• Caracas (Venezuela)

Viajes

Al instante

A Madrid se le conoce mejor a pie

Aunque la capital española tiene al menos 200 estaciones en su sistema de Metro, Pepino elige caminar | Fotos Pixabay

Aunque la capital española tiene al menos 200 estaciones en su sistema de Metro, Pepino elige caminar | Fotos Pixabay

Aunque la capital tiene al menos 200 estaciones de Metro, muchos de los miles de visitantes que recibe prefieren caminar

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Mientras Juan –Pepino para sus hijos– lleva a cabo un viaje trasatlántico desde América a Europa, unas turbulencias hacen tambalear al avión. Nadie dice nada. Algunos se miran. Otros sonríen discretamente. Él no, él bromea. “Hay baches en la vía”.

Los pequeños suelen avergonzarse de las gracias de sus padres y es que el humor de ellos es distinto. Sí, existe el humor normal, y el de los padres.

Cuando Pepino aterriza en Madrid a las 8:00 am, y sale del aeropuerto de Barajas, siente la brisa fría del otoño que le pone los pelos de punta. Y suelta: “Dejaron las neveras abiertas”.

En Madrid se cumplen las cuatro estaciones. Y aunque suele ser más visitada en verano, el principio del otoño es una buena época para transitarla. Solo se debe llevar una buena chaqueta por si llueve, y una bufanda para las horas tempranas o por la noche.

 

Mucha historia. Aunque la capital española tiene al menos 200 estaciones en su sistema de Metro, Pepino elige caminar. Al igual que a su hijo de 25 años, le encanta andar. Así que lo hacen a gusto recorriendo un Madrid todavía con la resaca del verano, pero con la tranquilidad que le otorga octubre, y encontrándose con su peculiar gente que aún en los meses de bajas temperaturas no dejan de disfrutar de las cervezas y del jamón –serrano, faltaría más–. Pese a que el hostal está en Alonso Martínez, muy cerca del centro, se puede llegar a pie a Marqués de Vadillo, y así recorrer el parque Madrid Río, con el Manzanares guiando el camino hasta toparse con Casa de Campo.

El río Manzanares ha inspirado a numerosos pintores, y también servido para adornar el discurso de varios reyes. Hoy por hoy, es un casi un hilo de agua por el que los españoles se guían mientras caminan o montan bicicleta. Y es que la capital española es perfecta para distraerse. Siempre está llena de gente, de día y de noche, gracias a sus 6,5 millones de habitantes y a los miles de turistas que a diario la visitan y atestan sus avenidas, bulevares y centros comerciales.

Madrid es una de las metrópolis más connotadas y visitadas de Europa y también con más historia. Dos siglos antes de Cristo estuvo bajo el dominio de los romanos y del reino visigodo, luego la ocuparon los musulmanes, y serían los cristianos los que conferirían el honor de la capitalidad. Curiosamente su nombre proviene de una época anterior a los visigodos, pero son los árabes los que agregan a “matrice” una “it” y dan lugar a mayrit o magerit, que viene a ser “madre de las aguas”, por los arroyos y afluentes –hoy bajo concreto– que recorrían la urbe. Finalmente, los cristianos la adaptarían a Madriz o Madrid.

 

Acompañados de chocolate. En los días siguientes, las caminatas continúan por el paseo de Fuencarral, con tiendas de diseñadores exclusivos que coexisten junto a pequeños mercadillos hippies –más bien bohemios chic–.

La Gran Vía hay que recorrerla de oeste a este. Allí es admirable la fusión entre lo barroco y lo moderno. En la terraza del Corte Inglés en Callao, hay una vista impresionante de la urbe madrileña mientras se comen unos dulces exquisitos, como tortitas con natas o churros bien elaborados y de textura inigualable acompañados de chocolate.

Al arte se le dedica alguna tarde: es imprescindible pasar por el  Museo del Prado o el Reina Sofía. O también cabe destinar las horas vespertinas al relax con caminatas en el parque El Retiro, una maravilla madrileña en la que se puede dar paseos en bote por el estuario.

En Madrid es obligatorio caminar por las zonas de Sol hasta Ópera, y toparse de frente con el majestuoso Palacio Real, que es el más grande de Europa Occidental y residencia oficial de los Reyes de España –aunque en la actualidad Felipe VI y doña Letizia viven en el Palacio de la Zarzuela–. Y al frente, la blanca Catedral Nuestra Señora de Almudena –que conjuga los estilos neoclásico, neogótico y neorrománico–, y pasos más adelante no queda más que jugar al escondite en los jardines de Sabatini.

 

De marcha. Siempre hay mucho por hacer. Museo de Cera, Paseo de Letras y Pista de Hielo. Barrios pintorescos como los tradicionales Huertas y Argüelles, o Lavapiés –con notable influencia africana–, y otros muy cosmopolitas como Malasaña, Chueca y La Latina. Irse de marcha –de rumba con paradas en varios bares– es la costumbre: las cervezas cuestan un euro y la copa de vino también (¡olé!).

Los madrileños son buenos anfitriones y nunca dejan de servir tapas, y hay bocadillos, patatas bravas, con una salsa deliciosa llamada alioli. Croquetas, gambas, pescados, cerdo y carne con pimientos. Hay ambiente de enero a diciembre y cualquier excusa es buena para compartir, este es el espíritu de Madrid y su gente.

Y, ¿cómo no? Un juego de Real Madrid en el Santiago Bernabéu no debe faltar en su itinerario. No lo hizo en el de Pepino, y es que cuando andas con un padre como él, no dejas de disfrutar. Momentos sublimes que vuelven eterna en la memoria a Madrid, en parte por la ciudad, y el resto gracias a mi padre. Como aquella tarde en la mágica Plaza Mayor –que data del siglo XVI–, comiendo cocido y paella, y celebrando la vida con par de cañitas (cervezas).

“Como ya nos conocemos la vía, el viaje es más corto”, dice Pepino cuando vuela de regreso.

En el ocaso

Un momento para recordar siempre a Madrid es el ocaso en Templo de Debod –un regalo de Egipto en 1968 por la ayuda internacional recibida para salvar los edificios de culto en Nubia– al lado de la Plaza España y justo a la vera del paseo Pintor Rosales.