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Manare la ensenada esmeralda

Aeropostal y Venezolana de Aviación cubren diariamente la ruta Caracas-Cumaná | Foto Cortesía José Vicente Henríquez

Aeropostal y Venezolana de Aviación cubren diariamente la ruta Caracas-Cumaná | Foto Cortesía José Vicente Henríquez

Quilates de rocas filosofales que flotan sobre aguas de un metal traslúcido y verdoso escoltan el camino hacia esta bahía de Mochima, en el estado Sucre, que de tan bella solo la creeríamos haber visto en una postal del sur de Italia

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Las vísperas de los 500 años de haberse fundando la ciudad de Cumaná –punto de partida para llegar a Manare– no se sienten por estos días en que el pueblo entero debería estar abocado, cual Río de Janeiro para sus carnavales, para celebrarse como el gentilicio más longevo del país. Cuenta la leyenda que esta magnética urbe, mentada por muchos como “la primogénita del continente americano”, fue fundada en el siglo XVI como fruto de la utopía de algunos frailes dominicos y franciscanos, liderados por fray Pedro de Córdoba y fray Antonio Montesinos, quienes soñaban con una evangelización pacífica.

Sin embargo, el 3 de octubre de 1515, un grupo de indígenas cumanagotos se alzó, destruyendo el convento franciscano y asesinando a los frailes que estaban dentro, vengándose de la incursión de esclavistas españoles cerca de la zona. Aproximadamente el 27 de noviembre de 1515, el mismo De Córdoba volvió a levantar los conventos y el poblado, dotándolos y dejando nuevos frailes que prosiguieron con la enseñanza de los niños indígenas. Y sí, han pasado cinco siglos de aquello, pero el espíritu caribe de este pueblo sigue borboteando. Quizá en esa bravísima simpatía, en ese humor incisivo y sin filtros que ahora los distingue, radique el imán que detentan como orientales máximos.

Esmeralda, zafiro, lapislázuli. Se han esparcido merecidos halagos de Los Roques, La Tortuga, La Orchila, Paria, Isla Larga, pero cualquier epíteto tiembla ante la conmoción que generan Mochima y sus  pequeñas bahías cual joyas.

De entre las más lejanas, tras media hora de paredes de piedras gigantescas, luminosas, que insuflan miedo por venirse encima, y kilómetros de azules y verdes, se abre Manare como un compás tallado en esmeralda, quieto oleaje, paisajes submarinos ideales para el buceo, comida en bandeja hasta la orilla, alquiler de toldos, de banana inflable y paseos en bote. Una metáfora posible: la postal de una italiana, minúscula Anacapri con elenco criollo casi de casting.

En góndola

Como la estética, la cortesía y la puntualidad deben privar para que un viaje sea plácido, nadie como Wilfredo Lemus y su impecable peñero recién pintado. Está más allá del muellecito principal, y lo reconocerá porque afuera verá los esqueletos incipientes –fruto del trabajo artesanal de su familia– de lo que pronto serán grandes barcazas.

Teléfono: (58) 424 558 8571

Cumaná secreta

- Para un hospedaje cálido, en pleno centro histórico, La Posada San Francisco, un caserón con patio central, habitaciones espaciosas y bar nocturno.

- Para una estancia convencional de cuatro estrellas, el Hotel Venetur Cumaná. Vista al mar y piscina incluidas.
- Para un almuerzo con catalana perfectamente crujiente y tostones inolvidables, el sencillo restaurancito Puerto Escondido que queda frente al Conscripto Militar. Y aunque está ubicado en Caiguire, la memoria y el paladar agradecerán las medidas tomadas.

- Para cenar con delicatessen, despliegue del savoir-faire francés y estanque interno con tortugas y peces, cerca de la Casa Ramos Sucre y la Iglesia San Francisco, el restorán Les jardins du Sucre, atendido por la divina Cécile y su esposo Benoit Bourillet en los fogones. Bajo estricta reservación.

Vuelo de pájaro

Aeropostal y Venezolana de Aviación cubren diariamente la ruta Caracas-Cumaná, una con precios más altos, una con horarios más cómodos. Ambos servicios son estándar.