

Av. 31 de Julio, plaza El Salado. C. C. Los Robles, redoma de Los Robles

Teléfonos: (0414) 789 1176

 

Las Delicias de Yeya

La Vega del Cardón, frente al Parque El Agua.

Teléfonos: (0416) 327 9894